Madrid desde las alturas. Los mejores miradores y terrazas de la capital de España – 4ª Parte.

Dear Hotel (2)

¡Madrid sigue muy viva! Tras una larga temporada sin subirnos a las alturas para disfrutar de las panorámicas que Madrid nos ofrece, DE REBUS MATRITENSIS os propone de nuevo un paseo por las últimas terrazas que se han inaugurado en la capital. Altura, buenas vistas y gastronomía, sin duda una combinación perfecta.

25. Nice to meet you – Dear Hotel.

Situado en el nº 80 de la Gran Vía, el Dear Hotel ocupa un edificio histórico edificado en 1945, en el que tras una rehabilitación integral con un cuidado interiorismo llevado a cabo por el estudio de Sandra Tarruella (El Celler de Can Roca), en el que se han conservado los elementos decorativos neoclásicos de la época de su construcción. 

En la planta 14 de este hotel recién llegado a Madrid difrutaremos de dos terrazas con unas impresionantes vistas 360º del Palacio Real, la Gran Vía, la Plaza de España y el centro de Madrid.

En el Nice to meet you Restaurant & Lounge, con su Sky Pool, podremos disfrutar de una cocina actual de calidad actual, sofisticados cócteles, además de música y DJ. Es sin duda el lugar perfecto para cenar durante las calurosas noches del verano madrileño, a la vez que disfrutamos de unas espectaculares puestas de sol, y todo con unos precios razonables.

Nice to Meet you – Dear Hotel. Gran Vía, 80.

26. Terraza del Poniente – Hotel Exe Moncloa.

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Curiosidades y anécdotas de una “Gran Vía”

Hoy toca hablar de calles y de toros, las unas desaparecieron, el otro fue una sorprendente e inesperada aparición.

Aquellas calles desaparecidas.

Las obras de la Gran Vía, modificaron el trazado de algunas calles y plazas como Víctor Hugo, Marqués de Valdeiglesias, Montera, Fuencarral, Clavel, Jacometrezo, Caballero de Gracia, Tres Cruces, Desengaño, Abada, Mesonero Romanos, Chinchilla, Salud, Horno de la Mata, la Red de San Luis o la plazuela de la Paja entre otras. Pero lo que hoy nos ocupa son aquellas calles que desaparecieron para siempre para permitir la construcción de la nueva avenida. Unas obras que comenzaron el 4 de abril de 1910 y no finalizarían hasta los años 30. Hablemos tramo a tramo de algunas de ellas.

Calle de San Miguel

Calle de San Miguel. Esta fue la primera calle en desaparecer de la cartografía madrileña nada más comenzar las obras de la Gran Vía, ya que su primer tramo, llamado inicialmente avenida del Conde de Peñalver, seguía con bastante fidelidad su trazado hasta llegar a la Red de San Luis, situada en la confluencia de las acortadas calles de Hortaleza y Fuencarral. 

En sus cercanías se encontraban el palacio de la duquesa de Sevillano y el colegio de las Niñas de Leganés, ambos igualmente desaparecidos.

Calle de los Leones

Calle de los Leones. Esta calle estaba situada a la altura de la actual calle de Valverde, justo a continuación de la calle de las Tres Cruces, en lo que habían sido unos terrenos propiedad de Juan de la Victoria y Bracamonte, donde se instaló una feria a la que solían acudir los madrileños para ver a dos leones, entre otros animales. Cuenta la leyenda, que un buen día acudieron a la feria dos padres franciscanos procedentes de Guadalajara. Uno de ellos acercó el cordón del hábito para jugar con una de las fieras, con tan mala fortuna que el león lo agarro con sus zarpas hiriendo de muerte al incauto fraile, que pocos días después fallecería en el convento de Jesús y María donde fue trasladado. Ni que decir tiene que la noticia de tan desgraciado suceso corrió como la pólvora por la ciudad, lo que hizo que fueran miles los madrileños que acudieron a la feria para ver de cerca al león asesino, hasta que el Santo Oficio tomo cartas en tan triste asunto, prohibiendo que se siguiesen mostrando los leones, que finalmente fueron adquiridos por Bracamonte para su casa de fieras situada en la calle Jesús y María. Así fue como nació la que hasta su desaparición sería la calle de los Leones.

