El tapón del Rastro.

A principios del siglo XX, además del gran “Proyecto de reforma de la prolongación de la calle Preciados y enlace de la Plaza del Callao con la calle de Alcalá”, lo que sería años después la Gran Vía, y algunos otros de menor importancia, uno de los más necesarios y demandados por los madrileños, era el que afectaba al Rastro. Una reforma urbanística iniciada en 1905, que pondría punto final a una zona congestionada, incómoda e insalubre conocida como el tapón del Rastro.

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¿Donde estaba y que era el tapón del Rastro?

El popularmente conocido como el tapón del Rastro era tan solo una manzana de casas, que obstaculizaba el acceso al popular mercado madrileño, viniendo desde la calle de Toledo y la calle de los Estudios. Las calles que rodeaban esta manzana de planta triangular, eran las del Cuervo, la travesía del Rastro y San Dámaso. Fue derribado en 1905 dando lugar a la actual plaza de Cascorro y facilitando así el acceso al popular mercado callejero. Pío Baroja lo recordó así en sus memorias:

“En lo que se llamó Cabecera del Rastro, y ahora está la estatua del héroe de Cascorro, había una manzana de casas viejas y decrépitas, que interceptaban el paso de la Ribera de Curtidores y que llamaban el tapón del Rastro”

La desaparición del tapón del Rastro era una reforma urbanística en extremo sencilla, que ya había sido demandada por el Urbanista y Cronista de la Villa Ramón de Mesonero Romanos en su obra “El Antiguo Madrid” y por el historiador y periodista Ángel Fernández de los Ríos que insistan en la necesidad de esta reforma con el objetivo de ampliar la plaza del Rastro, facilitando así el acceso de los madrileños a la Ribera de Curtidores.

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Pero de todos es sabido que en Madrid, “las cosas de palacio van despacio”, de modo que hasta 1913, ocho años mas tarde, el molesto tapón no desapareció por completo, pese a los denodados esfuerzos de Alberto Aguilera, sin duda uno de los mejores alcaldes que ha tenido esta nuestra ciudad a lo largo de su historia, que sería quien finalmente lograra llevar a buen puerto unas obras que no deberían haberse prolongado tanto. Todos los madrileños que vieron la gran diferencia existente entre el antes y el después de esta sencilla actuación urbanística, se hacían cruces ante el hecho de que una reforma tan sencilla, hubiese costado más de medio siglo de esfuerzos hasta verla finalizada.

Ya desde unos años antes del inicio de las obras de demolición del tapón, donde estuvo la cruz del Rastro se podía ver el monumento dedicado a Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro, cuya construcción fue aprobada en sesión municipal de 20 de Octubre de 1897, en la que el Ayuntamiento madrileño decidió rendir un merecido homenaje a este soldado recogido y criado en la Inclusa de Madrid.

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El monumento fue inaugurado el 7 de Junio de 1902 por D. Alfonso XIII, y desde entonces, los madrileños, pasaron a llamar plaza de Cascorro a este espacio urbano, que hasta entonces había sido la plaza del Rastro, una de las mas representativas y castizas grandes plazas madrileñas, como la Puerta del Sol, Lavapiés o la Cebada, entre otras. Fue algo así como el detonante para el inicio de la reforma de la plaza, que tendría lugar tres años mas tarde.

Lo que desapareció con el derribo del tapón

Siete fueron las casas que se expropiaron y demolieron para ampliar la zona, pagando el Ayuntamiento, entre 27 y 66 pesetas por cada pie de superficie. Sirvan como ejemplo las casas situadas en los números 2 y 4 de la calle de San Dámaso, con unas superficies de 116,50 y 100,80 metros cuadrados, por las que se pagaron 99.044,13 y 55.911,24 pesetas respectivamente. En total se expropiaron 1.164,91 metros cuadrados lo que supuso coste de 611.923,54 pesetas.

En uno de los edificios desaparecidos estaba el conocido cafetín del Manco, ubicado en la cabecera del Rastro, frente a la estatua de Cascorro, punto de encuentro de maleantes y haraganes y cuna del Sainete, como quedará inmortalizado en el sainete lírico “El chico del cafetín”, con libreto de Ángel Torres del Álamo y Antonio Asenjo y música de Rafael Calleja, que se estrenó en el desaparecido Teatro Apolo el 15 de abril de 1911.

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También se menciona este establecimiento en la trilogía autobiográfica de Arturo Barea “La forja de un rebelde”, escrita entre 1940 y 1945 en su exilio ingles, cuya primera edición en castellano tendría que esperar hasta 1951, cuando fue publicada en Buenos Aires por Losada.

