La importancia de llamarse Ernesto.

Pocos escritores de habla inglesa, han sentido tanta pasión y aprecio por Madrid y lo madrileño como el protagonista de la entrada de hoy. Don Ernesto (así era como le llamaban los que tuvieron la suerte y el privilegio de conocerlo, aunque el solía presentarse simplemente como Ernesto, así, sin más) era un verdadero enamorado de nuestra ciudad, de la que llegó a escribir en 1932:

“Cuando se conoce, Madrid es la ciudad más española de todas, la más agradable para vivir, la de la gente más simpática y, un mes con otro, la de mejor clima del mundo. Cuando uno ha podido tener El Prado y al mismo tiempo El Escorial situado a dos horas al norte y Toledo al sur y un hermoso camino a Ávila y otro bello camino a Segovia, que no está lejos de La Granja, se siente dominado por la desesperación al pensar que un día habrá de morir y decirle adiós a todo aquello”

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Muchos de vosotros ya habréis adivinado, que se trata de ese genio de las letras llamado Ernest Hemingway. Tan solo reflejar su carácter y su forma de ser, nos llevaría horas y horas, por eso, hoy me voy a limitar a contaros como fue su relación con Madrid, una ciudad generosa y acogedora, capaz de dar a los visitantes, y a los que en ella viven, lo mejor (y lo peor) de si misma. Una ciudad, capaz de elevarnos a su maravilloso y velazqueño cielo, pero también de hacernos descender a los infiernos a nada que nos descuidemos.

Una breve aproximación a Ernest Hemingway

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Estadounidense de pura cepa, nuestro protagonista siempre vivió al limite. Escritor, Premio Nobel de Literatura en 1954, periodista, corresponsal de guerra, amante de la buena mesa y de las bellas mujeres, aficionado a la caza, noctámbulo, fumador empedernido, buen bebedor, gran aficionado a los toros, tímido, reservado, fanfarrón, vivía obsesionado con la soledad y la muerte… Su vida acabó un aciago 2 de julio de 1961, de dos disparos efectuados de forma deliberada con su escopeta preferida, poco después de que se le diagnosticara que padecía hemocromatosis, una enfermedad genética que acaba causando un severo deterioro físico y mental, hasta el punto de que hacia el final de su vida, eran frecuentes los episodios de delirium tremens, llegando a creer, que el FBI y la policía le tenían continuamente vigilado.

Ernesto y Madrid. De los felices años 20 a la posguerra.

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La primera vez que Hemingway visitó Madrid fue en los felices años veinte, cuando nada hacia presagiar la tragedia que se viviría en España a finales de la siguiente década, durante la Guerra Civil. Durante la contienda, regresó a Madrid como corresponsal de la North American Newspaper Alliance (N.A.N.A.), y en los años cincuenta, a pesar de haber asegurado que no volvería a España mientras quedara un solo republicano en las cárceles, volvió, sin duda llevado por su gran afición a todo aquello relacionado con la fiesta de los toros. 

   En Madrid se sentía como en casa y desde la capital, escribió sus crónicas de la Guerra Civil, mientras desarrolló su trabajo como corresponsal de guerra, escribiendo una crónica tras otra desde los hoteles Gran Vía y Florida. Hizo grandes amigos, con algunos de los cuales se correría sus famosas juergas nocturnas y afirmaba de los madrileños, que le parecían:

“Simpáticos, bromistas y discutidores”

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Y sería también en Madrid, donde conocería a la que acabaría por convertirse en  su tercera esposa, Martha Gellhorn, una americana con la que se alojó en el hotel Florida, en Callao, de quien, a pesar de su gran intuición y su gran inteligencia, nunca sospechó que en realidad, era una espía que trabajaba para el Departamento de Estado, que se hacía pasar por reportera. Entre las amistades que hizo durante sus estancias a la capital, es obligado mencionar a toreros como Marcial Lalanda, Nicanor Villalba, Juan Belmonte, Antonio Ordóñez o Luis Miguel Dominguín. Se cuenta que, en 1956, un día que Hemingway paseaba por la calle Preciados, alguien le gritó:

“¡Eh tú, por qué no escribes ahora Por quién doblan las campanas!”

“¡Cabrón!”

Fue la breve respuesta, muy propia del escritor.

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Fue este mismo año, el 7 de octubre, cuando se produjo el encuentro entre dos grandes genios de la literatura: Pío Baroja y Ernest Hemingway. Parte de la conversación entre el norteamericano y el vasco, ya enfermo y en cama, fue tal y como os cuento a continuación:

“¿Qué coño hace ese tío aquí?” 

