Las temporales de Palacio. De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales.

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En las salas de exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid, se puede admirar desde el 7 de junio  de 2016 la exposición “De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales”, comisariada por Gonzalo Redín Michausl y organizada por Patrimonio Nacional a modo de aperitivo ante la próxima inauguración, una vez más retrasada, esta vez hasta finales de 2018, del nuevo Museo de las Colecciones Reales, cuya futura sede hace ya tiempo que se encuentra finalizada.

Parece ser que en esta ocasión, la justificación para este nuevo retraso es la situación política en que se encuentra España, actualmente con un gobierno en “disfunciones” incapaz de tomar decisiones. Veremos que ocurre tras las nuevas elecciones del 26-J. Mucho me temo que la fecha no se adelantará, pero espero que al menos no se retrase de nuevo. De momento, aunque no sea más que un mínimo consuelo, disfrutemos de esta muestra que permanecerá abierta hasta el 16 de octubre.

S.S.M.M. los reyes D. Juan Carlos y Dª. Sofía en la inauguración.

Pero centrémonos en lo que nos interesa, que es esta magnífica exposición inaugurada por S.S.M.M. los Reyes eméritos D. Juan Carlos y Dª. Sofía, en la que se pueden ver pinturas y esculturas italianas del siglo XVII, todas ellas propiedad de Patrimonio Nacional, que han sido seleccionadas por su gran valor artístico e histórico, tras recuperar muchas de ellas todo su esplendor, gracias a una excelente labor de restauración.

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Prácticamente la mitad de las 72 obras presentes se pueden ver por vez primera, incluyendo obras de artistas tan importantes como Guido Reni, Francesco Albani o Charles Le Brun, Michelangelo Merisi “Il Caravaggio”, Gian Lorenzo Bernini, José de Ribera, Giovanni Francesco Barbieri “Il Guercino”, Lucca Giordano, Andrea Vaccaro, Federico Barocci, Ercole Procaccini, Ludovico Carracci, Carlo Maratti o José Ribera “El Españoleto. Mención especial merece la posibilidad de admirar “la Túnica de José” de Diego Velázquez, una obra realizada tras el primer viaje del pintor a Italia.

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Hoy os propongo un recorrido a través de las obras que más han llamado mi atención durante la visita. Se podría decir que, “no están todas las que son, pero si son todas las que están”. Y ahora, comencemos nuestro recorrido a través del Seicento italiano, y esta vez no nos olvidemos de la cámara de fotos, porque en esta ocasión se nos permite tomar fotografías, siempre y cuando no hagamos uso del flash.

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La exposición se presenta dividida en cinco secciones: De Bolonia a Roma con obras de Guercino, Lanfranco y Velázquez, entre otros. Lujo Real en la que se exponen piezas procedentes de los conventos de fundación real de la Corona española, con obras firmadas por Cantarini, Albani, Reni, Giambologna, Cartari o Petel. Salomé con la cabeza del Bautista, eje central de la muestra,  exhibida junto al lienzo Judith con la cabeza de Holofernes de Fede Galizia, la única mujer presente en la muestra. De Roma a Nápoles, de Nápoles a España, donde se muestran obras realizadas durante el dominio español. Y por último, El esplendor del barroco. Grandes palas de altar en la Colección Real, sección en la que podemos ver una selección de pinturas de gran formato con obras religiosas de Barocci, Reni o Romanelli.

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Lot y sus hijas – Giovanni Francesco Barbieri, “Guercino”, 1617 – Óleo sobre lienzo.

El cuadro fue pintado en 1617 por Guercino y sus ayudantes para el arzobispo-cardenal Alessandro Ludovisi en Bolonia, permaneciendo en manos de la familia Ludovisi hasta que en 1664, Nicolo Ludovisi dejó en herencia seis cuadros a Felipe IV, que fueron elegidos por el embajador Pedro Antonio de Aragón. Apareciendo años después el cuadro de Lot, junto a la Conversión de Saulo de Guido Reni, en la lista de cuadros propiedad de Carlos II que colgaban de las paredes de la cuadra de mediodía de El Escorial, realizada en 1681.

“Hizo dos cuadros, un Lot y una Susana, y un Hijo pródigo, figuras de tamaño natural. Ya acabados no quiso decir su precio por modestia; se determinó entonces llamar a Lodovico Carracci para que dijese cuánto podían valer y él los estimó en setenta escudos cada uno, lo cual pareció mucho a dichos Señores, que solo le dieron setenta y cinco por los tres, a razón de veinticinco cada uno, y él se conformó; tenía entonces veintiséis años, y le tomaron ellos desde entonces gran admiración por su valía”.