Plaza del Callao (3) Sigue leyendo

La Gran Vía y sus edificios. Tramo III.

En esta tercera y última parte de nuestro recorrido a lo largo de la Gran Vía, recorreremos el Tramo III o Avenida C desde su inicio en la plaza del Callao, hasta finalizar en la plaza de España.

Gran Vía - Tramo III (3)

La construcción del tercer y último tramo de la Gran Vía no se inició hasta 1925. En un principio estaba previsto que la anchura de esta avenida fuera de 25 metros al igual que el tramo I o Avenida B, pero finalmente se decidió ampliar su anchura hasta los 35 metros, igualándolo con el tramo II o Avenida A.

Gran Vía - Tramo III (2)

Los edificios de este tramo de la Gran Vía son menos monumentales y llamativos que sus predecesores, lo cual no quiere decir que tengan menos calidad. Aunque algunos de ellos fueron edificados en una época de escasez de materiales como fue la posguerra. Se abandona el barroco por estilos más racionalistas y funcionales, con un gran número de comercios, cines, salas de fiestas y bares. La muy discutida demolición del mercado de los Mostenses o de la Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja retrasó la construcción de parte de los edificios.

Guerra Civil 33 - La Gran Vía

Si los dos primeros tramos seguían el trazado de las calles San Miguel y Jacometrezzo, en esta tercera parte no había una calle preexistente sobre la que construir, por lo que se hizo enteramente nueva atravesando callejones y callejuelas. La avenida A se llamó desde 1921 avenida de Eduardo Dato. Durante la Guerra Civil fue la avenida de Méjico, aunque popularmente fue llamada avenida de los obuses o del 15, por el calibre de los proyectiles que las tropas franquistas lanzaban sobre la avenida. Del año 1939 hasta 1980 Avenida de José Antonio y desde 1980 Gran Vía.

Mercado de los Mostenses (2)

Desaparecieron para facilitar la construcción de este último tramo en este el mercado de los Mostenses y la Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, así como las calles de San Cipriano, Eguiluz, Santa Margarita, Travesía del Conservatorio, Rosal, Parada, Federico Balart, Travesía de Altamira, Peralta, el Callejón del Perro y la Travesía de la Moriana y fueron reformadas las calles de Ceres, Leganitos, San Bernardo, Reyes, Plaza de los Mostenses, Isabel la Católica, Flor Alta, Silva, Tudescos y las plazas de Leganitos y San Marcial.

Gran Vía - Tramo III (4)

Y ahora, pasemos a repasar los edificios más representativos de este último tramo de la Gran Vía madrileña. Sigue leyendo

La Gran Vía y sus edificios. Tramo II

En esta segunda parte de las tres que dedicaré a la Gran Vía, recorreremos el Tramo II o Avenida A desde su inicio en la Red de San Luis finalizando en la plaza del Callao.

Tramo II o Avenida A

Las obras del segundo tramo de la Gran Vía dieron comienzo en 1917. En principio estaba previsto que éste fuera un bulevar, pero en 1921 se abandonó esta idea, transformando el proyecto inicial en una vía totalmente llana y recta con una longitud de 409m y 35 metros de anchura, que uniría la Red de San Luis con la Plaza del Callao. En contraposición con el tramo, en el que predominaban los edificios de estilo neo barroco y regionalista con algunas aproximaciones al modernismo, en este nuevo tramo, junto a edificios más clásicos, similares a los del primer tramo destacan algunos edificios realmente excepcionales, como los proyectados por Antonio Palacios. En este tramo proliferaran las salas de cine y algún teatro, lo que convertirá a la Gran Vía en la zona de ocio y diversión de la capital.