“He venido a decirle que el Premio Nobel se lo merecía más usted que yo, incluso se lo merecían más Unamuno, Azorín o Don Antonio Machado”

“Bueno, basta, basta, que como siga Ud. repartiendo el premio así, vamos a tocar a muy poco”

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Hemingway le regaló una bufanda, unos calcetines, una botella de whisky y un ejemplar de su novela “Adiós a las armas” con la siguiente dedicatoria:

“A usted, don Pío, que tanto nos enseñó a los jóvenes que queríamos ser escritores”

Para Baroja, que fallecería poco después de este encuentro, el 31 octubre, Hemingway era ese famoso escritor norteamericano siempre rodeado de putas y dólares, poco serio y de trato áspero. Durante su entierro, el norteamericano sería uno de los portadores del féretro.

Hemingway, Dos Passos y el asesinato que acabó con su amistad

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Cuando los dos escritores norteamericanos coincidieron en el Hotel Florida de Madrid en 1937, ya hacía  tiempo que ambos mantenían una estrecha y gran amistad. Pero en Madrid y en aquel trágico verano del 37, ocurriría algo que los llevó a romper su amistad de tantos años. Los dos escritores estaban en la ciudad escribiendo sobre la resistencia de la II República ante los continuos ataques del ejercito del general Franco, pero John Dos Passos, tenia otra razón mucho mas personal que el simple trabajo, para estar en Madrid en aquellos momentos: Había venido a investigar la muerte de José Robles. Quería saber lo que le había ocurrido a su amigo y traductor. Este seria el asesinato que envenenaría de modo irreparable la amistad existente hasta aquel momento, entre dos de los principales novelistas estadounidenses del siglo XX.

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Durante su estancia en el Florida, Dos Passos, en su artículo para la revista Esquire titulado “Habitación y baño en el Hotel Florida“, publicado en enero de 1938, describió como era aquel Madrid asediado, en aquellos difíciles y trágicos momentos de la historia de España:

“Mi cuarto está en el séptimo u octavo piso. El hotel está en una colina. Desde la ventana puedo ver toda la parte antigua de Madrid por encima de los tejados que se apiñan cubiertos de tejas del color del hollín manchadas de amarillo claro y rojo, bajo el azul metálico que brilla antes del amanecer. Esta ciudad compacta se extiende a lo lejos hasta donde alcanza la vista, con sus calles estrechas, chimeneas sin humo, torres con cúpulas brillantes y afilados chapiteles de pizarra propios de la Castilla del siglo XVII”

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Pero, ¿Quien era José Robles? El comunista José Robles, era hijo de una familia aristocrática y de profundas convicciones monárquicas, y su amistad con Dos Passos nació en 1916 tras conocerse en un tren nocturno que realizaba el trayecto entre Toledo y Madrid  Traductor al español de «Manhattan Transfer», la gran novela de Dos Passos, Robles se puso al servicio de la II República, pero fue asesinado en 1937 en Valencia tras ser detenido por la policía secreta soviética. 

En 1936, Robles fue evacuado a Valencia y allí fue detenido. Pero entre su detención y las noticias de su muerte, pasaron meses, durante los cuales Dos Passos no dejo de presionar a sus contactos en Madrid, entre los que se encontraba Hemingway, con el único objetivo de llegar a saber qué había ocurrido realmente con su amigo. Dos Passos quería, necesitaba saber, para, en caso de que se hubiera cometido una terrible injusticia, exponerlo a la luz pública. Lo que pasó tras la detención de Robles, nunca fue completamente aclarado, aunque si se sabe que fue fusilado en algún momento del 37. 

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Hemingway pensaba que su buen amigo estaba actuando de modo irresponsable y le advirtió de ello, llegando a insinuar que tal vez Robles podría haber cambiado de bando.

“No digas ni una palabra de ese tal Robles. ¿No sabes que cada día desaparece alguien?”

El asunto es que, tal vez  Hemingway, gracias a sus numerosos y buenos contactos, sabia realmente mucho más de lo que le decía a Dos Passos, y así, mientras Hemingway dio crédito al bulo de que Robles, en realidad siempre había sido un espía al servicio del fascismo, Dos Passos jamás se permitiría dudar de su amigo e hizo todo lo posible por averiguar la causa de su muerte. El asesinato de José Robles fue lo que provocó que se rompiera su amistad con Hemingway.

Una vez realizada esta breve aproximación a Ernest Hemingway y su apasionada relación con Madrid, os propongo un repaso a aquellos lugares frecuentados por el Premio Nobel, alguno de los cuales, aparecen en sus novelas y relatos ambientados en la capital de España.

1.- El edificio en ruinas frente al parque del Oeste – Pintor Rosales, 14.

