Y los muertos aquí lo pasamos muy bien, entre flores de colores…

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La costumbre de enterrar a los fallecidos en el interior de las iglesias parece ser que se inició en el S. XIII. Cuanto más importantes o ricos eran, más cerca del altar eran enterrados. Se creía firmemente que, si eras enterrado lejos de la iglesia, también estabas lejos de Dios, de modo que con el paso de los años surgió un grave problema de falta de espacio, por lo que cada cierto tiempo se realizaba la llamada “monda de cuerpos”, una práctica que consistía en exhumar los cadáveres para trasladar los huesos al osario del templo.

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Ya en la segunda mitad del S. XVIII, los médicos ilustrados comenzaron a insistir en la necesidad, por motivos de higiene y salubridad, de crear cementerios extramuros para realizar los enterramientos, lo que, unido al crecimiento demográfico y el aumento de las defunciones acabo con la arraigada costumbre de los enterramientos en los templos y atrios. En este contexto histórico, social y cultural sería cuando la se comenzó a regular los enterramientos por parte de las autoridades y la creación de cementerios extramuros en las ciudades españolas, de igual modo que ya ocurría en otras naciones europeas. Muy pronto, los primeros cementerios construidos fuera de los límites urbanos en las grandes ciudades, se vieron rodeados de edificios, debido al ya por entonces imparable crecimiento de las ciudades a lo largo del S. XIX, de ahí que uno tras otro acabaran desapareciendo la mayor parte de ellos.

 Los primeros cementerios extramuros de Madrid

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Los primeros cementerios extramuros de Madrid se construyeron a principios del siglo XIX, situándose fuera de la cerca que rodeaba la ciudad, levantada en tiempos de Felipe IV y que sería derribada en 1868. El incendio de la iglesia de Santa Cruz en 1763, dejó al descubierto muchos de los cadáveres en ella enterrados. El mal olor y las epidemias de peste que asolaron España por aquellas fechas hicieron que en 1783 la Real Academia de La Historia remitiera un informe al Consejo del Estado sobre el tema de los enterramientos de los fallecidos elaborado a partir de tres informes llevados a cabo en los últimos 5 años. Se intentaba minimizar el riesgo de contagios en un clima tan cálido como el nuestro, proponiendo situar los cementerios junto a las ermitas ubicadas en las afueras para así poder dar cristiana sepultura en tierra sagrada a los difuntos.

Así, sería finalmente Carlos III quien, por evidentes razones de salud pública, ordenó que se dejara de enterrar en el interior de las iglesias y se empezaran a construir cementerios fuera del casco urbano, mediante una Real Cédula de 3 de abril de 1787. Pero nadie quería ser enterrado lejos de las iglesias. Hubo un nuevo intento años más tarde, ya durante el reinado de Carlos IV, pero los ciudadanos seguían oponiéndose a tal medida.

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Y pasaron los años hasta que el 7 de marzo de 1809, se publicó en el Diario de Madrid, que por aquel entonces era el equivalente al Boletín Oficial del Estado, la siguiente orden:

” DON JOSEF NAPOLEÓN POR LA GRACIA DE DIOS Y POR LA CONSTITUCION

DEL ESTADO, REÍ DE LAS ESPAÑAS Y DE LAS INDIAS”

“Considerando muí conforme a las reglas de una buena policía cortar de raíz todas las causas que pueden influir en la putrefacción del aire, y dañar a la salud pública, en cuya conservación debe esmerarse tanto la solicitud y zelo del gobierno; y observando que, principalmente en las actuales circunstancias, nada se opone más a lograr tan saludable objeto como permitir la práctica de enterrar los cadáveres en las iglesias, abuso contrario a la sana razón, a la política, al respeto debido a los templos, y a los preceptos de la disciplina eclesiástica de los mejores tiempos: hemos decretado y decretamos lo siguiente:…….”

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En la orden se contemplaba la construcción de cuatro cementerios, incluido el General del Norte que todavía ya se estaba construyendo siguiendo la Real Cédula promulgada por Carlos IV el 26 de abril de 1804, a la vez que se enumeraban y regulaban los diferentes servicios con los que debían de contar los cementerios y se intentaba acabar con los privilegios de algunos.

“A mano izquierda del camino de Extremadura, otro en la primera altura a la mano izquierda del camino viejo de Leganés, y el tercero en la primera altura del camino de Alcalá, pasada la tapia del Buen Retiro”

“No habrá persona, por privilegiada que sea, que se exima de conformarse con las disposiciones de este nuestro decreto”

De este modo, sería durante el reinado de José I Bonaparte cuando se termino la construcción de los dos primeros, situados al Norte y al Sur de la capital.

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El cementerio General del Norte estaba situado al otro lado de la Puerta de Fuencarral, en la zona que en la actualidad ocupan la Plaza del Conde Valle de Suchíl, y la Glorieta de Quevedo, a la izquierda del camino que prolongaba más allá de la cerca de Felipe IV la calle Ancha de San Bernardo. Por su parte, el cementerio General del Sur, también conocido como cementerio de la Puerta de Toledo, fue construido para dar servicio como camposanto de los feligreses de las parroquias del Sur de la capital, estando situado al otro lado del Manzanares, en Carabanchel, entre las calles de Baleares y la Verdad.

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En octubre de 1813 D. Manuel de Arizcun y Horcasitas, III marqués de Iturbieta y a la sazón alcalde por segunda vez de la Villa de Madrid, promulgó una ordenanza que prohibía el traslado público de cadáveres desde las casas mortuorias a las parroquias y su exposición en las mismas, antes de su traslado al cementerio disponiendo el traslado directo de los cuerpos. Igualmente se obligaba a los pueblos de la provincia de Madrid a situar los cementerios fuera de las poblaciones, una norma que, ante el incumplimiento de la misma, tuvo que ser publicada de nuevo en el Diario de Madrid en mayo de 1820.

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Fue solo el comienzo, ya que pocos años después varias archicofradías y sacramentales de la ciudad comenzaron la construcción de sus propios camposantos al objeto de dar cristiana sepultura a sus miembros. Dos, los de San Nicolás y San Sebastián, se construyeron en la zona de la actual calle Méndez Álvaro y tres más en el actual distrito de Chamberí, más al norte del citado cementerio General de Norte. Hacia 1860, debido al continuo crecimiento de la población y al plan de Ensanche de la ciudad, surgió la idea de construir dos grandes necrópolis municipales, llamadas del Este y del Oeste, que debían sustituir a todos estos cementerios.

