Intrigas palaciegas. El asesinato de Juan de Escobedo.

La noche del 31 de marzo de 1578, lunes de Pascua, fue asesinado en las proximidades del Real Alcázar de Madrid, Juan de Escobedo, secretario del hermanastro del rey y Gobernador de los Países Bajos, Don Juan de Austria. Este trágico suceso desencadenó la mayor crisis interna del reinado del rey Prudente: doce años de proceso, la prisión Antonio Pérez y la Princesa de Éboli, la invasión militar de Aragón y el posterior exilio del secretario real.

“En esta estrecha calle fue asesinado Juan de Escobedo, secretario de D. Juan de Austria, cuya muerte fue atribuida al secretario Antonio Pérez, de quien se dice que a la misma hora de la ocurrencia y a poco de haberse oido los lastimeros ayes del herido, se le vio entrar en la casa de la princesa de Eboli. La sangre que brotó de sus heridas salpicó el muro del camarín de Nuestra Señora de la Almudena, cuyas manchas permanecieron allí por mucho tiempo. La mencionada princesa habló fuertemente al cardenal D. Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, porque no mandaba que la fábrica de la parroquia de Santa María costease el revoque del camarín y se limpiase la sangre que había salpicado la pared, cuya mancha era espantosa, porque luchando con la muerte Escobedo se asió a los hierros de la reja de la bóveda que está debajo del camarín referido. Pero el cardenal, que sospechaba de la princesa, la contestó aun con más energía que la señora le habló a él. “Cien años permanecerá ahí esa sangre inocente, que como la de Abel pide venganza al cielo.” Y como la princesa insistiese con el prelado en que se debía borrar, algo alterado repuso el cardenal: “Princesa, ¿esa sangre pide algo contra vos?” Y al escuchar sus palabras se retiró la noble dama de la presencia del arzobispo. Por último, el camarín se revocó, la sangre quedó borrada, Antonio Pérez, secretario de Felipe II, fue reducido a prisión, y la princesa encerrada en la torre de Pinto. Como a la calle que sube desde esta iglesia se le denomina calle Mayor o de la Almudena, a esta, donde da el camarín de la Virgen, se la llama calle Chica de la misma, porque es muy corta.” (Antonio Campmany y Montpalau – Las calles de Madrid)

 Veamos como ocurrieron los hechos y cuales fueron sus posteriores consecuencias.

Madrid, en el siglo XVI, era una ciudad peligrosa, en la que eran bastante habituales, en sus oscuras y estrechas calles, los robos, asesinatos y ajustes de cuentas. Pero este asesinato no había sido como los demás, ya que los sicarios no se llevaron las joyas de la víctima y además, se trataba de Juan de Escobedo, secretario y hombre de la máxima confianza de don Juan de Austria.

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Como era de esperar, los rumores se extendieron rápidamente por los Mentideros de la Villa, las fondas, mesones e incluso por las embajadas, desde donde se informaba a sus respectivos países. Algunos decían que el atentado era “por cosas de damas”, aunque la gran mayoría, creía que había razones infinitamente más poderosas.

En una carta de Esteban de Ibarra, secretario de un importante personaje de la corte, al secretario real Mateo Vázquez, se apuntaba directamente a Antonio Pérez:

“En este negocio hay muchas causas y cosas. Si se considera el lugar que Escobedo tenía con el rey, y los negocios que por su mano se trataban, y las personas con quien los trataba y que le han muerto a los ojos de su amo, necesariamente confesará también que es obra de más que hombre ordinario, y ejecutada por manos y ánimos que deben tener tan osada determinación”.

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Esa aciaga noche del 31 de marzo de 1578, Juan de Escobedo regresaba a caballo a su casa de Madrid, cercana al Real Alcázar, tras una cita galante con Brianda de Guzmán, una dama de la alta sociedad casada con Sancho de Padilla, cuando al pasar por la callejuela situada junto a la Iglesia de Santa María de la Almudena, seis sicarios armados le salieron al paso. Uno de ellos, Insausti, aprovechando la sorpresa, atravesó a Escobedo de una sola y mortal estocada que hizo que el secretario se desplomara.

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Los criados de Escobedo y alguno ciudadanos testigos del ataque, reaccionaron intentando retener a los asaltantes, pese a lo cual, Juan Rubio, otro de los asesinos logra escabullirse  dejando Madrid esa misma noche camino de Alcalá de Henares, con la noticia de la muerte de Escobedo. Insausti, Miguel del Bosque, Diego Martínez, Juan de Mesa y Antonio Enríquez, tuvieron más dificultades para escapar, aunque finalmente lo consiguieron, dejando tras de si en la huida, sus capas y un pistolete. Ante la gravedad de las heridas, Juan de Escobedo fue trasladado a una casa próxima, sin que los médicos lograran salvar su vida. La destreza del asesino había sido tal, que el herido expiró sinpoder siquiera confesarse.

