Dos historias de fantasmas

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El descabezado de San Ginés.

Hace muchos, muchos años, concretamente en 1353, reinando en Castilla Pedro I “el Cruel”, sucedieron unos hechos terroríficos en la Iglesia de San Ginés, una de las iglesias más antiguas de Madrid. Cuenta la leyenda que unos amigos de lo ajeno se adentraron en el recinto sagrado con objeto de apoderarse de cuanto de valor allí encontraran: joyas, cálices, ornamentos, etc. Cegados por su avaricia, no se percataron en un principio de la presencia de un anciano que se encontraba orando justo en ese momento, pero tras darse cuenta de que se trataba de un posible testigo capaz de identificarlos ante la justicia en caso de ser apresados, los malhechores, sin contemplación ni miramiento alguno, decapitaron al anciano con tal brutalidad que la cabeza quedo prácticamente separada del cuerpo, dejando un reguero de sangre que daba testimonio de aquel terrible suceso que conmocionó a toda la ciudad.

A partir de ese momento, y para terror de los vecinos de la zona, una sombra sin cabeza se presentaba día tras día en San Ginés reclamando justicia. Estas continuas apariciones espectrales llenaron de intranquilidad el barrio, hasta que finalmente cesaron cuando los ladrones fueron identificados, prendidos y condenados a muerte por orden del rey, siendo arrojados al cercano barranco del arroyo del Arenal. Hay quien asegura que  esta macabra historia no termino aquí, ya que en  San Ginés se han seguido oyendo ruidos extraños en el interior de la iglesia, a pesar de que ésta se cierra a cal y canto por la noche

Calle de Segovia (2)

Catalina, la panderetera de la calle de Segovia.

También en el Madrid de los Austrias, pero esta vez en la calle de Segovia, nos cuenta la leyenda que hace ya muchos años vivió Catalina González, una mujer de extraordinarias belleza y simpatía. La joven solía asomarse a la ventana de su vivienda tocando una pandereta mientras disfrutaba mirando lo que en la calle sucedía y  a todos  los que por allí pasaban. Como era de esperar, los hombre al pasar se quedaban embobados disfrutando de los encantos de Catalina, lo que inevitablemente despertaba los celos, cuando no la furia, entre las esposas y novias, que acusaban a sus parejas de “pandereteros”, palabra que acabó siendo sinónimo de infidelidad, llegándose a afirmar que en una ocasión incluso llegaron a intentar quemar la humilde morada de Catalina.

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Hasta que un aciago día, no se sabe si por causa natural o provocada, la hermosa panderetera apareció muerta. Lo que para muchos fue una lamentable pérdida fue motivo de celebración para otras. Y sucedió que poco después, el espectro de Catalina volvió a asomarse a su ventana, cautivando de nuevo a cuantos hombres pasaban por el vecindario. La casa de Catalina la panderetera en la calle de Segovia nunca volvió a ser habitada.

San Ginés y la calle Segovia en el Plano de Pedro Teixeira 1656

Una vez más regresan a DE REBUS MATRITENSIS historias de ese Madrid poblado de fantasmas y apariciones, unas veces divertidas, otras trágicas, pero siempre sorprendentes.

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Asuntos de palacio. El Palacio de Linares y el fantasma de Raimundita.

El Palacio de Linares, actualmente sede de la Casa de América, que se alza orgulloso y elegante en el privilegiado entorno de la Plaza de Cibeles de Madrid, tiene entre los madrileños, fama de “palacio encantado”. ¿A qué sucesos debe este paIacio su fantasmagórica fama? ¿Qué ocurrió entre sus muros? ¿Qué hay de verdad y qué hay de Ieyenda? ¿De quiénes son los fantasmas que, según se cuenta, por las noches recorren de forma quejumbrosa y lastimera, sus corredores y salones?

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Pero para comenzar, echemos un vistazo hacia atrás en el tiempo y conozcamos algo de la historia del Palacio de Linares y sus primeros habitantes y propietarios, los desafortunados Marqueses de Linares y su hija Raimundita.

Mateo de Murga fue un financiero vasco que hizo una enorme fortuna en Cuba, un “indiano” de talante liberaI que llegada la adolescencia de su hijo José, uno de los protagonistas de la leyenda de los fantasmas del palacio de Linares, le aconsejó que se casara únicamente por amor, sin importar la condición social de la  elegida.

José, se enamoro perdidamente de Raimunda Osorio, hija de una estanquera. Pero cuando le pidió permiso a su padre para contraer matrimonio, éste, de modo sorprendente, intento disuadirle, enviándole a Londres para que olvidara ese amor. En 1857, a Ios pocos meses de su IIegada a Londres, falleció Mateo de Murga e inmediatamente, José regresa a Madrid, para una vez pasado eI luto en 1858 casarse con su amada   Raimunda.

EI 21 de octubre de 1872, el rey Amadeo I concedió a José de Murga, mediante real decreto, los títulos nobiliarios de marques de Linares y vizconde de Llanteno en agradecimiento al apoyo prestado a la Familia Real. Tras la renuncia al trono de España de Amadeo I, y proclamada la I República, tanto el marqués de Linares, como el marqués de Salamanca, aportaron una gran suma de dinero para la restauración de la monarquía en la persona de quien finalmente reinaría en España, a partir de 1874, como Alfonso  XII.

En este mismo periodo, concretamente en 1872, fue cuando José de Murga, ya primer marqués de Linares, adquirió el solar de más de 3.000 metros cuadrados, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, donde se encontraba el Pósito de Madrid, un depósito destinado a almacenar grano, pudiendo de ese modo controlarlo en tiempos de escasez. Fue en este solar, donde decidió levantar el palacio que nos  ocupa.