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Sólo llegó a construirse el del Este, el cementerio más conocido de Madrid y uno de los mayores del mundo: Nuestra Señora de la Almudena, cuyos orígenes se remontan a 1877, cuando se aprobó su construcción en el entonces término municipal de Vicálvaro, en los conocidos como terrenos de la Elipa.

Y ahora, os propongo un fúnebre recorrido por los cementerios que se construyeron en Madrid a lo largo del S. XIX, la mayoría de ellos desaparecidos.

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Un puente y un museo de escultura. Un maridaje peculiar

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Escondido en el corazón del Paseo de la Castellana, como si aguardase agazapado para sorprender a los viandantes, se encuentra un museo que pasa casi totalmente desapercibido a quienes circulan, casi siempre apresuradamente, por esta calle madrileña. Os hablo del Museo de Arte Público, antes llamado Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana, situado bajo el puente que une las calles de Eduardo Dato y Juan Bravo, cuya denominación oficial es Paso elevado Enrique de la Mata Gorostizaga.

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El paso elevado sobre el Paseo de La Castellana

Corría el año 1968 cuando, ante el elevado tráfico que comenzaba a soportar Madrid se decidió la construcción de un paso elevado que uniera las zonas Este y Oeste de la capital. El punto escogido para la construcción permitiría, sobrevolando el Paseo de la Castellana, unir las calles de Eduardo Dato y Juan Bravo, aprovechando la pendiente de la primera calle y el importante desnivel existente con la Calle Serrano.

Se eligió el proyecto de los ingenieros Alberto Corral López Dóriga, José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón.Un puente de 320 metros de longitud y 16 metros de ancho realizado con vigas de acero Corten importado de Alemania, con placas y pilares de hormigón blanco con fuste y capitel inspirados en las columnas de estilo dórico. Para las barandillas realizadas en hierro, se eligió el diseño del alicantino Eusebio Sempere, a base de barras en “S” que se superponen a una segunda línea de barras verticales, que en los accesos desde la calle Serrano se sustituyeron por círculos. El resultado final presenta una ligereza extraordinaria gracias a los materiales y los métodos empleados para su construcción. Lamentablemente, años después las barandillas tuvieron que ser modificadas con la inclusión de unas piezas prefabricadas de hormigón en su base ya que no cumplían la normativa de seguridad.

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El paso elevado sería finalmente inaugurado en 1970, siendo alcalde de Madrid Carlos Arias Navarro. Rápidamente surgió la idea entre los ingenieros y el propio Sempere de crear un museo de escultura moderna que se situaría bajo el puente. El propósito era recuperar un espacio urbano para uso común, convirtiéndolo en zona de paso, descanso y esparcimiento, aprovechando para acercar al público el arte abstracto español, hasta ese momento poco conocido. Escultores como Alfaro, Chillida, Chirino, Julio González, Palazuelo, Torner, Sempere o Miró, se comprometieron a donar sus obras a cambio exclusivamente del pago de los materiales y de su ejecución.

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El proyecto fue valorado positivamente y finalmente fue aprobado en 1971, haciéndose cargo el Ayuntamiento de los gastos de materiales y de su instalación. El museo, fue abierto al público en 1972, aunque no hubo inauguración oficial del mismo, debido fundamentalmente a la polémica surgida en torno a la escultura de Chillida titulada “Lugar de Encuentros III”. Presiones políticas por parte del Ayuntamiento de Madrid, especialmente por parte de Arias navarro, que justificaba su negativa por motivos estructurales y de seguridad debido al peso de la escultura, pese a los informes positivos realizados por los autores del proyecto, aunque en realidad la causa última era el origen vasco del escultor y sus opiniones políticas por todos bien conocidas.

Finalmente, la escultura sería retirada en abril de 1973, y debido a esta irracional persecución y a la coincidencia en el tiempo con las representaciones de la obra teatral de Alejandro Casona “La Sirena Varada”, escrita en 1934 y que se había representado en Madrid pocos años atrás en el Teatro Bellas Artes, los periodistas rebautizaron a la que era la primera obra realizada en hormigón de Eduardo Chillida con ese teatral sobrenombre, por el que en la actualidad es más conocida.

Joan Miró, buen amigo de Eduardo Chillida, le propuso colgar la obra delante de la entrada de la Fundación Miró de Barcelona. Finalmente, el 2 de septiembre de 1978, el entonces alcalde de Madrid José Luis Álvarez del Manzano, decidió recuperar para Madrid la controvertida escultura, colgándola de nuevo en su emplazamiento original donde podemos verla en la actualidad, no sin antes encargar un estudio de las condiciones técnicas y de seguridad que, como no podía ser de otra forma, resultó favorable. La tan largamente esperada inauguración oficial del museo tuvo lugar el 9 de febrero de 1979. La polémica quedaba felizmente zanjada y el destino ponía a cada cual en el lugar que le correspondía por méritos o deméritos propios.

 Y ahora, os invito a visitar este singular y poco conocido museo madrileño.

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Las temporales de Palacio. De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales.

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En las salas de exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid, se puede admirar desde el 7 de junio  de 2016 la exposición “De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales”, comisariada por Gonzalo Redín Michausl y organizada por Patrimonio Nacional a modo de aperitivo ante la próxima inauguración, una vez más retrasada, esta vez hasta finales de 2018, del nuevo Museo de las Colecciones Reales, cuya futura sede hace ya tiempo que se encuentra finalizada.

Parece ser que en esta ocasión, la justificación para este nuevo retraso es la situación política en que se encuentra España, actualmente con un gobierno en “disfunciones” incapaz de tomar decisiones. Veremos que ocurre tras las nuevas elecciones del 26-J. Mucho me temo que la fecha no se adelantará, pero espero que al menos no se retrase de nuevo. De momento, aunque no sea más que un mínimo consuelo, disfrutemos de esta muestra que permanecerá abierta hasta el 16 de octubre.

S.S.M.M. los reyes D. Juan Carlos y Dª. Sofía en la inauguración.