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Denominado en principio Avenida de Pi i Margal, durante la Guerra Civil fue conocido entre los madrileños como avenida de los obuses o del quince y medio, ya que este era el calibre de los proyectiles que se lanzaban desde el frente contra el edificio de la Telefónica. En 1939, tras el final de la contienda, pasó a ser la  avenida de José Antonio y finalmente desde 1980 fue la Gran Vía, el nombre con el que siempre había sido popularmente conocida. Su trazado seguía el de la calle de Jacometrezo, que desapareció hasta la plaza de Callao, que sería ampliada aprovechando las obras de la nueva avenida. Pero esta calle no sería la única afectada por las obras, desapareciendo las calles de los Leones y del Jacinto y la travesía del desengaño, viéndose afectadas en su trazado las calles de Tres Cruces, Desengaño, Abada, Mesonero Romanos, Chinchilla, Salud, Horno de la Mata, Hita, Valverde, Carmen e Hilario Peñasco. Por otra parte las librerías de viejo que se encontraban en la zona afectada por las obras se trasladaron a la conocida Cuesta de Moyano, donde aún permanecen.

En 1918 se aumentó la altura máxima de los edificios hasta los 35 m, las obras de infraestructura, urbanización y pavimentación en septiembre de 1917 y finalizando en 1924. La recepción definitiva de las obras tuvo lugar el 20 de agosto de 1927. El 4 de agosto de 1922, la concesión de derechos sobre la Gran Vía pasó al empresario bilbaíno Horacio Echeverrieta Maruri, que adquirió todos los solares edificables, desde Callao hasta la Plaza de España, que contó con el asesoramiento del arquitecto Secundino Zuazo. Finalmente cabe mencionar que José López Sallaberry fallecería el 23 de junio de 1927, recibiendo un sentido homenaje del pueblo de Madrid, al recorrer su carroza fúnebre la Gran Vía.

José López Sallaberry - La Ilustración Financiera

Los edificios de este segundo tramo buscaban la internacionalización a la vez que la monumentalidad, con obras de magníficos arquitectos como Teodoro Anasagasti en los Grandes Almacenes Madrid-París (1920), Antonio Palacios en el Edificio Matesanz (1919) o Ignacio de Cárdenas que contó con la colaboración del americano Lewis S. Weeks para el proyecto del edificio de la Telefónica (1925), en el que queda patente la influencia de la Escuela de Chicago. Se trata de edificios mucho más avanzados y modernos, que reflejan a la perfección la evolución de la arquitectura española en el primer tercio del siglo XX.

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Y ahora, tomando como punto de partida la Red de San Luis, os propongo un recorrido a lo largo y ancho del segundo tramo de la madrileña Gran Vía. Un agradable paseo que llegará hasta la Plaza del Callao, en el que nos detendremos en sus edificios más representativos. 

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El edificio Carrión, un icono castizo de estilo Streamline.

La arquitectura Streamline o Art Moderne, llamada en los países no anglosajones Estilo Aerodinámico, es un estilo propio del diseño industrial norteamericano desarrollado entre 1935 y 1960, que tiene su origen en el movimiento Bauhaus nacido en Alemania. Las lineas paralelas empleadas como símbolo de dinamismo y velocidad y su estricta simetría, emparentan el Streamline con el Art Decó, basándose en una iconografía futurista y tecnológica, en un mas que evidente homenaje a las máquinas, que en la época de la que hablamos, representaban la modernidad y el progreso. Recurre para ello al dinamismo, la ligereza y la funcionalidad de la aerodinámica, con edificios, en los que, ventanas, balcones, miradores, torres y otros elementos, se curvan y fluyen por pura estética, dejando atrás la arquitectura anterior, inmovilista, estática y pesada. El estilo Streamline fue en su momento la máxima representación de la arquitectura moderna, fluida y a la vez enérgica, la arquitectura del movimiento, la que reflejaba el estilo de la agitada vida moderna. Junto a la fascinación de la época por el progreso y las máquinas, hubo otros factores que contribuyeron al nacimiento de la arquitectura aerodinámica, como fueron el Futurismo Italiano, con Fortunato Depero al frente, y el arquitecto alemán Erich Mendelsohn y su Mossehaus, construida en Berlín entre 1921 y 1923. Es el estilo emblemático de Miami, allí denominado Tropical Decó, impulsado por los arquitectos Henry Hohauser y Lawrence Murray Dixon. En España, y más concretamente en Madrid, destacan el desaparecido Teatro-cine Barceló (posteriormente la discoteca Pacha), obra de Luis Gutiérrez Soto, y el edificio Carrión, de Luis Feduchi y Vicente Eced. Y es de este último, del emblemático edificio de la Gran Vía Madrileña, con su inconfundible luminoso de Schweppes, de lo que trata la entrada de hoy.