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En el paseo del Pintor Rosales, muy cerca del maltrecho edificio del Cuartel de la Montaña, a duras penas se mantenía en pie un edificio prácticamente en ruinas, con la escalera destrozada, el ascensor retorcido en su hueco y sus puertas perfectamente conservadas, que se abrían a un solar vacío. este edificio fue para Hemingway el símbolo de un Madrid asediado y destrozado por los incesantes bombardeos. A este edificio le dedicaría Hemingway un relato titulado “Paisaje con figuras” y cuando colaboró en el rodaje de la película de propaganda antifascista “Tierra de España”, propuso que algunas de las escenas se rodaran en sus ruinas.

2.- Pensión Aguilar – Carrera de San Jerónimo, 32.

El escritor se alojó con su familia en la modesta Pensión Aguilar durante sus visitas a Madrid realizadas entre 1923 y 1926. Su habitación: la número 7.

3.- Hotel Biarritz – Calle de la Victoria, 2. 1931

4.- Hotel Gran Vía – Gran Vía, 25.

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El antiguo hotel Gran Vía estaba situado en la avenida más cosmopolita y animada de la capital. En su fachada podemos ver una placa en la que se recuerda que fue desde aquí, desde donde el escritor escribiría sus primeras crónicas sobre la Guerra Civil en 1936.

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Fue por esa época cuando la Gran Vía fue bautizada por los madrileños como «avenida de los obuses» o «del 15 y medio», por el calibre de las bombas que la asolaban a diario. Hemingway mencionó este establecimiento en “La quinta columna”, y en su relato titulado “La noche antes de la batalla” escribió:

“El lugar siempre me ponía furioso”

5.- Hotel Florida – Plaza de Callao, 2.

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Este hotel, tristemente desaparecido (fue demolido en los años sesenta para convertirse en unos grandes almacenes) fue el escenario central que eligió el escritor para la que sería su única obra de teatro: La quinta columna. Frecuentado por corresponsales y prostitutas, durante la Guerra Civil, porque era una de los pocos establecimientos hoteleros que tenía agua caliente en Madrid, aquí fue donde Hemingway conoció a la reportera (y espía) Martha Gellhorn,con quien poco después contraería matrimonio. Un día, una granada reventó la caldera del hotel y mientras los huéspedes huían por los pasillos para ponerse a salvo, Ernest Hemingway y Marta Gellhorn salieron desnudos… de la misma habitación. Con su fachada de mármol blanco, su bar y sus salones eran frecuentados por los jóvenes falangistas de Madrid, que acudían también a otros locales cercanos, como el restaurante Or-Kompón, situado detrás del Palacio de la Prensa, donde se compuso la letra del “Cara al sol” en 1935.

“El Florida era uno de los pocos sitios de Madrid donde se podía comer decentemente y donde corría el alcohol sin restricciones, a pesar de la hambruna que sufrió Madrid” (Fernando Cohnen – Madrid 1936/1939)

En sus habitaciones, se escribieron muchas de las crónicas que ocuparían las portadas de los periódicos. Fotógrafos como Robert Capa y Gerda Taro, escritores como Dos Passos y Hemingway, y reporteros como Henry Buckley, de “The Daily Telegraph”; Martha Gelhorn, de la revista “Colliers,s”; Herbet Matthews, de “The New York Times”; Mijaíl Koltsov, del diario “Pravda”, se alojaron en algún momento de la contienda en alguna de sus 200 habitaciones.

“La puerta de mi cuarto está abierta, se escucha el tiroteo del frente a unas cuantas manzanas del hotel. Tiros de fusil toda la noche. Tabletea la ametralladora. Es una suerte estar tumbado en la cama, en lugar de Carabanchel o la ciudad universitaria” (Ernest Hemingway, 1937)

6.- Hotel Gaylord – Alfonso XI, 3.

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Fue uno de los hoteles más importantes de Madrid durante la Guerra Civil. En “Por quién doblan las campanas su protagonista, Robert Jordan, admite que al principio no le gustaba porque le parecía muy lujoso:

“Demasiado bueno para una ciudad sitiada”

7.- Hotel Palace – Plaza de las Cortes, 7.

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El Hotel Palace, uno de los mas emblemáticos establecimientos hoteleros de la capital, con permiso del vecino Hotel Ritz, también aparece mencionado en la obra de Hemingway. En “Fiesta”, Jake y Brett, sus protagonistas, mientras observan al barman no dudan en afirmar:

“Es maravillosa la gentileza con la que te atienden en el bar de un gran hotel”

Y añade Hemingway:

“Fuera de la ventana y sus cortinas quedaba el calor veraniego de Madrid”.

8.- Restaurante Botín – Cuchilleros, 17.