EI arquitecto Carlos Coludí, proyecto un palacio de tres plantas de estilo versallesco, decorado con el mayor esplendor imaginable. Su interior disponía de 27 chimeneas diferentes, un riquísimo comedor de gala, lámparas de araña del mejor cristal, suelos de mosaico, sedas pintadas, frescos de temas mitológicos obras de los mejores artistas de la época, así como una magnífica escalera de mármol de Carrara diseñada por Jerónimo Suñol, una suntuosa capilla e incluso un salón de té, cuyo mobiliario se trajo desde china.

 Y es justo en este punto de nuestra historia, donde comienzan el misterio y la leyenda de los fantasmas del Palacio de Linares.

En 1884, los marqueses decidieron trasladarse al que sería su nuevo hogar, a pesar de que las obras en el palacio aun no habían concluido. Y fue entonces, ordenando unos documentos de su padre, cuando el marqués encontró la terrible carta que su padre no llegó  a enviarle a Londres, en la que le confesaba el motivo de su rotunda negativa a autorizar aquella boda: José y Raimunda eran medio hermanos. Mateo de Murga en su juventud   había tenido un “affaire” con una estanquera y Raimunda era el fruto de la misma.

El descubrimiento de estos hechos, sumió a ambos en la más completa desesperación. Raimunda estaba segura de que todo era cierto, pues recordaba como su madre, en su lecho de muerte, maldijo a aquél que la amó y luego la abandono junto al fruto de su  pecado. A él y a sus descendientes. El matrimonio, en su desesperación recurrió al mismísimo Papa Pío IX que les concedió una bula papal denominada “Casti Convívere” por la cual, los marqueses podían seguir casados, pero observando la más absoluta castidad. A partir de ese momento los marqueses continuaron viviendo bajo el mismo techo, pero en diferentes plantas del palacio.

Y entonces, ocurrió lo peor que podía pasar, a los pocos meses Raimunda dio a luz una niña, Raimundita, fruto del gran amor que los marqueses se profesaban, pero también también fruto del pecado al no haber respetado la bula papal que les obligaba a vivir en castidad. Y cuenta la leyenda, que entre los dos la asesinaron y la emparedaron, para evitar de ese modo el escándalo y que, aun hoy en día, el espíritu de Raimundita sigue paseándose por los grandes salones del viejo palacio, cantando canciones infantiles y llamando con voz lastimera a sus padres tras cerrar el palacio con cien llaves, que lo mantendrían cerrado y deshabitado durante largos   años.

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Existe otra versión, sin duda mucho menos siniestra y macabra, que nos cuenta que el marqués tuvo una hija con una de las criadas, a la que llamaron también Raimunda e hicieron pasar por hija del abogado del marqués, Federico Avecilla y Delgado y de Raimunda Aguado y Cabañas. Protegida y apadrinada por los marqueses, tras la muerte de éstos heredaría una gran parte de su fortuna, casándose años después con Felipe Padierna de Villapadierna y Erice, segundo conde de Villapadierna. La marquesa murió de pena en 1901 y José de Murga, el marqués, tan solo cinco meses después a consecuencia, según se dijo, de un “disparo fortuito”. Cumpliendo con las últimas voluntades de los marqueses, en 1918, sus cuerpos fueron trasladados desde Madrid hasta Linares (Jaén), donde reposan desde entonces en la cripta familiar, situada en la capilla del Hospital de San José y San Raimundo en Linares, más conocido como Hospital de los Marqueses de Linares, hoy convertido en museo.

Con cuáI de Ias dos versiones anteriores os quedáis? La eIección es vuestra.

Mucho se ha escrito acerca de esta leyenda que contribuyo a que el palacio permaneciera deshabitado durante largos años. Fueron muchos los intentos de vender el, ya para todos los madrileños, siniestro edificio, pero nadie parecía tener el menor interés por vivir en un palacio con fantasma incluido. Finalmente, en 1989, previo al inicio de los trabajos de remodelación, que debían realizarse para convertir el suntuoso edificio en la sede de la Casa de América a partir de 1992, el Palacio de Linares fue sometido a un exhaustivo rastreo, análisis y fotografiado hasta el último de sus rincones, por un prestigioso equipo de parapsicólogos del Grupo Hepta al mando del cual estaba el jesuita José María Pilón, en busca de cualquier indicio de la existencia de fenómenos paranormales entre sus muros, llegando a la conclusión de que en el Palacio sucedía algo fuera de lo común. Con frecuencia, la temperatura de las habitaciones descendía hasta diez grados bajo cero, incluso en verano. En Ia capilla, de repente se escuchaba sonar el órgano, y el equipo de investigadores detectó una poderosa fuente de energía entre los muros del palacio. Las fotografías realizadas, reflejaban unos extraños campos energéticos que hacían suponer la existencia de fantasmas o espíritus. Se habló de la posibilidad de que bajo el suelo de mármol se hallaran restos humanos. Incluso, un miembro del equipo de expertos, declaró que había visto a una niña pequeña con el cabello rizado y vestida de blanco corriendo y llorando de forma lastimera por el salón de baile. El informe definitivo entregado al Ayuntamiento de Madrid el 4 de junio de 1989 por el equipo del Padre Pilón, confirmó que el Palacio de Linares estaba invadido por campos energéticos cuyo origen se debía al trágico desenlace de un asunto familiar. Asimismo se afirmaba que eI Palacio de Linares reunía las condiciones adecuadas, dada su ubicación en una zona de corrientes subterráneas, para que en él se manifestaran fantasmas y  espíritus.