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Guercino refleja perfectamente en su pintura la peligrosa intimidad existente entre Lot, tan borracho que tiene que sujetarse con el brazo izquierdo en su asiento y sus dos hijas. Una de ellas, de pie tras el asiento, toma un ánfora para servir más vino a su padre, mientras la otra, sentada a los pies del anciano, sujeta la copa con la mano derecha mientras con la izquierda le acaricia la pierna al tiempo que se acerca a su regazo.

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Toda la escena se realiza como si de un solo instante se tratara, mostrando simultáneamente los diferentes momentos de tan escabrosa historia: Lot escapa junto a su familia de la destrucción de Sodoma, a causa de los vicios de sus habitantes. En la huida, Lot pierde a su mujer, convertida en estatua de sal por mirar atrás, y se refugia con sus dos hijas en una cueva, donde con la intención de perpetuar la estirpe, las jóvenes embriagan a su padre manteniendo relaciones carnales con él.

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La túnica de José – Diego de Silva y Velázquez, h. 1630-1634 – Óleo sobre lienzo. Sigue leyendo

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Las temporales del Prado. El Bosco – La exposición del V centenario.

Museo del Prado - El Bosco (1)

El Museo del Prado conmemora el V centenario de la muerte de El Bosco, pintor de sueños y pesadillas, con una gran muestra de sus fascinantes y enigmáticas pinturas integrada por 58 obras procedentes de distintos museos, una exposición que permanecerá abierta hasta el 11 de septiembre de 2016.

Jheronimus van AKen El Bosco

Jheronimus van Aken, “El Bosco” por Cornelis Cort British Museum (Londres)

Un breve apunte biográfico

Jheronimus van Aken, conocido por todos como El Bosco, nació y vivió en ‘s-Hertogenbosch (Bois-le-Duc), una tranquila ciudad situada al norte del ducado de Brabante, en la actual Holanda, a la que desde joven vinculó su nombre artístico al firmar sus obras como Jheronimus Bosch.

Firma de El Bosco

Cuando El Bosco nació en 1460, ‘s-Hertogenbosch era una ciudad próspera, cuya plaza del mercado era el punto de encuentro de todas las clases sociales y el espacio de celebración de todo tipo de actos a los que El Bosco asistía no solo como ciudadano, sino también en calidad de hermano jurado de la cofradía de Nuestra Señora. Disfrutaba por tanto de una elevada posición social lo que le propició que recibiera numerosos encargos tanto de particulares como de diversas instituciones eclesiásticas y civiles. A los 12 años fue testigo del incendio de su ciudad, en el que resultaron destruidas más de 4.000 edificios. Por aquel entonces, estamos en el año 1463, estudiaba en el taller familiar dedicado a la pintura al fresco, y ya firmaba sus primeras obras como Bosch. Aunque no hay constancia fehaciente de ello, es probable que entre 1500 y 1504 El Bosco viajara a Italia, residiendo una temporada en Venecia, ciudad en la que, en colecciones privadas se conservan varias obras suyas. Por otro lado, a partir de estos años el estilo del Bosco evoluciona de forma evidente hacia un estilo renacentista, lo que avala la tesis de ese viaje.

Mercado de telas de s´Hertegenbosch

En 1481 contrajo matrimonio con Aleid van de Meervenne, hija del comerciante Goyarts van de Meervenne, un matrimonio que propicio su ascenso social. Su ingreso en 1486 en la “Illustre Lieve Vrouwe Broederschap” (Ilustre Hermandad de Nuestra Señora) de s´Hertogenbosch hizo que los encargos se sucedieran uno tras otro, haciéndose cargo de la realización, junto con su padre, de un gran retablo encargado por los Concejales de la hermandad finalizado en 1477, pintando entre 1488 y 1489 parte de un políptico esculpido, encargo igualmente de la cofradía.