Pero centrémonos en lo que nos interesa, que es esta magnífica exposición inaugurada por S.S.M.M. los Reyes eméritos D. Juan Carlos y Dª. Sofía, en la que se pueden ver pinturas y esculturas italianas del siglo XVII, todas ellas propiedad de Patrimonio Nacional, que han sido seleccionadas por su gran valor artístico e histórico, tras recuperar muchas de ellas todo su esplendor, gracias a una excelente labor de restauración.

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Prácticamente la mitad de las 72 obras presentes se pueden ver por vez primera, incluyendo obras de artistas tan importantes como Guido Reni, Francesco Albani o Charles Le Brun, Michelangelo Merisi “Il Caravaggio”, Gian Lorenzo Bernini, José de Ribera, Giovanni Francesco Barbieri “Il Guercino”, Lucca Giordano, Andrea Vaccaro, Federico Barocci, Ercole Procaccini, Ludovico Carracci, Carlo Maratti o José Ribera “El Españoleto. Mención especial merece la posibilidad de admirar “la Túnica de José” de Diego Velázquez, una obra realizada tras el primer viaje del pintor a Italia.

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Hoy os propongo un recorrido a través de las obras que más han llamado mi atención durante la visita. Se podría decir que, “no están todas las que son, pero si son todas las que están”. Y ahora, comencemos nuestro recorrido a través del Seicento italiano, y esta vez no nos olvidemos de la cámara de fotos, porque en esta ocasión se nos permite tomar fotografías, siempre y cuando no hagamos uso del flash.

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La exposición se presenta dividida en cinco secciones: De Bolonia a Roma con obras de Guercino, Lanfranco y Velázquez, entre otros. Lujo Real en la que se exponen piezas procedentes de los conventos de fundación real de la Corona española, con obras firmadas por Cantarini, Albani, Reni, Giambologna, Cartari o Petel. Salomé con la cabeza del Bautista, eje central de la muestra,  exhibida junto al lienzo Judith con la cabeza de Holofernes de Fede Galizia, la única mujer presente en la muestra. De Roma a Nápoles, de Nápoles a España, donde se muestran obras realizadas durante el dominio español. Y por último, El esplendor del barroco. Grandes palas de altar en la Colección Real, sección en la que podemos ver una selección de pinturas de gran formato con obras religiosas de Barocci, Reni o Romanelli.

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Lot y sus hijas – Giovanni Francesco Barbieri, “Guercino”, 1617 – Óleo sobre lienzo.

El cuadro fue pintado en 1617 por Guercino y sus ayudantes para el arzobispo-cardenal Alessandro Ludovisi en Bolonia, permaneciendo en manos de la familia Ludovisi hasta que en 1664, Nicolo Ludovisi dejó en herencia seis cuadros a Felipe IV, que fueron elegidos por el embajador Pedro Antonio de Aragón. Apareciendo años después el cuadro de Lot, junto a la Conversión de Saulo de Guido Reni, en la lista de cuadros propiedad de Carlos II que colgaban de las paredes de la cuadra de mediodía de El Escorial, realizada en 1681.

“Hizo dos cuadros, un Lot y una Susana, y un Hijo pródigo, figuras de tamaño natural. Ya acabados no quiso decir su precio por modestia; se determinó entonces llamar a Lodovico Carracci para que dijese cuánto podían valer y él los estimó en setenta escudos cada uno, lo cual pareció mucho a dichos Señores, que solo le dieron setenta y cinco por los tres, a razón de veinticinco cada uno, y él se conformó; tenía entonces veintiséis años, y le tomaron ellos desde entonces gran admiración por su valía”.

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Guercino refleja perfectamente en su pintura la peligrosa intimidad existente entre Lot, tan borracho que tiene que sujetarse con el brazo izquierdo en su asiento y sus dos hijas. Una de ellas, de pie tras el asiento, toma un ánfora para servir más vino a su padre, mientras la otra, sentada a los pies del anciano, sujeta la copa con la mano derecha mientras con la izquierda le acaricia la pierna al tiempo que se acerca a su regazo.

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Toda la escena se realiza como si de un solo instante se tratara, mostrando simultáneamente los diferentes momentos de tan escabrosa historia: Lot escapa junto a su familia de la destrucción de Sodoma, a causa de los vicios de sus habitantes. En la huida, Lot pierde a su mujer, convertida en estatua de sal por mirar atrás, y se refugia con sus dos hijas en una cueva, donde con la intención de perpetuar la estirpe, las jóvenes embriagan a su padre manteniendo relaciones carnales con él.

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La túnica de José – Diego de Silva y Velázquez, h. 1630-1634 – Óleo sobre lienzo. Sigue leyendo

Friedenskirche, la pequeña joya escondida del barrio de Salamanca.

Escondida al comienzo del paseo de la Castellana, a apenas 200 m de la plaza de Colón, se encuentra una de las iglesias más desconocidas de Madrid,  una pequeña joya centenaria de gran valor arquitectónico, histórico y cultural. 

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Un poco de historia

Os hablo de “Friedenskirche” o Iglesia de la Paz, un templo protestante de comienzos del siglo XX, de inspiración bizantina con elementos arquitectónicos de estilo neo gótico, edificada por encargo del Kaiser Guillermo II de Alemania para la comunidad protestante de su país residente en la capital de España.

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En 1907, fecha del inicio de su construcción, el protestantismo estaba perseguido en España, lo que sin duda trajo consigo lo escondido del templo y la ausencia de una torre o campanario que pudiera ser visto desde el exterior. Sería el clérigo alemán Fritz Fliedener, quien haría realidad los deseos del Kaiser, construyendo la “Friedenskirche”, una casa parroquial y el palacete que sería durante décadas la sede de la Embajada de Alemania en España. Un elegante edificio que en 1966, como tantos otros, sería demolido.