Aun hoy en día, ya convertido el palacio en la Casa de América, se afirma que los vigilantes de seguridad duran mas bien poco, incluso hay quien asegura que algunas noches se puede ver a los fantasmas de los marqueses, vagando desconsolados por sus habitaciones del palacio, cumpliendo así con su eterna condena de separación.

Y ahora, si esta trágica leyenda de José y Raimunda, marqueses de Linares, su hija Raimundita y sus respectivos fantasmas, no os ha quitado el hambre, nada mejor que reponer fuerzas en alguno de los numerosos restaurantes de los cercanos barrios de Chueca, Salamanca o las Letras. Lo primero es lo primero, y como muy sabiamente dice el refranero castellano: “El muerto al hoyo y el vivo… al bollo”.

Intrigas palaciegas. El asesinato de Juan de Escobedo.

La noche del 31 de marzo de 1578, lunes de Pascua, fue asesinado en las proximidades del Real Alcázar de Madrid, Juan de Escobedo, secretario del hermanastro del rey y Gobernador de los Países Bajos, Don Juan de Austria. Este trágico suceso desencadenó la mayor crisis interna del reinado del rey Prudente: doce años de proceso, la prisión Antonio Pérez y la Princesa de Éboli, la invasión militar de Aragón y el posterior exilio del secretario real.

“En esta estrecha calle fue asesinado Juan de Escobedo, secretario de D. Juan de Austria, cuya muerte fue atribuida al secretario Antonio Pérez, de quien se dice que a la misma hora de la ocurrencia y a poco de haberse oido los lastimeros ayes del herido, se le vio entrar en la casa de la princesa de Eboli. La sangre que brotó de sus heridas salpicó el muro del camarín de Nuestra Señora de la Almudena, cuyas manchas permanecieron allí por mucho tiempo. La mencionada princesa habló fuertemente al cardenal D. Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, porque no mandaba que la fábrica de la parroquia de Santa María costease el revoque del camarín y se limpiase la sangre que había salpicado la pared, cuya mancha era espantosa, porque luchando con la muerte Escobedo se asió a los hierros de la reja de la bóveda que está debajo del camarín referido. Pero el cardenal, que sospechaba de la princesa, la contestó aun con más energía que la señora le habló a él. “Cien años permanecerá ahí esa sangre inocente, que como la de Abel pide venganza al cielo.” Y como la princesa insistiese con el prelado en que se debía borrar, algo alterado repuso el cardenal: “Princesa, ¿esa sangre pide algo contra vos?” Y al escuchar sus palabras se retiró la noble dama de la presencia del arzobispo. Por último, el camarín se revocó, la sangre quedó borrada, Antonio Pérez, secretario de Felipe II, fue reducido a prisión, y la princesa encerrada en la torre de Pinto. Como a la calle que sube desde esta iglesia se le denomina calle Mayor o de la Almudena, a esta, donde da el camarín de la Virgen, se la llama calle Chica de la misma, porque es muy corta.” (Antonio Campmany y Montpalau – Las calles de Madrid)

 Veamos como ocurrieron los hechos y cuales fueron sus posteriores consecuencias.

Madrid, en el siglo XVI, era una ciudad peligrosa, en la que eran bastante habituales, en sus oscuras y estrechas calles, los robos, asesinatos y ajustes de cuentas. Pero este asesinato no había sido como los demás, ya que los sicarios no se llevaron las joyas de la víctima y además, se trataba de Juan de Escobedo, secretario y hombre de la máxima confianza de don Juan de Austria.

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Como era de esperar, los rumores se extendieron rápidamente por los Mentideros de la Villa, las fondas, mesones e incluso por las embajadas, desde donde se informaba a sus respectivos países. Algunos decían que el atentado era “por cosas de damas”, aunque la gran mayoría, creía que había razones infinitamente más poderosas.

En una carta de Esteban de Ibarra, secretario de un importante personaje de la corte, al secretario real Mateo Vázquez, se apuntaba directamente a Antonio Pérez:

“En este negocio hay muchas causas y cosas. Si se considera el lugar que Escobedo tenía con el rey, y los negocios que por su mano se trataban, y las personas con quien los trataba y que le han muerto a los ojos de su amo, necesariamente confesará también que es obra de más que hombre ordinario, y ejecutada por manos y ánimos que deben tener tan osada determinación”.

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Esa aciaga noche del 31 de marzo de 1578, Juan de Escobedo regresaba a caballo a su casa de Madrid, cercana al Real Alcázar, tras una cita galante con Brianda de Guzmán, una dama de la alta sociedad casada con Sancho de Padilla, cuando al pasar por la callejuela situada junto a la Iglesia de Santa María de la Almudena, seis sicarios armados le salieron al paso. Uno de ellos, Insausti, aprovechando la sorpresa, atravesó a Escobedo de una sola y mortal estocada que hizo que el secretario se desplomara.

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Los criados de Escobedo y alguno ciudadanos testigos del ataque, reaccionaron intentando retener a los asaltantes, pese a lo cual, Juan Rubio, otro de los asesinos logra escabullirse  dejando Madrid esa misma noche camino de Alcalá de Henares, con la noticia de la muerte de Escobedo. Insausti, Miguel del Bosque, Diego Martínez, Juan de Mesa y Antonio Enríquez, tuvieron más dificultades para escapar, aunque finalmente lo consiguieron, dejando tras de si en la huida, sus capas y un pistolete. Ante la gravedad de las heridas, Juan de Escobedo fue trasladado a una casa próxima, sin que los médicos lograran salvar su vida. La destreza del asesino había sido tal, que el herido expiró sinpoder siquiera confesarse.