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El edificio Carrión

Es sin duda el mas destacado representante del estilo Streamline o arquitectura aerodinámica en Madrid, con su inconfundible perfil de proa de barco recortándose en el arranque del tercer tramo de la Gran Vía Madrileña.

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El proyecto para la construcción del edificio Carrión, conocido popularmente como Capitol, por la sala de cine que el se encuentra, fue un encargo de Enrique Carrión y Vecín, marqués de Melín, realizado mediante concurso restringido en el que participaron los arquitectos Luis Gutiérrez Soto, Ignacio Cárdenas, Emilio Paramés y José M. Rodríguez Cano o Pedro Muguruza, a parte de los arquitectos que finalmente lo realizarían, tras la anulación por parte del promotor del concurso, encargándoselo directamente a los jóvenes arquitectos Luis Martínez-Feduchi y Vicente Eced, que se enfrentaron al reto de construir en un solar de formas irregulares situado en el chaflán que formaban la Gran Vía y la calle Jacometrezo. 

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La empresa adjudicataria de la obra fue Construcciones Macazaga, que contrató a Luis Moya como arquitecto de la empresa en la dirección de la obra y el coste, excluyendo el solar fue de aproximadamente 12.000.000 de pesetas de la época.

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Las obras para levantar este icono de la arquitectura madrileña se iniciaron el 11 de abril de 1931, tres días antes de la proclamación de la II República, finalizando el 15 de octubre de 1933. Un año después, el Carrión obtendría la segunda medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes, tras declararse desierto el primer premio.

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El edificio, con 54 metros de altura desde el nivel de la calle y 16 plantas, contando los sótanos, fue concebido como símbolo de la modernidad de una ciudad, que quería incorporarse de lleno a las corrientes artísticas mas vanguardistas del arte. En su interior podíamos encontrar un hotel, 64 apartamentos de alquiler amueblados, oficinas, restaurante, bar, cafetería, cine, sala de fiestas y, lo mas sorprendente, una fabrica de agua de Seltz.

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Sin escatimar en gastos, se utilizaron los mejores materiales para su construcción: granito de Segovia pulimentado para el chaflán de la esquina con la calle Jacometrezo, arenisca de Villamayor (Salamanca) en los laterales, caliza de Colmenar de Oreja para las molduras, pórfido en el basamento y mármoles travertinos en la entrada y los interiores, utilizando además, telas ignífugas, un sistema de refrigeración centralizado, el primero de Madrid, que ocupaba una planta entera del edificio o las vigas Vierendeel de hormigón armado, utilizadas para cubrir sin apoyos la sala de cine, con 31 metros de longitud y más de 3 de altura, que, durante algunos años ostentaron el récord mundial para este tipo de viga.

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Martínez – Feduchi y Eced se inspiraron para el proyecto del Carrión en la Mosse Haus de Berlín, obra de Erich Mendelsohn y Richard Neutra, mientras que para el interior de claro estilo Art Decó lo hicieron basándose en imágenes y objetos de la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925. Los arquitectos, se encargaron de diseñar hasta el último de los detalles, diseñando muebles, cortinas, alfombras e incluso la cubertería del hotel, que serían realizados por la firma Rolaco-Mac, recibiendo por su espléndido trabajo un premio del Ayuntamiento de Madrid en 1933. Como curiosidad, creo que merece la pena destacar, que el Carrión, fue utilizado como observatorio durante la Guerra Civil, al igual que la mayoría de los edificios altos de la zona.