Las persecuciones no se hicieron esperar en el marco ultra conservador de la España de comienzos del siglo XX, pese a que también hubo periodos de una cierta permisividad y por tanto, una tensa tranquilidad. Con el estallido de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, la iglesia, entonces conocida como Iglesia de Jesús, paso a convertirse en refugio de aquellos alemanes que, pese a la orden de regresar a Alemania emitida por el Tercer Reich de regresar a Alemania, o bien no pudieron o no desearon hacerlo. Un refugio que sería igualmente utilizado por aquellos españoles cercanos al bando nacional del general Franco, hasta que, con el fracaso del alzamiento en Madrid  y con los republicanos controlando Madrid, tanto la iglesia como la embajada fueron saqueadas y utilizadas hasta el final de la sangrienta contienda barracón y almacén. El 28 de Marzo de 1939, con la entrada en Madrid de las tropas franquistas, los pocos alemanes que quedaban en Madrid desplegaron en la fachada una bandera nazi con objeto de identificarse e impedir nuevos ataques. 

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A partir de ese momento, comenzaría un período de cierta calma, en el que se reconstruyeron tanto la iglesia como la casa parroquial y la embajada, que pasó a convertirse en el centro del espionaje alemán en España durante la II Guerra Mundial, junto al vecino salón de té Embassy, abierto en 1931 por la irlandesa Margaret Kearny Taylor, donde coincidían espías y diplomáticos de ambos bandos, junto a miembros del gobierno y la alta sociedad españoles, ávidos por vender al mejor postor los secretos del enemigo, obtenidos mediante métodos no siempre legales.

Pese a la incuestionable simpatía de Francisco Franco por la Alemania nazi, el protestantismo sólo pudo ser profesado en secreto en la España nacional católica del momento, siendo su pastor Bruno Mohr sometido a una estricta vigilancia. Tras la derrota de Alemania, se temía una nueva serie de saqueos y expropiaciones que finalmente, gracias a las gestiones de la comunidad alemana en Madrid y del pastor Mohr ante el Consejo de Control Aliado se logró evitar. En la actualidad el templo está dedicado al culto de la Comunidad Evangélica Alemana de Madrid

La “Friedenskirsche”

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La casa parroquial de la “Friedenskirche” será lo primero que nos encontraremos una vez traspasada la entrada. Se trata de un sobrio edificio de dos alturas con tejado a dos aguas de dos alturas situado a la izquierda del complejo. Tras cruzar un patio con una galería porticada de dos alturas, en el que cada Navidad se instala  un mercadillo tradicional alemán en el que podremos disfrutar del tradicional vino caliente, mientras compramos adornos, dulces, libros, juguetes y otros artículos navideños, descubriremos la iglesia.

 El templo presenta un estilo neogotico con elementos neobizantinos muy caracteristico de la época de su construcción, ofreciendo al sorprendido visitante como elementos más destacados los dos rosetones con sus vidrieras de la fachada y las columnas rematadas con capiteles que flanquean el pequeño pórtico de entrada y que están igualmente presentes en el interior.

En su interior se conserva un magnífico Cristo Pantocrátor de estilo neobizantino que se encuentra situado en el ábside.

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Sin duda uno de los muchos tesoros escondidos, y casi desconocidos, que nos podemos encontrar un día sí y otro también en nuestra querida Madrid.

Asuntos de palacio. Tres palacios con acento italiano.

Hoy os invito a visitar tres palacios madrileños, tres grandes desconocidos, que en la actualidad están estrechamente vinculados al país transalpino.

!!!BENVENUTI A PALAZZO!!!

Palacio de Amboage

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Don Ramón Pla Monge, I marqués del título pontificio de Amboage y enriquecido en su aventura indiana, se instaló en Madrid en 1860, donde contrajo segundas nupcias, con doña Faustina Peñalver y Fauste. Fruto de este matrimonio, nacería Fernando Pla Peñalver, diputado a Cortes y heredero de su capital y su título, quien decidió construir el Palacio de Amboage en la segunda década del siglo XX. El arquitecto Joaquín Rojí, autor entre otras obras de la restauración del Tribunal Supremo llevada a cabo tras incendio que sufrió en 1915, inició los trabajos para los Amboage sobre un solar de 8.000 m2 en el ensanche del barrio de Salamanca. El palacete obtuvo el primer  premio concedido por el Ayuntamiento a la mejor casa construida en 1918 en la categoría de hoteles particulares.

La licencia de construcción fue solicitada en enero de 1914. El elegante edificio con cerca de 1350 m2 se sitúa en la manzana delimitada por las calles de Juan Bravo, Velázquez, Padilla y Lagasca ,se distribuía en torno a un patio central cubierto y contaba con tres pisos, más semisótano. La entrada a la finca se realizaba por la esquina de las calles de Juan Bravo y Lagasca a través de una puerta de forja coronada con las letras “M A”, correspondientes al marquesado de Amboage, y flanqueada por dos columnas jónicas junto a la que se edificó el pabellón de portería, a modo de templete.

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A la vivienda se accedía por un camino de carruajes, que atraviesa un pórtico central acristalado conectado con el vestíbulo de rotonda cubierto con una cúpula apoyada sobre columnas exentas. Tras este vestíbulo nos encontramos con un hall dividido en tres zonas mediante columnas jónicas de mármol rematadas con capiteles de bronce.

A ambos lados quedaban el salón, con su galería exterior y el arranque de la escalera de honor realizada en mármol, con la barandilla de hierro forjado y bronce, que recibía la luz a través de una vidriera fabricada por la prestigiosa firma francesa Maumejean. Frente a la escalera, se encuentra el comedor de gala, decorado a base de pilastras, espejos y una chimenea de mármol veteado. En esta misma planta se encuentra la serre o invernadero, con una fuente de mármol y la estatua de la bailaora Pastora Imperio, realizada Mariano Benlliure de 1916, para desde allí, a través de una gran cristalera, acceder a la terraza donde arranca la escalinata de bajada al jardín.

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En un reportaje dedicado a este palacio, publicado en la revista La Construcción Moderna en 1915, se destacaba especialmente:

 “su artístico y bien trazado jardín”, “la elegante traza de la escalera principal”, “la magnificencia de los salones de la planta baja” así como “la grandeza y suntuosidad de la fachada”

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Entre las numerosas obras de arte que el Palacio de Amboage alberga en la actualidad se encuentran un lienzo atribuido a Claude Joseph Vernet, “La abundancia” de Gandolfi, “San Juan Bautista en el desierto”, de Pier Francesco Mola, “Retrato del Dux Francesco Donato”, atribuido a Tintoretto, “La Última Cena”, de Giovanni Francesco Romanelli, “La Visitación de la Virgen”, atribuida a Giovanni Balducci, o  la “Virgen con el Niño y Santos”, atribuida a Ludovico Carracci. Desde 1939 es la sede de la Embajada de Italia.