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A Hemingway, que durante sus estancias capitalinas llegó a convertirse en un cliente asiduo, le encantaba el cochinillo asado. En una de sus visitas, Hemingway pidió que le enseñaran a preparar la paella. Tras varios intentos fallidos declaró:

“Será mejor que me siga dedicando a la escritura”

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Fiesta, la novela que le dio fama internacional, termina con una escena en este famoso restaurante madrileño.

9.- Cervecería Alemana – Plaza de Santa Ana, 6.

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Era uno de los lugares favoritos del escritor, adonde acudía con frecuencia para tomar unas cervezas, tal y como escribo en un articulo publicado en la revista Life titulado “Un verano peligros0”. Y a tan solo unos pasos de la plaza de Santa Ana, se encontraba el desaparecido Bar Alvarez, uno de esos clásicos bares madrileños, adonde al escritor solía acudir a beber cerveza y saborear sus gambas, tal y como escribió en “Muerte en la tarde”.

10.- Restaurante El Callejón – Calle de la Ternera, 6.

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Situado a escasos metros de la plaza del Callao, era un local frecuentado por el escritor y su cuarta esposa, Mary, durante sus visitas a Madrid realizadas en los años cincuenta. Hemingway, en uno de sus artículos, para la revista Life, escribió que en El Callejón se podía disfrutar de la mejor comida de la ciudad y de un delicioso Valdepeñas servido en jarras de barro. Un restaurante con sus paredes cubiertas de fotografías dedicadas y enmarcadas de los artistas, escritores, toreros, futbolistas, actores y actrices, cantantes y floklóricas, que en algún momento pasaron por sus distintos comedores.

11.- Bar Chicote – Gran Vía, 12.

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En el relato “La denuncia”, Hemingway utiliza este carismático bar de la Gran Vía como un símbolo del afecto que sus clientes por España, a pesar de haber vivido un episodio tan trágico como la Guerra Civil. Hemingway afirmaba que los camareros merecían todo su respeto, porque con su buen hacer conseguían crear una atmósfera muy agradable.

“Los hombres podían tomar una copa y conversar sin ser molestados”

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También una de las escenas de su obra teatral “La quinta columna” tiene lugar en este bar, por el que en su momento pasaron todos los artistas, incluidas las estrellas de Hollywood, que visitaron Madrid en las décadas de los 50 y 60, su época de mayor esplendor.

12.- Cuartel General de las Brigadas Internacionales – Velázquez, 63.

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Hemingway, que siempre manifestó su compromiso con la causa republicana, durante sus estancias en Madrid, entabló amistad con varios miembros de las Brigadas Internacionales, compuestas por voluntarios de todo el mundo que lucharon en el bando de la República durante la Guerra Civil. El protagonista de “Por quien doblan las campanas”, Robert Jordan era un brigadista internacional que se alojaba en este cuartel, situado en el barrio de Salamanca.

13.- Museo del Prado.

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De todas las decisiones que tomó el Gobierno de la II República después del 18 de julio de 1936, una de las que mas impresiono a Hemingway, fue el traslado por carretera a Valencia de las pinturas del Prado, llevado a cabo en el invierno de 1936-37, para que no sufrieran ningún desperfecto a causa de los constantes bombardeos que sufrió Madrid hasta la entrada de los nacionales el 27 de marzo de 1939.

14.- Parque del Retiro y Real  Jardín Botánico.

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De nuevo Robert Jordan, el protagonista de “Por quién doblan las campanas”. En sus sueños, aparece un parque situado en Madrid donde María y él podrían ser felices. El Jardín Botánico también aparece en esta obra en referencia al ya cercano desenlace de la guerra:

“Reflejo del olor de la muerte que se avecina”

15.- Plaza de toros de Las Ventas.

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Hemingway era un auténtico enamorado de nuestra Fiesta Nacional y un gran experto en tauromaquia, que en su opinión era un arte como cualquier otro. En “Muerte en la tarde” un gran clásico de la literatura centrada en el mundo de los toros escribió:

“Si realmente quieres aprender sobre las corridas de toros, o si alguna vez te interesa mucho, tarde o temprano tendrás que ir a Madrid”

 Su presencia en Las Ventas era constante cuando se encontraba en Madrid, asistiendo a todas y cada una de las corridas de sus amigos, Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez.

Tan solo un año antes de su muerte, Ernest Hemingway estuvo por última vez en Madrid, alojándose en el Hotel Suecia, rodeado de libros y whisky y alternando las escapadas por los alrededores de la capital, en especial a El Escorial, donde solía alojarse en el Hotel Botánico, con su gran afición por la vida nocturna de la capital, con especial predilección por Chicote.

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Don Ernesto fue un gran enamorado de España, sin duda el país que mas amaba después del suyo, logrando con sus obras ambientadas en nuestro país, que medio mundo se enamorara de España y lo español, y en especial de dos de sus ciudades: Madrid y Pamplona.

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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