Jheronimus van Aken El Bosco

Obsesionado con la salvación del alma e influenciado por el misticismo prerreformista de la época, Jheronimus van Aken “El Bosco”, consagro su vida a la imposible tarea de descifrar a través de sus obras los insondables mensajes de la Biblia. En sus obras hay mucho de onírico, visionario y esotérico, pero siempre dentro del credo cristiano, enriqueciendo con sus figuras y sus escenas, muchas veces aberrantes, la imaginería románica y gótica de los pórticos de las catedrales y los bestiarios medievales, donde se nos avisaba de lo que le puede suceder a quien peque y sea condenado al fuego eterno, a la vez que criticaba los vicios, pecados y desvaríos de la sociedad de la época, siempre haciendo uso de su desbordante y asombrosa imaginación. 

El Bosco

Su inmensa capacidad de invención ha hecho que, 500 años después, su obra siga siendo en  muchos casos imposible de descifrar. El Bosco se llevó consigo a la tumba todos sus secretos, tras su fallecimiento, acaecido con toda probabilidad en su ciudad natal en los primeros días de agosto de 1516 (el 9 de agosto se celebraron solemnes exequias por el pintor en la capilla de Nuestra Señora).

Felipe II por Sofonisba Anguissola

Felipe II por Sofonisba Anguissola. Museo del Prado (Madrid)

El Bosco y Felipe II

Mucho se ha escrito acerca de la obra de El Bosco con objeto de intentar descifrar sus misterios y enigmas, con interpretaciones teológicas de toda índole: teológicas, morales, esotéricas, sin que los estudiosos hayan logrado ponerse de acuerdo. Han pasado 500 años y la obra de El Bosco continúa siendo indescifrable incluso para los más expertos, a la vez que continúa fascinándonos.

El Escorial 2

Felipe II fue uno de los mayores admiradores del pintor, haciéndose a lo largo de su vida con cuantas obras pudo, reuniendo en España un gran número de ellas, de las que sólo han llegado hasta nuestros días las que ordenó trasladar a El Escorial, continuando la serie de adquisiciones iniciada por sus antecesores Isabel la Católica y Felipe el Hermoso. Hasta tal punto llegaba la admiración del Rey Prudente, que tal y como nos en sus escritos el padre Sigüenza, bibliotecario del Escorial a finales del siglo XVI, durante su agonía, que duró 53 días, el monarca en cuyos reinos no se ponía nunca el sol, mando llevar a sus estancias una gran cantidad de crucifijos y reliquias plenamente convencido de su poder de sanación. Hasta aquí todo parece relativamente normal dentro del catolicismo exacerbado y místico de la época y la bien conocida religiosidad de Felipe II. Lo que ya no resulta tan fácil de entender es que igualmente ordenase disponer alrededor de su lecho las obras de El Bosco que poseía.

Detalle de la Mesa de los Pecados Capitales

Entre ellas estaban la Mesa de los siete pecados capitales, en la que se puede leer la siguiente frase escrita en latín: “Cave, cave, Dominus videt” (Cuidado, cuidado, el señor observa). Finalmente, Felipe II fallecería el de 1598 en el Monasterio de San Lorenzo de el Escorial, sin que nadie hubiera llegado a tener conocimiento de la razón última de tan sorprendente deseo.

Conferencia de prensa

Una polémica felizmente zanjada

Uno de los principales focos de interés de la exposición, es sin duda poder contemplar las tres obras de El Bosco propiedad del museo del Prado, cuya autoría había sido puesta en entredicho recientemente por los holandeses del Bosch Research and Conservation Project tras seis años de estudio. Estas obras son: La Mesa de los pecados Capitales, Las Tentaciones de San Antonio Abad y La Extracción de la piedra de la locura. En la rueda de prensa celebrada para presentar la exposición, Miguel Falomir, director de Conservación del Museo del Prado y Pilar silva, comisaria de la exposición y conservadora jefa de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte, zanjaron la polémica tras afirmar rotundamente que:

“Éstas son obras de El Bosco”

“Cuando atribuye o desatribuye obras de arte, son necesarios argumentos de índole científica, documental o de conocimiento de la historia del arte, y aquí no se dan estos argumentos”

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Prudencia Grillo y el Convento de Santa Isabel la Real, o los inescrutables designios del Señor.

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Prudencia Grillo ha pasado a la historia de la Villa y Corte de Madrid estrechamente ligada al convento de Agustinas Recoletas de Nuestra Señora de la Visitación el primero de la orden en España, que años más tarde, tras su traslado desde la calle del Príncipe hasta la calle de Santa Isabel y un cambio de advocación por decisión de la reina Margarita de Austria, pasaría a ser el convento de Santa Isabel la Real, donde ingresó en 1589, a los 41 años. Hasta ese momento, Prudencia fue el perfecto arquetipo de cortesana de la época que le toco vivir, a caballo entre los siglos XVI y XVII.