Palacio de Abrantes

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En la primera mitad del siglo XVI, poco antes de que Felipe II trasladara la capital de las Españas desde Toledo a la Villa de Madrid, se produjo un pleito entre unos vecinos a causa del cual en 1549 Cristóbal de Villarreal dibujó un plano, conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, en el que se podía ver la planta de varios edificios situados entre la calle de los Palominos (actual calle del Factor) y la Iglesia de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid, viéndose en la parte superior del plano el ábside de la que fuera primera iglesia de Madrid, que antes de la reconquista había sido mezquita.

Sería sobre esas casas, donde por encargo de Juan de Valencia, Espía Mayor del Consejo Secreto de su Majestad en la corte de Felipe IV se construyo el edificio original entre 1653 y 1655, con sus dos torres rematadas con chapiteles herrerianos, tan características de la arquitectura española de la época de los Austrias. El edificio fue construido bajo la dirección de Juan Maza, quien apoyaría una de sus muros exteriores, sobre el lado norte de la alcazaba de Magerit fundada en el siglo IX por los árabes.

El edificio pasó en 1669 a manos de don Antonio de Valdés y Osorio, caballero de Alcántara, y marqués de Alcañices, para posteriormente pasar a manos de sucesivos propietarios, lo que irremediablemente acarreó un progresivo deterioro del edificio y su división con el objeto de facilitar su alquiler entre los siglos XVIII y XIX. El maltrecho palacio fue finalmente adquirido en 1842 por los duques de Abrantes, quienes encargaron al arquitecto Anibal Álvarez Bouquet  el acondicionamiento y reforma del inmueble entre 1844 y 1845, quien  lo transformo en un palacio de estilo isabelino.

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Álvarez conservo la portada original de piedra barroqueña, a la vez que eliminaba los torreones de las esquinas y añadía, entre otros elementos, la escalera principal y los balcones de la fachada. Los marqueses vivirían en el hasta 1874, año en el que se establecería en sus dependencias la dirección del periódico “La Correspondencia de España”, propiedad del senador progresista Manuel María de Santa Ana. En 1888 lo adquirió el Gobierno Italiano con el fin de convertirlo en sede de su Embajada, aprovechando para realizar diversas reformas por encargo de los primeros embajadores que se instalaron, el Conte Giuseppe Tornielli-Brusati y su sucesor, el Barón Renzis di Montano.

Unas obras llevadas a cabo por el arquitecto Luis Sanz, encaminadas a dar al edificio un aspecto más romano, añadiendo el característico alero de madera ricamente decorado y restaurando la fachada a la que añadió un zócalo y un almohadillado de granito en el sótano y la planta baja, al tiempo que decoraba la fachada de la planta superior con pinturas sobre la reunificación italiana, firmadas por la casa milanesa M. C. Grandi-Passett.

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Durante  la Guerra Civil, el Palacio de Abrantes sirvió de sede a las Brigadas Internacionales procedentes de Italia, sufriendo serios desperfectos como consecuencia de los bombardeos llevados a cabo por el ejército franquista. Con el traslado de la embajada en 1939 al Palacio de Amboage, el palacio pasaría a ser la sede del Instituto Italiano de Cultura. Situado en el nº 86 de la calle mayor, frente al palacio de los duques de Uceda, el edificio tiene tres plantas y su interior contiene diversas salas para albergar exposiciones, conferencias, recitales o proyecciones cinematográficas, además de un teatro, lo que ha convertido el Palacio de Abrantes en el centro más importante de la cultura Italiana en Madrid

Palacio de Santa Coloma

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Enrique de Queralt y Fernández, XI conde de Santa Coloma, y senador de origen catalán encargó para la edificación de su palacete al arquitecto Joaquín Saldaña, quien realizó entre otros el Palacio de Adanero en Santa Engracia, hoy Secretaría de Estado de Administraciones Públicas, el palacio de D. Joaquín Sánchez Toca, actual Embajada de Brasil o la casa palacio del marqués de Portázgo en Serrano, actualmente la sede del Colegio de Abogados. El edificio, construido entre 1911y 1914, presenta un estilo afrancesado propio de la época. La parcela donde se levantó el edificio contaba un amplio espacio destinado al jardín rodeado de una verja realizada en forja de hierro.

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El acceso al inmueble se realiza a través de un pórtico cubierto que conduce a un vestíbulo ovalado tras el cual se encuentra un gran hall de distribución, rectangular tripartito con dobles columnas enmarcando la escalera imperial y lo que originalmente fueron el comedor y la serre. En esta planta baja se encontraba casi el despacho del conde, la única habitación que aún conserva la original en  de paredes, suelo y techo, mientras en la primera planta se repite la distribución en torno a un gran hall.

El Palacio de Santa Coloma, situado en el barrio de Ríos Rosas frente a la fachada trasera de los Nuevos Ministerios, fue adquirido a comienzos de los años 40 del siglo XX por el Gobierno italiano, con el fin de convertirlo en el Liceo Italiano. Las obras fueron llevadas a cabo por el arquitecto Manuel de Artiñano Luzárraga, quién aprovecho para añadir una nueva planta y un nuevo edificio situado en la parte trasera del jardín.

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Desde finales de los años 70 del siglo pasado fue la sede del Consulado de Italia, pasando a ser en diciembre de 2008  la Cancillería Consular de la Embajada de Italia.

Espero que esta nueva entrada “all’Italiana” haya sido de vuestro agrado. En Madrid aun quedan muchos palacios y palacetes que merece la pena visitar, de modo que os emplazo para una nueva nueva entrada sobre este tema. 

Arrivederci.

Asuntos de palacio. Visitando Zurbano, Buenavista y Fernán Núñez

Palacio de Zurbano

Situado en el barrio de Chamberí, en la calle Zurbano esquina con la calle Fernando el Santo, 6, el palacio de Zurbano fue construido por el conde de Muguiro, diputado en Cortes y senador, casado con Ángeles de Beruete y Moret, hija del pintor Aureliano de Beruete, entre los años 1878 y 1881. La historia del solar donde se encuentra el palacio se remonta hasta el reinado de Felipe II , una época en la que los terrenos no eran más que huertas.