“En la entrada de la calle de Mesón de Paredes vive la señora Segunda. Casi todas las mañanas, cuando yo bajo al colegio, está desayunando en el cafetín del Manco. Cuando entro a darle los buenos días, todos los parroquianos me miran con extrañeza de que le salude y la bese. Porque la señora Segunda es una pobre de pedir limosna y además le falta la nariz por un cáncer que se la ha comido y se le ven los huesos de dentro de la cabeza. En el cafetín no entran los chicos vestidos como yo, porque es el café de los mendigos. Se abre a la caída de la tarde y se cierra hacia las diez de la mañana. Tienen allí mismo también una fábrica de churros donde compra todo el barrio y las churreras que luego los revenden por las esquinas” (Arturo Barea – La forja de un rebelde)

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Desaparecieron las calles de San Dámaso y la del Cuervo, que comenzaban a la altura de la calle de Juanelo. La primera de ellas, se llamaba así por una capilla dedicada a aquel Pontífice, nacido en Hispania a comienzos del siglo IV. Una capilla donde tuvo su convento la Congregación de los Ministros de los Enfermos o Padres Agonizantes de San Camilo de Lelis, hasta su traslado a la calle de Fuencarral, en 1643. Respecto a la calle del Cuervo, parece ser que su nombre provenía de un criadero de palomas, que su propietario Juan González de Almunia, regidor de la Villa de Madrid, entregaba como limosna para el sustento de los enfermos de los hospitales madrileños. Según se contaba, un cuervo causaba estragos entre las palomas y sus crías, por lo que el regidor anunció un premio para el que acabase con aquel “pájaro dañino, que solía burlar a sus perseguidores”. Unos mancebos del barrio, ante la posibilidad de ganarse unos reales, pidieron permiso para subir a la torre del palomar, donde esperaron la llegada del ave. Cuando el cuervo apareció taparon las ventanas para impedir que huyera y le acosaron con palos, consiguiendo quebrar sus alas, aunque no sin que el cuervo se defendiera, sacándole los ojos a uno de los muchachos. Ante los alaridos de dolor acudieron los mozos del corral, que finalmente consiguieron dar muerte al cuervo, tras lo cual fue clavado en la puerta del criadero.

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Por último, la plaza de los Estudios, que se llamó algún tiempo del Duque de Alba, fue otra de las víctimas de la reforma. Muy cerca, en el número 15 de la calle del mismo nombre, se encontraba el palacio del ilustre aristócrata, adquirido a finales del siglo XVII, junto a otro  edificio contiguo.

De la plaza del Rastro a la plaza de Nicolás Salmerón.

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En sesión del pleno municipal celebrada el 16 de Agosto de 1913, se acordó que la nueva plaza del Rastro, nacida tras el derribo de la conflictiva manzana, recibiese el nombre de Nicolás Salmerón, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República Española durante mes y medio en 1873, cargo al que renunció alegando su negativa a firmar, por problemas de conciencia, las condenas a muerte de unos militares, que habían sido juzgados por colaborar con los sublevados de la Revolución Cantonal, iniciada en Cartagena el 12 de julio de ese mismo año. Sin embargo, ese apego de los madrileños por conservar las tradiciones, haría que la zona se siguiera conociendo durante algunos años como el tapón del Rastro, hasta que finalmente, en 1941, pasará a llamarse oficialmente plaza de Cascorro, nombre con el que ya era conocida por todos los madrileños.

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Las fiestas de inauguración de la plaza de Nicolás Salmerón tuvieron lugar el 22 de junio de 1914 y fueron organizadas por el Centro de Hijos de Madrid, los concejales y ex concejales del distrito y el teniente alcalde, Sr. Millán. Guirnaldas, flores, gallardetes y mantones de Manila en los balcones engalanaban la plaza. En los gallardetes dos medallones lucían las siguientes inscripciones:

“El Centro de Hijos de Madrid a estos clásicos barrios”

“El mismo Centro a D. Alberto Aguilera, iniciador de esta reforma”

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Hubo música desde hora muy temprana, a cargo de la banda de Cornetas de la Cruz Roja y la del Colegio de Nuestra Señora de la Paloma, reparto de 1.100 bonos de comestibles para los mas necesitados y lanzamiento de globos. Ya por la noche, la Banda Municipal y la Banda del Hospicio, ofrecieron para finalizar los actos programados con motivo de la inauguración, sendos conciertos con un repertorio popular de zarzuelas y pasodobles.

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Desaparecía así el tapón del Rastro, que durante tantos años había sido un obstáculo para todos aquellos, que pretendían acceder a la Ribera de Curtidores desde la calle de Toledo.

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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