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En cuanto al cine Capitol, con capacidad para 1.900 espectadores, fue en su momento la mayor sala de exhibición cinematográfica de la capital, con una pantalla de mas de 13 m. de anchura y unas muy estudiadas condiciones de visibilidad, acústica y ventilación, que incluía la ya mencionada instalación de refrigeración. La decoración era sencilla dentro del mas puro estilo racionalista, con paredes tapizadas en terciopelo y zócalos realizados en madera de ébano, combinando los colores beige, rojo y marfil, con aplicaciones de pan de oro en techo y molduras.

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De los numerosos anuncios luminosos que se podían ver, ocupando casi por completo la proa del Carrión, tan solo el luminoso de Scheweppes, considerado uno de los símbolos mas fotografiados de la Gran Vía, y otro de un operador de telefonía móvil pueden verse a día de hoy, tras la restauración integral del edificio llevada a cabo por el arquitecto Rafael de la Hoz .

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Actualmente, tres excelentes miradores situados en este emblemático edificio, en el Hotel Vincci Capitol, nos permiten disfrutar de unas espectaculares vistas. El primero situado a escasa altura, en el bar de la 1ª planta del hotel, pero que nos ofrece, mientras nos tomamos una madrileñísima Mahou, una panorámica insuperable del 2º tramo de la Gran Vía entre el edificio de Telefónica y la plaza del Callao.

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Los otros dos miradores se encuentran en las plantas 7ª y 9ª y nos permiten disfrutar de unas espectaculares vistas de la capital de España. ¡¡¡No dejéis de subir!!!

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Sin lugar a dudas el edificio Carrión, con sus mas de 80 años de vida, se ha convertido en uno de los edificios mas emblemáticos de la ciudad de Madrid, un auténtico icono y uno de los edificios mas fotografiados de la capital.

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Un edificio que en el momento de su construcción fue el símbolo de la modernidad de una ciudad tan tradicional y conservadora como lo era la capital de España y que a pesar de los años transcurridos, aun conserva ese halo de vanguardia e innovación. Un auténtico hito de la arquitectura madrileña.

…y los jueves, cocido madrileño completo, con tres vuelcos.

Decidme cualquier otro plato de la gastronomía popular española, al que se le hayan dedicado mas canciones que al cocido madrileño… y os invito. ¿A que no se os ocurre ninguno? Al cocido madrileño le han rendido merecido homenaje varias canciones a lo largo del último siglo, y estas son algunas  de ellas.

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La primera, parece ser que fue el cuplé “Cocido madrileño”, que popularizó allá por 1915 Blanquita Suárez, una famosísima actriz y tonadillera de la época, tras ella, llegó el mucho más conocido y castizo pasodoble titulado “Cocidito madrileño”, con música de Manuel López Quintero y letra de Rafael de León y Antonio Quintero Ramírez, popularizado en los años 40 del siglo pasado por Pepe Blanco y posteriormente, en los 70, por Manolo Escobar. De Pepe Blanco es también otra canción sobre el cocido madrileño titulada “Madrid tiene 6 letras”, un título que hace referencia a las 6 letras del cocido. También de los años 40 es el tema titulado “Menudo menú”, que popularizó el grupo donostiarra Los Xey, utilizando tanto la letra como la música “El Menú”, un tema nacido en el Café Iruña de Bilbao en 1927. Y en los años 50, el gran Antonio Molina nos cantó con su peculiar voz la copla “Cocinero, cocinero”, en la que se mencionaba tan castiza receta.

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No me hable usté
de los banquetes que hubo en Roma.
Ni del menú
del hotel Plaza en Nueva York.
Ni del faisán
ni los foagrases de paloma,
ni me hable usté
de la langosta Thermidor.
Porque es que a mí,
sin discusión, me quita el sueño
y es mi alimento y mi placer
la gracia y sal
que al cocidito madrileño
le echa el amor de una mujer.