Plano Zonal de las calles Zurbano y Fernando el Santo

El proyecto original, de estilo ecléctico clasicista, era obra del arquitecto Severiano Sainz de la Lastra con planta casi cuadrada con una distribución simétrica de las distintas estancias y estructura de hierro. Estaba situado en una de las esquinas del solar, dejando el resto para el jardín donde estaban cuadras, cocheras, celaderas, guadarnés, gallinero y un invernadero o estufa de estilo victoriano construido en metal y cristal. La decoración del interior fue obra de Arturo Mélida y Alinarí. qué también diseño el jardín que a. El palacete  tenía una disposición clásica, con una gran escalera construida en la época del marqués de Casa Riera y un oratorio de estilo neogótico de la segunda planta actualmente convertido en despacho. De sus paredes colgaron telas realizadas por Goya (La lechera de Burdeos y el retrato de Juan Bautista Muguiro), y los retratos de Fermín Muguiro y su esposa Dª. Ángela Beruete, firmados por Federico de Madrazo y JoaquínSorolla.

Palacio de Zurbano 1Palacio de Zurbano 2

En 1919 los descendientes del conde de Muguiro vendieron la propiedad por 750.000 pesetas a Gonzalo Mora y Fernández, marqués de Casa Riera, quién encargo a Eladio Laredo una profunda remodelación del edificio original, duplicando la superficie construida tras eliminar las cocheras y parte del jardín, para añadir un salón de baile, biblioteca, comedor de gala, además de nuevos dormitorios.

Palacio de Zurbano - Jardín Palacio de Zurbano - Detalle de las pinturas Palacio de Zurbano - Salón de las Abejas

También la colección de obras de arte se incremento de forma notable con los retratos del matrimonio Goicoechea, de Goya, un retrato posiblemente de San Pablo, atribuido a Velázquez, y obras de Tiepolo, varios maestros flamencos, Raimundo de Madrazo, Vicente y Bernardo López….lo que convertía el palacio de Zurbano en un verdadero museo de arte.

Palacio Zurbano Palacio de Zurbano - Escalera principal

En este palacio nació Fabiola de Mora y Aragón en 1928, hija del marqués de Casa Riera, quien tras contraer matrimonio con el rey Balduino de Bélgica en 1960, se convertiría en reina de los Belgas. Finalmente, en 1986, la familia de Mora y Aragón vendió el palacete al Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, que llevaría a cabo una profunda remodelación y restauración del edificio y el jardín.  Tras ser utilizado durante un breve periodo de tiempo por el Consorcio de Madrid Capital Europea, pasó a ser la sede del Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo.

Palacio de Buenavista

Situado en la calle de Alcalá, frente al Banco de España, la construcción original, del Palacio de Buenavista, hoy desaparecida, se remonta al siglo XVI, cuando Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, se lo dona a Felipe II, con ocasión de la proclamación de Madrid como capital del reino. Propiedad desde entonces de las Casa Real, fue la residencia de Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V y madre de Carlos III, desde 1759 a 1766, tras trasladarse a Madrid desde el palacio de La Granja en Segovia.

Proyecto para el palacio de BuenavistaPalacio de Buenavista en 1780

En 1816, pasó a ser Museo Militar y Parque de Artillería y de Ingenieros, para desde 1847 ser Ministerio de la Guerra, del Ejército desde 1939 y de Defensa desde 1977. En la actualidad alberga el Cuartel General del Ejército de Tierra.

El palacio de Buenavista desde el mirador del palacio Cibeles

Fue adquirido por el XII duque de Alba en 1769, aunque el edificio actual, fue mandado edificar por la duquesa de Alba a finales del siglo XVIII para su uso como residencia privada y en 1805 fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid como regalo a Manuel Godoy, favorito  primer ministro de Carlos IV,en cuyas manos permaneció hasta la incautación de sus bienes en 1808. Durante la Guerra de la Independencia el mariscal Murat ocupó el Palacio de Buenavista y tras el final de la guerra se convirtió en sede del Museo Militar y entre sus paredes falleció el general Prim, que fue presidente del Gobierno de 1869 a 1870, tras sufrir un atentado cuatro días antes de la llegada de Amadeo I de Saboya.

Palacio de Buenavista - Entrada a los jardines

Monarcas y políticos de la historia de España han estado estrechamente relacionados con la historia del Palacio de Buenavista, y en él han residido, el general Espartero, el general Prim o Miguel Primo de Rivera y han tenido su lugar de trabajo Manuel Azaña o Francisco Largo Caballero durante la II República y ha sido escenario de importantes episodios de la historia reciente de España, como la Sanjurjada, de 1932, o la dirección de la defensa de Madrid durante la Guerra Civil.

Palacio de Buenavista - Escalera principal

Una de las estancias destacadas del palacio es el Salón de Embajadores, lugar en el que el mariscal Joffe, héroe de la batalla de Verdún, condecoró a Alfonso XIII en agradecimiento por neutralidad de España en la I Guerra Mundial y su colaboración con la Cruz Roja Internacional. Este edificio alberga también auténticas joyas del arte patrio, como un retrato de Fernando VII de Francisco de Goya, la mesa donde Alfonso XIII presidió su último consejo de ministros, un ascensor secreto, alfombras procedentes de la de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Entre sus piezas más importantes se encuentran un retrato de Fernando VII, obra de Francisco de Goya, la mesa donde el Rey Alfonso XIII presidió su último consejo de ministros, un ascensor secreto, e importantes frescos en sus techos y paredes.

Calle Alcalá (12)

 Palacio de Buenavista 1 1 Palacio de Buenavista 2

Dos estatuas dedicadas a Don Pelayo y a Hernán Cortés flanquean el Patio de Armas del palacio, y en sus jardines, añadidos en 1869 por el general Prim y cerrados por una verja realizada en forja de hierro, hay estatuas dedicadas al guerrero celtíbero, al valor,  los tercios de Flandes, el Cid, Agustina de Aragón, el Gran Capitán o las de Marte, el dios romano de la guerra y Minerva, la diosa romana  de la guerra, la sabiduría y la ciencia .