Quien deseara la muerte de Escobedo, había logrado su propósito tras tres intentos fallidos ocurridos pocas semanas antes, durante el mes de febrero de ese mismo año. 

¿Como llegó Juan de Escobedo a ser secretario de D. Juan de Austria? ¿Por qué se ordenó la muerte de Juan de Escobedo?

D. Juan de Austria, con su victoria en Lepanto, había demostrado ser un excelente gran estratega, cuya fama y reputación le precedía por donde quiera que fuera. Sin embargo, Felipe II sabía que esta fama y este prestigio acabarían por no ser suficiente, por lo que, decidió seguir el consejo de Antonio Pérez, que recomendó al monarca asignar al servicio de D. Juan de Austria a Juan de Escobedo, en calidad de secretario personal.

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La razón era bastante sencilla: el intrigante Antonio Pérez, había logrado despertar en el monarca la desconfianza hacia D. Juan de Austria, de modo que Felipe II quería estar al tanto de todos y cada uno de los movimientos de su hermanastro, en previsión de una posible traición por parte de éste, que según Antonio Pérez, consistiría en la creación de un nuevo estado al margen de la corona española en Túnez o Inglaterra. Ante esta situación, por otro lado nunca demostrada, ya que D. juan siempre fue fiel a su hermanastro, Felipe II decidió enviar a D. Juan a Flandes, consciente de que únicamente las grandes cualidades para la estrategia de su hermanastro podrían solucionar los conflictos existentes en aquella zona.

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Como era de esperar, D. Juan de Austria solucionó de forma brillante los problemas, tras lo cual escribió al monarca solicitando que se le permitiera regresar a España. Durante las investigaciones llevadas a cabo tras el asesinato de Juan de Escobedo, se habló de la existencia de varias cartas que demostraban que Escobedo y D. Juan habían urdido un plan para la invasión de Inglaterra a espaldas de Felipe II con el único fin de formar un estado propio. Se aseguró, que D. Juan mantenía tratos sospechosos en Francia con el duque de Guisa y sus partidarios. Todo ello maquinaciones e intrigas urdidas por Antonio Pérez, en un intento desesperado por salvar su propio pellejo. Como era de esperar esa documentación nunca apareció, ni siquiera durante el juicio contra el secretario.

  Fuera como fuese, el caso es que parece muy probable que Juan de Escobedo supiera demasiado acerca de los tejemanejes e intrigas de Antonio Pérez. Algunas hipótesis, aseguran que Escobedo encontró al secretario yaciendo con Ana Mendoza y de la Cerda, la princesa de Éboli, amenazándole con delatarle al Rey, mientras que otras hipótesis afirman que Escobedo descubrió que la princesa y el secretario real, vendían secretos de Estado a los enemigos de España. Lo único cierto es que, cualquiera que fuera la verdad, la situación preocupó, y mucho, a Antonio Pérez, hasta el punto de haber intentado en tres ocasiones envenenar a Escobedo sin éxito.

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El primer intento de asesinato, tuvo lugar el 8 de marzo de 1578, en la Casilla que Pérez poseía en Madrid, pero las dosis del veneno conocido como “agua mortífera” no hicieron mella alguna en Escobedo. Poco después, en una cena en esta ocasión en su casa del Cordón, Pérez mandó servir a Escobedo una fuente de nata a la que se le había añadido una mezcla de arsénico y solimán, y de nuevo se le volvió a servir el “agua mortífera” mezclada con la bebida, pese  a lo cual aunque en esta ocasión Escobedo tuvo que guardar cama poco después estaba completamente recuperado. El tercer y último intento de envenenamiento, sería  en casa del propio Escobedo. No sabemos cómo Antonio Pérez se las ingenió para introducir en la comida de su enemigo una nueva dosis de solimán. Realmente Escobedo parece ser que era demasiado ingenuo. Una servidora morisca de Escobedo acabaría por confesar, aunque su declaración se realizó bajo tormento. Probada la culpa, la joven fue colgada como escarmiento público. Sin duda estos sucesivos intentos fallidos de envenenar a Escobedo fueron la razón  por la que, finalmente, se decidió emplear a seis sicarios para acabar con la vida del secretario de D. Juan de Austria.

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 Más de cuatro siglos después de ocurridos los sangrientos hechos que os he contado, no se ha logrado saber a ciencia cierta quien ordenó asesinar a Juan de Escobedo. Los principales sospechosos son dos, el propio Antonio Pérez y Felipe II. Lo que si parece demostrado es que el todopoderoso e intrigante secretario fue usado como chivo expiatorio de lo sucedido, sin duda uno de los hechos más misteriosos y apasionantes del reinado de Felipe II.

Leyendas y misterios de las calles de Madrid – I

Las calles y plazas de Madrid, son una fuente inagotable de misterios y leyendas, de historias siniestras, macabras o simplemente curiosas, en las que sus protagonistas, ya sean damas misteriosas, fantasmas y aparecidos, o almas en pena y espíritus en busca de venganza o justicia, se nos aparecen de tarde en tarde, para que conozcamos unas historias que corrieron de boca en boca por los mentideros de la Villa y Corte, convirtiendo Madrid en una ciudad con un sinfín de historias para no dormir.

La siniestra historia de la calle de la Cabeza.

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Nuestra primera historia de hoy, sucedió en los primeros años del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, con la Corte de nuevo establecida en Madrid tras su corto paso por Valladolid.