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PRUDENCIA GRILLO UNA VIDA DE NOVELA.

El cronista agustino Alonso de Villerino, describió a Prudencia Grillo en su escritos sobre la fundación del convento de la Visitación, con las siguientes palabras:

“Una moza y dama que, criada a las influencias de la corte, vivía más cuydadosa de gozar sus vanidades que de aliñar la quenta que havía de dar a Dios

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 Prudencia nació en Valladolid en 1548, fruto de la unión extramarital del genovés Nicolás Grillo y la conquense María de Rojas, pasando los primeros años de su vida el monasterio agustino de Sancti Spíritus de esta ciudad castellana, en cuyo hospital se acogió a los niños abandonados hasta el siglo XVII. A los seis años se trasladó a la casa paterna situada en Génova, donde vivía hasta el fallecimiento de su progenitor, ocurrido cuando tan solo tenía 14 añoś. A partir de ese momento Prudencia vio como su situación social mejoraba de forma considerable puesto que los Grillo formaban, junto a los Doria, los Centurión y los Espínola, parte de los “albergui” o familias nobles de la República de Génova donde ocuparon cargos importante, lo que les permitió prosperar con gran rapidez, regresando a España años mas tarde tras haber finalizado una relación con el genovés Jácome Lavayo, que cautivo en las galeras de la Señoría de Génova por haber asesinado a un hombre, había conseguido huir a Berbería. La acompaña otro genovés de nombre Aurelio Espínola, instalandose en Granada, ciudad donde viven su madre y un hermano materno. Una relación breve sin duda ya que con tan solo 22 años Prudencia quedó embarazada de Pagan Doria, una vez más otro genovés.

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Parece ser que la relación con Pagan no fue del todo feliz, ya que Prudencia, para evitar que Pagan Doria regresara a Génova, pues temía a sus parientes y había llegado hasta sus oídos que la quería encerrar en un castillo porque estaba celoso, a la vez que le arrebataba a su hijo, Anibal Doria Grillo, nacido en 1570. Prudencia entonces comenzó, sin temer a las posibles consecuencias, a realizar todo tipo de hechizos que evitaran que se hicieran realidad los planes de Pagan Doria, unas practicas que acabaron con nuestra protagonista en manos del Tribunal de la Santa Inquisición de Toledo, en 1571, tras ser acusada de “sacrílega hechicera excomulgada y perjura y haber practicado ritos de hechicería “loca, desatinada y enferma, para obtener el amor de Pagan Doria y evitar su partida. Finalmente la causa fué sobreseída tras considerarse todo el asunto un simple caso de “liviandad y concupiscencia y apetitos deshonestos”.

La batalla naval de Lepanto

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Curiosidades y anécdotas de una “Gran Vía”

Hoy toca hablar de calles y de toros, las unas desaparecieron, el otro fue una sorprendente e inesperada aparición.

Aquellas calles desaparecidas.

Las obras de la Gran Vía, modificaron el trazado de algunas calles y plazas como Víctor Hugo, Marqués de Valdeiglesias, Montera, Fuencarral, Clavel, Jacometrezo, Caballero de Gracia, Tres Cruces, Desengaño, Abada, Mesonero Romanos, Chinchilla, Salud, Horno de la Mata, la Red de San Luis o la plazuela de la Paja entre otras. Pero lo que hoy nos ocupa son aquellas calles que desaparecieron para siempre para permitir la construcción de la nueva avenida. Unas obras que comenzaron el 4 de abril de 1910 y no finalizarían hasta los años 30. Hablemos tramo a tramo de algunas de ellas.

Calle de San Miguel

Calle de San Miguel. Esta fue la primera calle en desaparecer de la cartografía madrileña nada más comenzar las obras de la Gran Vía, ya que su primer tramo, llamado inicialmente avenida del Conde de Peñalver, seguía con bastante fidelidad su trazado hasta llegar a la Red de San Luis, situada en la confluencia de las acortadas calles de Hortaleza y Fuencarral. 

En sus cercanías se encontraban el palacio de la duquesa de Sevillano y el colegio de las Niñas de Leganés, ambos igualmente desaparecidos.