Cocidito madrileño,
repicando en la buhardilla,
que me huele a yerbabuena
y a verbena en las Vistillas.
Cocidito madrileño
del ayer y del mañana,
pesadumbre y alegría
de la madre y de la hermana.
A mirarte con ternura
yo aprendí desde pequeño,
porque tú eres gloria pura,
porque tú eres gloria pura,
cocidito madrileño.

(Cocidito Madrileño – Quintero / León / Quiroga)

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De gatos y ratones

Una nueva entrada, con anécdotas y curiosidades de un Madrid que jamás deja de sorprendernos. Porqué Madrid, es como esos baúles que nuestras abuelas guardaban en el desván, donde siempre acabábamos por encontrar algo interesante para llevarnos a nuestras casas.

¿Por qué a los madrileños se nos llama “gatos”?

El origen de esta curiosa forma de llamarnos hay que buscarlo en la reconquista de Madrid por Alfonso VI, allá por el siglo XI. En el asalto de la villa, un valeroso soldado trepó por la muralla ayudado de una daga que clavaba en las juntas de las piedras. Sus camaradas, al ver la hazaña dijeron que parecía un gato de modo que en memoria de esta hazaña él y sus sucesores adoptaron a partir de ese hecho el apellido Gato.

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La familia llegó a ser tan importante en Madrid, que no se consideraba nobleza castiza de Madrid a la que no pertenecía a aquel linaje. Y, cuando la historia se convirtió en leyenda, el apodo se atribuyó a todos los madrileños, eso si, siempre de tercera generación.

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En la actualidad, muy próximo a la Puerta del Sol, se encuentra la calle de Álvarez Gato, dedicada a uno de los descendientes aquel valiente soldado y un poeta de la corte que vivió durante el siglo XV: Juan Álvarez Gato.

El Ratoncito Pérez

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¿Sabíais que el Ratoncito Pérez es un madrileño de pura cepa y que nació en el Palacio Real de Madrid? A continuación trataré de contaros como sucedió. Cuando Alfonso XIII era todavía un niño, al caérsele su primer diente de leche, su madre la reina regente Dª María Cristina de Habsburgo-Lorena, encargó al  jesuita Luis Coloma, autor también de las novelas Jeromín o Pequeñeces, que escribiera un cuento para el monarca.

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El padre Coloma, rápidamente se puso a ello, escribiendo un breve relato de 13 páginas sobre el rey Buby I (apodo cariñoso con el que Dª Maria Cristina llamaba a su hijo), en el que se relataba como el rey niño,  tras perder su primer diente lo colocó debajo de la almohada, junto a una carta, para así poder recibir la visita del Ratoncito Pérez. Buby I estaba dispuesto a esperarle, pero se durmió. De pronto, sintió algo que lo despertó y allí estaba delante de él:

“Un ratón muy pequeño con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja terciada a la espalda”

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El Ratoncito Pérez, como no podía ser de otra manera, se presentó ante Buby I, y tras transformar al joven monarca en ratón, ambos se fueron a la casa del roedor, que el padre Coloma situó en la pastelería Carlos Prast, un establecimiento, entonces muy de moda, situado en el número 8 de la calle Arenal, donde Buby I, conocería a la familia de su nuevo amigo, que vivía en una caja de galletas Huntley, las preferidas del monarca. Desde allí el rey niño acompañó al ratón en su misión nocturna de llevarle un regalo a otro niño madrileño, de nombre Gilito, que vivía con su madre en la cercana calle de Jacometrezo. Buby I quedo muy impresionado por la miseria de aquella casa y al regresar al Palacio Real y a su cama, y ver el precioso regalo que a él le habían hecho, pensó en Gilito y en todos los niños pobres y decidió que a partir de ese momento reinaría pensando siempre en los más necesitados.

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En la actualidad, una de las placas amarillas del Ayuntamiento nos recuerda esta historia, y en el interior del edificio podemos ver una pequeña figura de no mas de 20 cms. de este entrañable personaje.

Así es Madrid, una ciudad llena de historias, a veces realmente insólitas, una maravillosa caja de sorpresas, en cuyo interior siempre se puede encontrar algo nuevo que contar.