Un buen día, un caballero, al menos en apariencia, paseaba cerca de la Ribera de Curtidores, lugar donde se encontraba entonces el matadero. Al pasar ante un puesto de despojos, decidió comprar una cabeza de carnero, alimento muy popular entre las clases mas humildes. La vendedora envolvió el artículo y el supuesto caballero, continuo su camino dispuesto a prepararse una suculenta cena. Apenas había recorrido unos metros, cuando una pareja de agentes de la ley de la época, conocidos como “corchetes” le dio el alto ante el reguero de sangre que iba dejando el paquete con la cabeza de carnero.

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La leyenda nos cuenta a partir de este momento, como al mostrar la cabeza del animal a la autoridad, para sorpresa de propios y extraños, esta se había transformado en una cabeza humana. El supuesto caballero, ante la evidencia que le acusaba, no tuvo mas remedio que confesar un horrendo asesinato que había cometido años atrás. 

El asesino, había entrado a trabajar como ayudante del clérigo Don Gil, un sacerdote adinerado que hasta ese momento, había vivido únicamente con su ama de llaves. La desahogada situación económica del clérigo, hizo que, un buen día, tras una discusión el protagonista de esta siniestra historia, asesinara al clérigo, decapitandolo, para posteriormente huir a Lisboa con cuanto de valor pudo encontrar en la vivienda. Con el paso del tiempo, el crimen cayó en el olvido y ni la cabeza del clérigo, ni el culpable aparecieron. Las cosas no debieron irle mal a nuestro asesino, ya que al cabo de los años, decidió volver a Madrid donde intento pasar por un adinerado caballero. Algo que aparentemente logró hasta el momento en que tuvo lugar la historia de la cabeza de carnero y el reguero de sangre.

Ni que decir tiene, que los “corchetes”, tras contemplar entre atónitos y aterrados la cabeza del sacerdote, le detuvieron, para tras un corto proceso, ser condenado a muerte y ahorcado en la Plaza Mayor.

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Tras conocer todos los pormenores del suceso, Felipe III, para que no se olvidara este terrible crimen, mandó esculpir una cabeza de cordero, que fue colocada en la fachada de la casa del clérigo donde se había cometido el asesinato. Aquel edificio fue conocido desde entonces como la  Casa de la Cabeza, para años después acabar dando nombre a la calle.

El asesinato de la calle del Soldado.

Para nuestra segunda historia de hoy, nos vamos a trasladar hasta el bullicioso y multicolor barrio de Chueca, y mas concretamente a la calle de Barbieri, que durante largos años se llamó calle del Soldado, debido a un trágico y sangriento suceso, que paso a contaros sin mas demora.

Seguimos en el siglo XVII, un siglo en apariencia lleno de historias de lo mas siniestras. Nuestros protagonistas: Almudena Goutili, una adolescente de buena familia y gran belleza, que deseaba ordenarse monja y un soldado mujeriego y enamoradizo de nombre desconocido, empeñado en conquistar los favores de la joven, pese a sus continuas negativas.

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La joven, iba a diario a rezar al Oratorio de Caballero de Gracia, donde también acudían las que serían sus compañeras cuando ingresara como novicia en el convento de San José de Jesús Maria de la orden de las Concepcionistas Franciscanas Descalzas. El problema surgió cuando un buen día los caminos de Almudena Goutili y el soldado se cruzaron, quedando absolutamente prendado de los encantos de la joven. Fue tal la obsesión que se apodero de él, que la esperaba a la puerta de su casa, la seguía en sus paseos, e incluso llegaba a abordarla a la mínima ocaso, con no demasiado buenas maneras, pese a lo cual, Almudena siempre se mantenía firme a la hora de rechazar las constantes proposiciones del militar.

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La situación llegó a tal punto, que a la futura novicia, no le quedó mas remedio que hablar con la madre superiora, solicitando adelantar su ingreso en el convento, algo con lo que esperaba poner punto final al acoso al que se veía sometida. No sabemos como, pero el caso es que el tenaz militar se enteró de los planes de Almudena, de modo que despechado e incapaz de asumir como un caballero su derrota, planeó su terrible venganza, que iría dirigida no solo contra la joven, sino también contra el convento que se interponía en su camino. Pocos días después siguió a Almudena cuando salía de su domicilio y aprovechó el momento que consideró oportuno, cuando ambos se encontraban solos y sin posibles testigos, para asesinar a la joven. Tras cortarle la cabeza, se dirigió con su macabro trofeo dentro de un saco al convento del Caballero de Gracia, donde lo entregó a través del torno, asegurando que se trataba de un donativo de la persona que debía ingresar al día siguiente.

Y es justo en este punto cuando la historia se convierte en leyenda al asegurar que, cuando las religiosas del convento, reunidas en el refectorio, abrieron el siniestro envoltorio, la cabeza de Almudena aun tenía los ojos entreabiertos y aun púdo articular un apenas audible ¡Madre…! dirigido a la superiora, al tiempo que una lágrima se deslizaba por su mejilla, antes de quedar en silencio para siempre. Almudena sería enterrada al día siguiente con el hábito de la orden en la que estuvo a punto de ingresar.

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Por supuesto, el soldado fue detenido, juzgado y ahorcado en la Plaza Mayor. Tras la ejecución le cortaron la mano derecha que, clavada en una pica, fue depositada en la puerta de la casa de Almudena, situada en la  que a partir de ese momento se llamaría la calle del Soldado, hasta que en 1894 cambio su nombre por el de calle de Barbieri.