Calle de los Leones

Calle de los Leones. Esta calle estaba situada a la altura de la actual calle de Valverde, justo a continuación de la calle de las Tres Cruces, en lo que habían sido unos terrenos propiedad de Juan de la Victoria y Bracamonte, donde se instaló una feria a la que solían acudir los madrileños para ver a dos leones, entre otros animales. Cuenta la leyenda, que un buen día acudieron a la feria dos padres franciscanos procedentes de Guadalajara. Uno de ellos acercó el cordón del hábito para jugar con una de las fieras, con tan mala fortuna que el león lo agarro con sus zarpas hiriendo de muerte al incauto fraile, que pocos días después fallecería en el convento de Jesús y María donde fue trasladado. Ni que decir tiene que la noticia de tan desgraciado suceso corrió como la pólvora por la ciudad, lo que hizo que fueran miles los madrileños que acudieron a la feria para ver de cerca al león asesino, hasta que el Santo Oficio tomo cartas en tan triste asunto, prohibiendo que se siguiesen mostrando los leones, que finalmente fueron adquiridos por Bracamonte para su casa de fieras situada en la calle Jesús y María. Así fue como nació la que hasta su desaparición sería la calle de los Leones.

Plaza del Callao (3) Sigue leyendo

Dos historias de fantasmas

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El descabezado de San Ginés.

Hace muchos, muchos años, concretamente en 1353, reinando en Castilla Pedro I “el Cruel”, sucedieron unos hechos terroríficos en la Iglesia de San Ginés, una de las iglesias más antiguas de Madrid. Cuenta la leyenda que unos amigos de lo ajeno se adentraron en el recinto sagrado con objeto de apoderarse de cuanto de valor allí encontraran: joyas, cálices, ornamentos, etc. Cegados por su avaricia, no se percataron en un principio de la presencia de un anciano que se encontraba orando justo en ese momento, pero tras darse cuenta de que se trataba de un posible testigo capaz de identificarlos ante la justicia en caso de ser apresados, los malhechores, sin contemplación ni miramiento alguno, decapitaron al anciano con tal brutalidad que la cabeza quedo prácticamente separada del cuerpo, dejando un reguero de sangre que daba testimonio de aquel terrible suceso que conmocionó a toda la ciudad.

A partir de ese momento, y para terror de los vecinos de la zona, una sombra sin cabeza se presentaba día tras día en San Ginés reclamando justicia. Estas continuas apariciones espectrales llenaron de intranquilidad el barrio, hasta que finalmente cesaron cuando los ladrones fueron identificados, prendidos y condenados a muerte por orden del rey, siendo arrojados al cercano barranco del arroyo del Arenal. Hay quien asegura que  esta macabra historia no termino aquí, ya que en  San Ginés se han seguido oyendo ruidos extraños en el interior de la iglesia, a pesar de que ésta se cierra a cal y canto por la noche

Calle de Segovia (2)

Catalina, la panderetera de la calle de Segovia.

También en el Madrid de los Austrias, pero esta vez en la calle de Segovia, nos cuenta la leyenda que hace ya muchos años vivió Catalina González, una mujer de extraordinarias belleza y simpatía. La joven solía asomarse a la ventana de su vivienda tocando una pandereta mientras disfrutaba mirando lo que en la calle sucedía y  a todos  los que por allí pasaban. Como era de esperar, los hombre al pasar se quedaban embobados disfrutando de los encantos de Catalina, lo que inevitablemente despertaba los celos, cuando no la furia, entre las esposas y novias, que acusaban a sus parejas de “pandereteros”, palabra que acabó siendo sinónimo de infidelidad, llegándose a afirmar que en una ocasión incluso llegaron a intentar quemar la humilde morada de Catalina.

Calle de Segovia (1)

Hasta que un aciago día, no se sabe si por causa natural o provocada, la hermosa panderetera apareció muerta. Lo que para muchos fue una lamentable pérdida fue motivo de celebración para otras. Y sucedió que poco después, el espectro de Catalina volvió a asomarse a su ventana, cautivando de nuevo a cuantos hombres pasaban por el vecindario. La casa de Catalina la panderetera en la calle de Segovia nunca volvió a ser habitada.

San Ginés y la calle Segovia en el Plano de Pedro Teixeira 1656

Una vez más regresan a DE REBUS MATRITENSIS historias de ese Madrid poblado de fantasmas y apariciones, unas veces divertidas, otras trágicas, pero siempre sorprendentes.