Quien deseara la muerte de Escobedo, había logrado su propósito tras tres intentos fallidos ocurridos pocas semanas antes, durante el mes de febrero de ese mismo año. 

¿Como llegó Juan de Escobedo a ser secretario de D. Juan de Austria? ¿Por qué se ordenó la muerte de Juan de Escobedo?

D. Juan de Austria, con su victoria en Lepanto, había demostrado ser un excelente gran estratega, cuya fama y reputación le precedía por donde quiera que fuera. Sin embargo, Felipe II sabía que esta fama y este prestigio acabarían por no ser suficiente, por lo que, decidió seguir el consejo de Antonio Pérez, que recomendó al monarca asignar al servicio de D. Juan de Austria a Juan de Escobedo, en calidad de secretario personal.

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La razón era bastante sencilla: el intrigante Antonio Pérez, había logrado despertar en el monarca la desconfianza hacia D. Juan de Austria, de modo que Felipe II quería estar al tanto de todos y cada uno de los movimientos de su hermanastro, en previsión de una posible traición por parte de éste, que según Antonio Pérez, consistiría en la creación de un nuevo estado al margen de la corona española en Túnez o Inglaterra. Ante esta situación, por otro lado nunca demostrada, ya que D. juan siempre fue fiel a su hermanastro, Felipe II decidió enviar a D. Juan a Flandes, consciente de que únicamente las grandes cualidades para la estrategia de su hermanastro podrían solucionar los conflictos existentes en aquella zona.

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Como era de esperar, D. Juan de Austria solucionó de forma brillante los problemas, tras lo cual escribió al monarca solicitando que se le permitiera regresar a España. Durante las investigaciones llevadas a cabo tras el asesinato de Juan de Escobedo, se habló de la existencia de varias cartas que demostraban que Escobedo y D. Juan habían urdido un plan para la invasión de Inglaterra a espaldas de Felipe II con el único fin de formar un estado propio. Se aseguró, que D. Juan mantenía tratos sospechosos en Francia con el duque de Guisa y sus partidarios. Todo ello maquinaciones e intrigas urdidas por Antonio Pérez, en un intento desesperado por salvar su propio pellejo. Como era de esperar esa documentación nunca apareció, ni siquiera durante el juicio contra el secretario.

  Fuera como fuese, el caso es que parece muy probable que Juan de Escobedo supiera demasiado acerca de los tejemanejes e intrigas de Antonio Pérez. Algunas hipótesis, aseguran que Escobedo encontró al secretario yaciendo con Ana Mendoza y de la Cerda, la princesa de Éboli, amenazándole con delatarle al Rey, mientras que otras hipótesis afirman que Escobedo descubrió que la princesa y el secretario real, vendían secretos de Estado a los enemigos de España. Lo único cierto es que, cualquiera que fuera la verdad, la situación preocupó, y mucho, a Antonio Pérez, hasta el punto de haber intentado en tres ocasiones envenenar a Escobedo sin éxito.

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El primer intento de asesinato, tuvo lugar el 8 de marzo de 1578, en la Casilla que Pérez poseía en Madrid, pero las dosis del veneno conocido como “agua mortífera” no hicieron mella alguna en Escobedo. Poco después, en una cena en esta ocasión en su casa del Cordón, Pérez mandó servir a Escobedo una fuente de nata a la que se le había añadido una mezcla de arsénico y solimán, y de nuevo se le volvió a servir el “agua mortífera” mezclada con la bebida, pese  a lo cual aunque en esta ocasión Escobedo tuvo que guardar cama poco después estaba completamente recuperado. El tercer y último intento de envenenamiento, sería  en casa del propio Escobedo. No sabemos cómo Antonio Pérez se las ingenió para introducir en la comida de su enemigo una nueva dosis de solimán. Realmente Escobedo parece ser que era demasiado ingenuo. Una servidora morisca de Escobedo acabaría por confesar, aunque su declaración se realizó bajo tormento. Probada la culpa, la joven fue colgada como escarmiento público. Sin duda estos sucesivos intentos fallidos de envenenar a Escobedo fueron la razón  por la que, finalmente, se decidió emplear a seis sicarios para acabar con la vida del secretario de D. Juan de Austria.

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 Más de cuatro siglos después de ocurridos los sangrientos hechos que os he contado, no se ha logrado saber a ciencia cierta quien ordenó asesinar a Juan de Escobedo. Los principales sospechosos son dos, el propio Antonio Pérez y Felipe II. Lo que si parece demostrado es que el todopoderoso e intrigante secretario fue usado como chivo expiatorio de lo sucedido, sin duda uno de los hechos más misteriosos y apasionantes del reinado de Felipe II.

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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