Palacio de Fernán Núñez

Está situado en la calle Santa Isabel nº 44, siendo una de las construcciones palaciegas mejor conservadas de Madrid. El Palacio presenta dos áreas claramente diferenciadas: la noble, la que se conserva en mejor estado tras las sucesivas restauraciones efectuadas, y la de servicio. La parte noble, donde podemos ver entre otras estancias, el Salón de Baile con sus numerosos espejos, el Salón Isabelino y el Comedor de Gala, está decorada con alfombras y tapices realizados en la Real Fábrica de Santa Bárbara, algunos de ellos diseño de Goya, lámparas de cristal de Murano y Baccarat, sedas y otros elementos de lujosa factura, mientras que la zona de servicio fue transformada  en oficinas a partir del año 1941. También merece la pena visitar el jardín, diseñado por arquitectos y paisajistas procedentes de París.

Palacio de Fernán Núñez -Salón Isabelino Palacio de Fernán Núñez - Salón de baile

Sus orígenes se remontan al siglo XVIII cuando Blas Jover, Secretario de Consejos de Fernando VI, construyó su residencia en los antiguos huertos del convento de Santa Isabel, lugar donde a su vez Antonio Pérez, el todopoderoso secretario de Felipe II había  construido su popular “casilla”. En 1769, tras varios traspasos de la propiedad, Miguel José María de la Cueva, XIII duque de Alburquerque y IV marqués de la Mina, adquiere y transforma la vivienda. En 1803 fallece y, debido a problemas sucesorios, el edificio se utiliza como cuartel, hospital y viviendas. En 1815, Felipe María Osorio de la Cueva, VII conde de Cervellón, hereda la mansión. Posteriormente contrae matrimonio con María Francisca de Asís, II duquesa de Fernán-Núñez, quienes entre 1847 y 1849 remodelarían el palacio según el estilo romántico imperante en la época.

Palacio de Fernán Nuñez (6) Palacio de Fernán Nuñez (3)

En 1905 el palacio fue nuevamente ampliado y remodelado por el arquitecto Valentín Roca Carbonell. El jardín fue asimismo rediseñado por la empresa parisina “Cabinet Ch. Revéron, L. Collin, Succr. Arquitecte-Paysagiste”, que añadió la terraza de mármol.

Palacio de Fernán Nuñez (4) Palacio de Fernán Nuñez (7) Palacio de Fernán Nuñez (8)

Durante la Guerra Civil, la familia de Fernán Núñez y Cervellón traslada su residencia fuera de España, excepto el V Duque que participa en la contienda y fallece en la primera Batalla de Madrid. Durante este periodo, el Palacio es incautado y ocupado por la Juventudes Socialistas Unificadas y la Junta del Tesoro Artístico cataloga las obras de arte y traslada las más valiosas a la Basílica de San Francisco el Grande.

Palacio de Fernán Nuñez (2) Palacio de Fernán Nuñez (5)

Tras finalizar la contienda, Mercedes de Anchorena, duquesa viuda de Fernán Núñez vendió el palacio en 1941 a la Compañía Nacional de Ferrocarriles del Oeste de España que poco después se integraría en RENFE. En la planta baja estuvo situado el primer Museo Ferroviario de España que años mas tarde, en 1980, sería trasladado a la Estación de Delicias, donde aun permanece. En la actualidad el edificio es propiedad de ADIF y de RENFE, siendo la sede de la Fundación de Ferrocarriles Españoles desde 1985.

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En 2002 RENFE  llevó a cabo una profunda restauración del edificio, calificado como edificio monumental de alto valor histórico-artístico, que  incluyó cubiertas, patios, jardín, garaje y viviendas con el objetivo de recuperar el estilo de principios del siglo XIX. 

Asuntos de palacio. El Palacio de Linares y el fantasma de Raimundita.

El Palacio de Linares, actualmente sede de la Casa de América, que se alza orgulloso y elegante en el privilegiado entorno de la Plaza de Cibeles de Madrid, tiene entre los madrileños, fama de “palacio encantado”. ¿A qué sucesos debe este paIacio su fantasmagórica fama? ¿Qué ocurrió entre sus muros? ¿Qué hay de verdad y qué hay de Ieyenda? ¿De quiénes son los fantasmas que, según se cuenta, por las noches recorren de forma quejumbrosa y lastimera, sus corredores y salones?

linares
Pero para comenzar, echemos un vistazo hacia atrás en el tiempo y conozcamos algo de la historia del Palacio de Linares y sus primeros habitantes y propietarios, los desafortunados Marqueses de Linares y su hija Raimundita.

Mateo de Murga fue un financiero vasco que hizo una enorme fortuna en Cuba, un “indiano” de talante liberaI que llegada la adolescencia de su hijo José, uno de los protagonistas de la leyenda de los fantasmas del palacio de Linares, le aconsejó que se casara únicamente por amor, sin importar la condición social de la  elegida.

José, se enamoro perdidamente de Raimunda Osorio, hija de una estanquera. Pero cuando le pidió permiso a su padre para contraer matrimonio, éste, de modo sorprendente, intento disuadirle, enviándole a Londres para que olvidara ese amor. En 1857, a Ios pocos meses de su IIegada a Londres, falleció Mateo de Murga e inmediatamente, José regresa a Madrid, para una vez pasado eI luto en 1858 casarse con su amada   Raimunda.

EI 21 de octubre de 1872, el rey Amadeo I concedió a José de Murga, mediante real decreto, los títulos nobiliarios de marques de Linares y vizconde de Llanteno en agradecimiento al apoyo prestado a la Familia Real. Tras la renuncia al trono de España de Amadeo I, y proclamada la I República, tanto el marqués de Linares, como el marqués de Salamanca, aportaron una gran suma de dinero para la restauración de la monarquía en la persona de quien finalmente reinaría en España, a partir de 1874, como Alfonso  XII.

En este mismo periodo, concretamente en 1872, fue cuando José de Murga, ya primer marqués de Linares, adquirió el solar de más de 3.000 metros cuadrados, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, donde se encontraba el Pósito de Madrid, un depósito destinado a almacenar grano, pudiendo de ese modo controlarlo en tiempos de escasez. Fue en este solar, donde decidió levantar el palacio que nos  ocupa.