La ejecución de la calle de los Mancebos.

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Para nuestra tercera y última entrada de hoy, os propongo subir a nuestra particular maquina del tiempo, que nos trasladará a comienzos del siglo XIII, durante el reinado de Enrique I de Castilla.

Existen al menos dos versiones acerca de porque esta calle se llama de los Mancebos, la primera de ellas nos cuenta, que el nombre de la calle se debe a que en este lugar se encontraban los aposentos de los pajes del marqués de Villafranca, hoy sede de la Real Academia de Ingeniería. Sin duda una historia, que podrá ser cierta o no, pero que carece del mas mínimo interés, al menos en lo que a nosotros respecta.

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La segunda versión nos cuenta una historia, sin duda mucho más interesante, según la cual, la calle de los Mancebos recibió tal nombre en memoria de los dos jóvenes que fueron ejecutados en este lugar, tras ser declarados culpables de la muerte del rey Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII, que había subido al trono con tan solo 11 años.

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Por lo que nos cuenta la historia, el 6 de junio de 1217 estaba Enrique I jugando en el patio del palacio episcopal de Palencia, cuando una teja se desprendió desde una de las torres causándole la muerte. Había que hacer responsable a alguien de tan luctuoso y a todas luces accidental suceso, de modo que dos jóvenes fueron acusados de haber arrojado una piedra que causo la caída de la teja mortal, de modo que fueron apresados y  trasladados a Madrid donde se les encerró en la torre de la casa de los Lasso de Castilla, situada en la plaza de la Paja, para ser posteriormente degollados en la actual calle de los Mancebos y enterrados en el cementerio parroquial de la cercana Iglesia de San Andrés.

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Hasta aqui esta primera entrada dedicada a las leyendas e historias que dieron nombre a algunas calles de nuestra ciudad. Una entrada que espero forme parte de un larga serie. Madrid y sus calles siempre han sido y serán una fuente inagotable de historias, mitos y leyendas y esta entrada ha sido solo un interesante comienzo. Al menos eso espero. 

El caimán de San Ginés

Hasta hace relativamente pocos años, los feligreses y los curiosos que entraban en la iglesia San Ginés, en la muy céntrica calle del Arenal, podían ver en la capilla de la Virgen de los Remedios, un caimán disecado a los pies de la imagen. Su asombro era comprensible y las preguntas que se hacían, inevitables: ¿Que diantres hacia un caimán en una de las iglesias mas antiguas de Madrid ? ¿Cual era su significado? ¿Como y desde donde había llegado hasta San Ginés?

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Según relatan las crónicas de la época, poco después del descubrimiento de América, concretamente en 1499, cuando Alonso de Montalbán, Aposentador comisionado de los Reyes Católicos regresaba a España, el grupo expedicionario que mandaba fue atacado por un grupo de animales nunca vistos hasta entonces. Atemorizados ante lo desconocido y tras lograr ponerse a salvo en la isla de Portobelo, se toparon con otro animal similar a los anteriores, pero de aun mayor tamaño, que parecía dispuesto a atacar a Montalban y los suyos en cualquier momento. Sin dudarlo ni un instante, el Aposentador Real se encomendó a la Virgen de los Remedios. Tras lograr escapar sanos y salvos del ataque, a su regreso a Madrid, Alonso de Montalbán decidió construir una capilla dedicada a la Virgen de los Remedios, su providencial salvadora, en la iglesia de San Ginés, colocando a sus pies el animal disecado a modo de exvoto, en recuerdo de aquel milagro que les había salvado la vida.

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Una capilla inaugurada el 30 de julio de 1522, que rápidamente los madrileños empezaron a llamar “la capilla del lagarto”. Estaba situada a mano derecha según se entraba por la calle de Bordadores, resultando destruida en el incendio ocurrido en 1824, tras el cual fue sustituida por la capilla y la imagen de Nuestra Señora del Castillo.

“En tiempos de los Reyes Católicos, doña Isabel y don Fernando, en uno de los viajes que hizo a Indias Alonso de Montalbán, su Aposentador, cuando volvía a España con otros caballeros, llegaron a Portobelo en busca de alimentos, y por tres veces les acometió un feroz caimán o lagarto marino. Perseguidos por él, saltaron a tierra para matarle, y fueron arrimándose a un árbol, junto al cual le alancearon, y alzando los ojos al cielo dicho Montalbán vieron sobre las ramas de dicho árbol a esta devotísima imagen de Nuestra Señora con gran resplandor y admiración suya, bajáronla de él y condujéronla al barco, experimentando su protección durante el viaje” (Archivo Histórico de San Ginés)

Pero ya se sabe, que este tipo de historias, pronto se ven deformadas al transmitirse de unos a otros generación tras generación, de modo que las versiones de los hechos relativos al caimán de San Ginés son varias: una segunda versión de los hechos nos habla de 1522 como fecha de los acontecimientos, asegurando que tras encomendarse a la Virgen, esta hizo caer una rama de un árbol sobre el feroz reptil causando su muerte, e incluso existe una tercera, que a todo lo anterior añade que, al partirse la rama, en su interior apareció una talla de la Virgen de los Remedios, que Alonso de Montalban se trajo consigo en su viaje de regreso a España. Como veis hay para todos los gustos, de modo que cada cual es libre de quedarse con la que mejor le parezca.

El caimán  estuvo a la vista de todos, desde 1522 hasta hace relativamente pocos años, cuando un día, misteriosamente, desapareció de su lugar habitual. Según parece, el párroco, cansado de las visitas a la “capilla del lagarto”, que muy poco o nada tenían que ver con la fe y que sólo iban en busca del animal, decidió retirarlo de las miradas  de los curiosos.

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¿Dónde se encuentra actualmente el famoso caimán de San Ginés?

Hay quien asegura que el caimán está bajo el altar, otros que esta en proceso de restauración, los hay que afirman, que está guardado para no distraer a los feligreses ante las continuas visitas de los curiosos  e incluso hay quien cuenta, que fue el mismo párroco, quien harto del animal, acabo por arrojarlo a la basura. Lo que si parece cierto es que el animal expuesto hasta su misteriosa desaparición, no era sino una copia de cartón realizada tras el ya mencionado incendio, que causo graves destrozos en San Ginés, en el cual se quemó junto con el caimán la talla milagrosa de la Virgen de los Remedios.

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En cualquier caso, lo único cierto es que el caimán de San Ginés esta en paradero desconocido, pero el templo sigue atrayendo día tras día a cientos de fieles y curiosos, que ya no acuden para ver al caimán, sino sus numerosas obras de arte sacro, entre las que se encuentra “La purificación del templo” de El Greco, o el lugar donde Quevedo contrajo matrimonio y fue bautizado Lope de Vega. 

Taberna Antonio Sanchez, castiza y taurina.

Visitar la Taberna Antonio Sánchez es un auténtico viaje en el tiempo, a un Madrid en el que la vida transcurría con mucha mas tranquilidad que en la actualidad. Donde, en todos y cada uno de sus barrios, los vecinos se conocían por su nombre, se interesaban unos por otros y se saludaban al cruzarse por la calle. Es un viaje al siglo XIX, donde podremos revivir un fragmento de la historia de la capital de España a través de multitud de objetos y detalles, que nos transportaran a otra época desde el mismo momento en que traspasemos el umbral.

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 Su fachada de madera, sus baldosas originales, el mostrador de madera y zinc, el grifo de cerveza o los apliques de luz de gas, las fotografías de toreros, las 2 cabezas de morlacos (una es la de Fogoso, el toro con el que tomó la alternativa Antonio Sánchez hijo), las pinturas que adornan las paredes, en las que podemos ver a sus antiguos propietarios, Cara Ancha, Frascuelo y Antonio Sánchez padre.

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Recortes de periódicos antiguos, o carteles que anuncian torrijas a 15 céntimos, prohíben escupir en el suelo o el que nos indica donde esta el “retrete”, hacen de este establecimiento uno de los mas singulares e interesantes de Madrid.

¿Quién fue Antonio Sánchez?

“Antonio Sánchez es uno de los hombres más populares de Madrid. No sólo en su barrio, sino aun en los lejanos a Mesón de Paredes, le saludan, le abrazan, y le convidan a una copa. El vino de su taberna es bueno pero la gente acude a ella por él. Antonio se queja de esta esclavitud que no le deja libre más que las tardes de toros. Y aun a éstas va casi por obligación, porque luego en su casa todos van a preguntarle su juicio sobre toreros y toros, dictamen que es siempre ambiguo, para no lastimar a nadie. Los que le vieron torear rememoran sus hazañas taurinas; los jóvenes que no alcanzaron sus tiempos heroicos le preguntan por ellas” (Antonio Díaz-Cañabate, Historia de una taberna)

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Ya desde muy pequeño, a Antonio le gustaba jugar a los toros en la entonces recién construida plaza del Progreso (actualmente Tirso de Molina). Pero sería a los 15 años, cuando un vecino del barrio de Lavapies, apodado “el Coraje”, le llevó a ver la que fue su primera corrida. La afición prendió rápidamente en el joven, que decidió que quería ser torero. Su padre, sin embargo, le puso a trabajar en el bodegón Le Petit Fornos, un reconocido restaurante madrileño del que era cliente habitual Pio Baroja. Su cada día mayor afición a los toros, le llevó a escaparse en varias ocasiones para ir a las capeas cercanas, consiguiendo matar su primer becerro en una de las becerradas gremiales tan habituales por aquel entonces, para a partir de ese momento pasar a formar pareja torera con Antonio Calvache. Su aprendizaje y formación definitivos vino de la mano de Paco Frascuelos que en aquella época dirigía una escuela de toreros. Fue banderillero y torerillo, hasta que, finalmente, el 16 de junio de 1918, se presentó en la capital, alternando con Vaquerito y Almanseño en una corrida de López Plata, matando su primera novilla. Aquel año  llegó a torear en nada menos que 28 novilladas.

La alternativa llegaría en la Feria de Linares de 1922. Tras haber sido armado matador por Ignacio Sánchez Mejías, con Marcial Lalanda como testigo, Antonio Sánchez sufrió una cornada, que las crónicas de la época nos cuentan así:

“Fue cogido al pasar de muleta, infiriéndole el toro Fogonero de Murube, una grave cornada en el muslo derecho de doce centímetros de profundidad. Pues con lesión tan considerable se levantó rabioso, sin mirarse la ropa, y entrando a matar con notoria audacia, cobró tan gran estocada que le valió los honores de la oreja”.

Su madre, nunca acudió a ver torear a Antonio Sánchez, siempre prefirió quedarse rezando delante del altar, que había instalado en su casa con la imagen de la Virgen de la Paloma. El diario ABC nos cuenta que a lo largo de su vida, Antonio Sanchez sufrió hasta 20 cornadas, aunque otras fuentes señalan que fueron 22.