EI arquitecto Carlos Coludí, proyecto un palacio de tres plantas de estilo versallesco, decorado con el mayor esplendor imaginable. Su interior disponía de 27 chimeneas diferentes, un riquísimo comedor de gala, lámparas de araña del mejor cristal, suelos de mosaico, sedas pintadas, frescos de temas mitológicos obras de los mejores artistas de la época, así como una magnífica escalera de mármol de Carrara diseñada por Jerónimo Suñol, una suntuosa capilla e incluso un salón de té, cuyo mobiliario se trajo desde china.

 Y es justo en este punto de nuestra historia, donde comienzan el misterio y la leyenda de los fantasmas del Palacio de Linares.

En 1884, los marqueses decidieron trasladarse al que sería su nuevo hogar, a pesar de que las obras en el palacio aun no habían concluido. Y fue entonces, ordenando unos documentos de su padre, cuando el marqués encontró la terrible carta que su padre no llegó  a enviarle a Londres, en la que le confesaba el motivo de su rotunda negativa a autorizar aquella boda: José y Raimunda eran medio hermanos. Mateo de Murga en su juventud   había tenido un “affaire” con una estanquera y Raimunda era el fruto de la misma.

El descubrimiento de estos hechos, sumió a ambos en la más completa desesperación. Raimunda estaba segura de que todo era cierto, pues recordaba como su madre, en su lecho de muerte, maldijo a aquél que la amó y luego la abandono junto al fruto de su  pecado. A él y a sus descendientes. El matrimonio, en su desesperación recurrió al mismísimo Papa Pío IX que les concedió una bula papal denominada “Casti Convívere” por la cual, los marqueses podían seguir casados, pero observando la más absoluta castidad. A partir de ese momento los marqueses continuaron viviendo bajo el mismo techo, pero en diferentes plantas del palacio.

Y entonces, ocurrió lo peor que podía pasar, a los pocos meses Raimunda dio a luz una niña, Raimundita, fruto del gran amor que los marqueses se profesaban, pero también también fruto del pecado al no haber respetado la bula papal que les obligaba a vivir en castidad. Y cuenta la leyenda, que entre los dos la asesinaron y la emparedaron, para evitar de ese modo el escándalo y que, aun hoy en día, el espíritu de Raimundita sigue paseándose por los grandes salones del viejo palacio, cantando canciones infantiles y llamando con voz lastimera a sus padres tras cerrar el palacio con cien llaves, que lo mantendrían cerrado y deshabitado durante largos   años.

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Existe otra versión, sin duda mucho menos siniestra y macabra, que nos cuenta que el marqués tuvo una hija con una de las criadas, a la que llamaron también Raimunda e hicieron pasar por hija del abogado del marqués, Federico Avecilla y Delgado y de Raimunda Aguado y Cabañas. Protegida y apadrinada por los marqueses, tras la muerte de éstos heredaría una gran parte de su fortuna, casándose años después con Felipe Padierna de Villapadierna y Erice, segundo conde de Villapadierna. La marquesa murió de pena en 1901 y José de Murga, el marqués, tan solo cinco meses después a consecuencia, según se dijo, de un “disparo fortuito”. Cumpliendo con las últimas voluntades de los marqueses, en 1918, sus cuerpos fueron trasladados desde Madrid hasta Linares (Jaén), donde reposan desde entonces en la cripta familiar, situada en la capilla del Hospital de San José y San Raimundo en Linares, más conocido como Hospital de los Marqueses de Linares, hoy convertido en museo.

Con cuáI de Ias dos versiones anteriores os quedáis? La eIección es vuestra.

Mucho se ha escrito acerca de esta leyenda que contribuyo a que el palacio permaneciera deshabitado durante largos años. Fueron muchos los intentos de vender el, ya para todos los madrileños, siniestro edificio, pero nadie parecía tener el menor interés por vivir en un palacio con fantasma incluido. Finalmente, en 1989, previo al inicio de los trabajos de remodelación, que debían realizarse para convertir el suntuoso edificio en la sede de la Casa de América a partir de 1992, el Palacio de Linares fue sometido a un exhaustivo rastreo, análisis y fotografiado hasta el último de sus rincones, por un prestigioso equipo de parapsicólogos del Grupo Hepta al mando del cual estaba el jesuita José María Pilón, en busca de cualquier indicio de la existencia de fenómenos paranormales entre sus muros, llegando a la conclusión de que en el Palacio sucedía algo fuera de lo común. Con frecuencia, la temperatura de las habitaciones descendía hasta diez grados bajo cero, incluso en verano. En Ia capilla, de repente se escuchaba sonar el órgano, y el equipo de investigadores detectó una poderosa fuente de energía entre los muros del palacio. Las fotografías realizadas, reflejaban unos extraños campos energéticos que hacían suponer la existencia de fantasmas o espíritus. Se habló de la posibilidad de que bajo el suelo de mármol se hallaran restos humanos. Incluso, un miembro del equipo de expertos, declaró que había visto a una niña pequeña con el cabello rizado y vestida de blanco corriendo y llorando de forma lastimera por el salón de baile. El informe definitivo entregado al Ayuntamiento de Madrid el 4 de junio de 1989 por el equipo del Padre Pilón, confirmó que el Palacio de Linares estaba invadido por campos energéticos cuyo origen se debía al trágico desenlace de un asunto familiar. Asimismo se afirmaba que eI Palacio de Linares reunía las condiciones adecuadas, dada su ubicación en una zona de corrientes subterráneas, para que en él se manifestaran fantasmas y  espíritus.

Aun hoy en día, ya convertido el palacio en la Casa de América, se afirma que los vigilantes de seguridad duran mas bien poco, incluso hay quien asegura que algunas noches se puede ver a los fantasmas de los marqueses, vagando desconsolados por sus habitaciones del palacio, cumpliendo así con su eterna condena de separación.

Y ahora, si esta trágica leyenda de José y Raimunda, marqueses de Linares, su hija Raimundita y sus respectivos fantasmas, no os ha quitado el hambre, nada mejor que reponer fuerzas en alguno de los numerosos restaurantes de los cercanos barrios de Chueca, Salamanca o las Letras. Lo primero es lo primero, y como muy sabiamente dice el refranero castellano: “El muerto al hoyo y el vivo… al bollo”.