Su mejor día en la plaza, o al menos el más afortunado, tuvo lugar en Carabanchel, en la plaza de toros de Vista Alegre, popularmente conocida como “La Chata”,  el 17 de julio de 1926, donde compartía cartel en un mano a mano con Mariano Montes. En el quinto Montes fue cogido de muerte por el toro que estaba lidiand0  y Antonio Sánchez mató ese toro y el sexto. Toreo en Mexico donde alcanzó gran popularidad, y tras su regreso a España, se jubiló el 22 de septiembre después de sufrir una grave cornada en Tetuán de las Victorias, que le llevó a las mismísimas puertas de la muerte. El toro que le cogió pertenecía a la ganadería de la Viuda de Ortega, la misma de donde salieron el toro que mató a Gallito y el toro Bailaor, que mató a Joselito en 1920. Más de 2 años tardó Antonio Sánchez en recuperarse de la grave cogida

Breve historia de la taberna de Antonio Sánchez.

La Taberna Antonio Sánchez como taberna, aunque no con ese nombre, ya existía en 1830,  cuando ni siquiera existía la plaza del Progreso y en su lugar, los madrileños aun podían escuchar misa en la iglesia del convento de la Merced, un edificio religioso que desaparecería víctima de la Desamortizaron de Mendizabal en 1837.

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Su primer dueño conocido, el picador Colita, no la compraría hasta 1870, para vendérsela pocos años después al matador Cara Ancha. Finalmente, en 1884 fue adquirida por Antonio Sánchez Ruiz, un comerciante de vinos nacido en Valdepeñas, que sería quien le diera el nombre que aun conserva. Fueron clientes habituales de la taberna, Pio Baroja, Sorolla, Marañón, Julio Camba y Cossio o Antonio Díaz-Cañabate, que encontraría en esta casa la inspiración para escribir en 1944 su “Historia de una taberna”, donde rememora el Madrid que había conocido a principios del siglo XX, durante su juventud y que ya he citado antes.

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También el pintor Ignacio Zuloaga era un parroquiano habitual. Suyo es el retrato de Antonio Sánchez, que se puede ver a la entrada de la taberna, donde el pintor mantuvo su tertulia y realizó su última exposición.

“Alrededor de esta mesa nos hemos sentado muchas noches con Ignacio Zuloaga. Aquí cenábamos unos huevos fritos con la clara rizada y coruscante y la yema intacta, sazonada con una chispita de sal. Una obra maestra estos huevos fritos. En estas cenas es donde únicamente oí hablar a Zuloaga de pintura. Daba consejos a Antonio Sánchez. Y Antonio Sánchez ha ido pintando todos los días, pintando a hurtadillas del trabajo de la taberna; primero, en su casa, en una habitación oscura, con la luz sucia de un patio mezquino” (Antonio Diaz-Cañabate, ABC – 1947)

Tras el fallecimiento de Sánchez, su hijo, también de nombre Antonio, continuó con el negocio, hasta que se su hermana Lola se hizo cargo del mismo hasta 1979, tras lo cual la taberna, corrió serio peligro de desaparecer.

 

Afortunadamente, algunos enamorados de Madrid, sus tradiciones y su historia, como Luis Carandell o José Luis Pécker lograron que esto no sucediera. En la actualidad la regenta Francisco Cies, conocido por los parroquianos como Curro, que haciendo honor a la secular tradición del local, fue torero antes que tabernero. En la actualidad la tertulia de Ignacio Zuloaga ha encontrado digna sucesora en la que fundó y dirige el pintor y poeta Antonio Lebrato, bautizada como “El Rato” y que cuenta con la presencia de ilustres personalidades del mundo de las artes, el periodismo o la política.

La historia de la tinaja número 6.

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Leyenda o realidad, el caso es que en la bodega de la Taberna Antonio Sánchez, se conserva una tinaja de vino que guarda una curiosa y un tanto macabra historia: se cuenta, aunque como de costumbre no podemos saber si esta historia es cierta, que el 2 de mayo de 1808, durante levantamiento del pueblo de Madrid contra los invasores franceses, unos vecinos del barrio mataron a un soldado de Napoleón en las proximidades del establecimiento, tras lo cual y para evitar las represalias habituales en esos casos, lo escondieron en una de las tinajas de la bodega de una taberna cercana. La historia corrió como la pólvora entre los madrileños, que, a partir de ese momento, comenzaron a pedir que se les sirviera vino de la cuba del francés, porque al parecer tenía un bouquet especial, que algunos decían que era el dulce sabor de la venganza, algo que no nos debe sorprender lo mas mínimo, pues, por todos es sabido lo buenos que son los franceses para el vino. Era la tinaja número 6, que tras ser trasladada, aún se conserva en la Taberna Antonio Sánchez.

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Respecto a lo gastronómico, que al fin y al cabo suele ser lo que mas nos suele interesar cuando de una taberna se trata, su carta está especializada en las recetas más madrileñas y castizas, como el cocido, la olla gitana, la tortilla de San Isidro, los huevos estrellados o el rabo de toro estofado, con una mención especial para las torrijas, sin duda de las mejores de Madrid, tanto, que según se cuenta, el rey Alfonso XIII solía encargarlas con frecuencia.

La Taberna Antonio Sánchez es parte de la historia de Madrid, es la taberna sin reformar más antigua de la Villa y Corte, por lo que también es conocida como la taberna de los 3 siglos.

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Taberna Antonio Sánchez

Mesón de Paredes 13 – 28013 Madrid

Teléfono: 915 39 78 26

http://www.tabernaantoniosanchez.com/

Facebook: https://es-es.facebook.com/TabernaAntoniSanchez