Asuntos de palacio. El desaparecido Palacio de Oñate.

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El Palacio de Oñate era un austero edificio construido en el siglo XVII, compartiendo manzana con una de las mancebías más populares de Madrid, frente a la manzana donde se encontraba la casa del Licenciado Melchor de Molina, conocida como la torrecilla de la Puerta del Sol.

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Tenía su acceso principal por la calle Mayor, mientras que su fachada posterior daba a la calle del Arenal con otro de sus lados dando al callejón de la Duda, desaparecido durante la remodelación de la Puerta del Sol llevada a cabo entre los años 1857 y 1862.

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En el plano de Pedro de Teixeira realizado en 1656, podemos apreciar el lugar exacto donde se encontraba el palacio de los condes de Oñate y Villamediana que hoy nos ocupa.

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No se puede decir que fuera un edificio especialmente monumental pese a su gran superficie, ya que en él únicamente era de destacar la magnífica puerta barroca diseñada por el arquitecto Pedro de Ribera en el siglo XVIII durante unas obras de remodelación llevadas a cabo en el añejo caserón.

Realizada en piedra berroqueña, el dintel y las jambas presentaban los adornos y molduras característicos de la arquitectura de Ribera, que se prolongaban en torno a los balcones superpuestos, rematándose el conjunto con el escudo heráldico de los condes de Oñate.

Tras el derribo del palacio en 1913, la puerta fue salvada y ofrecida por el Ayuntamiento de Madrid, a diversas instituciones, mientras languidecía en los almacenes municipales. Finalmente, la oferta fue aceptada por la  Casa de Velázquez, una institución cultural francesa situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde fue instalada en 1935.

Durante la Guerra Civil la Casa de Velázquez resulto tan seriamente dañada, que la magnífica puerta no pudo ser salvada al efectuar la reconstrucción del edificio una vez finalizada la contienda.

Y la puerta del Palacio de Oñate se perdió para siempre.

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El Palacio de Oñate se hizo tristemente célebre por el asesinato en su puerta, el día 21 de agosto de 1622, de D. Juan de Tassis y Peralta, II conde de Villamediana e insigne poeta. Un trágico suceso que nunca se llegaría a aclarar, aunque todo parecía apuntar que fue consecuencia de los rumores acerca de sus ilícitos y adúlteros amoríos con Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. Por los mentideros de la Villa rápidamente corrió el rumor de que tan trágico desenlace tuvo su origen en los sonetos que Villamediana dedico a la Reina, unos sonetos que acabarían circulando por todo Madrid, lo que despertaría los celos y la inevitable desconfianza del monarca. 

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Para complicar aún más el ya de por si escabroso asunto,el 15 de mayo de 1622 se celebro en el palacio de Aranjuez una fiesta en la que se representó la obra titulada “La Gloria de Niquea” escrita por el mismo Villamediana, con prólogo de Luis de Góngora. Tras la mencionada obra se inicio la representación de “El Vellocino de Oro” de Lope de Vega. Durante el segundo acto se produjo un incendio que desató el pánico entre el público asistente e inmediatamente, Villamediana tomó en brazos a la Reina para ponerla a salvo y llevarla a palacio, aunque parece ser que se demoró bastante más de lo necesario, lo que provocó la ira del monarca.

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Y de este modo llegamos a la aciaga noche en la que, regresando a su domicilio en la calle Mayor desde el Real Alcázar de Madrid junto a D. Luis Méndez de Haro en su carruaje, el conde de Villamediana fue atacado por un hombre en el callejón de la Duda. El conde, mortalmente herido fue llevado a su casa, donde nada se pudo hacer por salvar su vida, falleciendo cuando apenas contaba 40 años. Capellán de Felipe III y amigo de Góngora y Lope de Vega, al Fénix de los Ingenios se atribuyen los siguientes versos que hacen referencia al asesinato del conde de Villamediana:

“Mentidero de Madrid, / decidnos: ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid. / Unos dicen que fue el Cid, / por ser el conde Lozano / ¡Disparate chabacano! / Pero lo cierto de ello ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulsor soberano”

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Las temporales del Prado. El Bosco – La exposición del V centenario.

Museo del Prado - El Bosco (1)

El Museo del Prado conmemora el V centenario de la muerte de El Bosco, pintor de sueños y pesadillas, con una gran muestra de sus fascinantes y enigmáticas pinturas integrada por 58 obras procedentes de distintos museos, una exposición que permanecerá abierta hasta el 11 de septiembre de 2016.

Jheronimus van AKen El Bosco

Jheronimus van Aken, “El Bosco” por Cornelis Cort British Museum (Londres)

Un breve apunte biográfico

Jheronimus van Aken, conocido por todos como El Bosco, nació y vivió en ‘s-Hertogenbosch (Bois-le-Duc), una tranquila ciudad situada al norte del ducado de Brabante, en la actual Holanda, a la que desde joven vinculó su nombre artístico al firmar sus obras como Jheronimus Bosch.

Firma de El Bosco

Cuando El Bosco nació en 1460, ‘s-Hertogenbosch era una ciudad próspera, cuya plaza del mercado era el punto de encuentro de todas las clases sociales y el espacio de celebración de todo tipo de actos a los que El Bosco asistía no solo como ciudadano, sino también en calidad de hermano jurado de la cofradía de Nuestra Señora. Disfrutaba por tanto de una elevada posición social lo que le propició que recibiera numerosos encargos tanto de particulares como de diversas instituciones eclesiásticas y civiles. A los 12 años fue testigo del incendio de su ciudad, en el que resultaron destruidas más de 4.000 edificios. Por aquel entonces, estamos en el año 1463, estudiaba en el taller familiar dedicado a la pintura al fresco, y ya firmaba sus primeras obras como Bosch. Aunque no hay constancia fehaciente de ello, es probable que entre 1500 y 1504 El Bosco viajara a Italia, residiendo una temporada en Venecia, ciudad en la que, en colecciones privadas se conservan varias obras suyas. Por otro lado, a partir de estos años el estilo del Bosco evoluciona de forma evidente hacia un estilo renacentista, lo que avala la tesis de ese viaje.

Mercado de telas de s´Hertegenbosch

En 1481 contrajo matrimonio con Aleid van de Meervenne, hija del comerciante Goyarts van de Meervenne, un matrimonio que propicio su ascenso social. Su ingreso en 1486 en la “Illustre Lieve Vrouwe Broederschap” (Ilustre Hermandad de Nuestra Señora) de s´Hertogenbosch hizo que los encargos se sucedieran uno tras otro, haciéndose cargo de la realización, junto con su padre, de un gran retablo encargado por los Concejales de la hermandad finalizado en 1477, pintando entre 1488 y 1489 parte de un políptico esculpido, encargo igualmente de la cofradía.

Jheronimus van Aken El Bosco

Obsesionado con la salvación del alma e influenciado por el misticismo prerreformista de la época, Jheronimus van Aken “El Bosco”, consagro su vida a la imposible tarea de descifrar a través de sus obras los insondables mensajes de la Biblia. En sus obras hay mucho de onírico, visionario y esotérico, pero siempre dentro del credo cristiano, enriqueciendo con sus figuras y sus escenas, muchas veces aberrantes, la imaginería románica y gótica de los pórticos de las catedrales y los bestiarios medievales, donde se nos avisaba de lo que le puede suceder a quien peque y sea condenado al fuego eterno, a la vez que criticaba los vicios, pecados y desvaríos de la sociedad de la época, siempre haciendo uso de su desbordante y asombrosa imaginación. 

El Bosco

Su inmensa capacidad de invención ha hecho que, 500 años después, su obra siga siendo en  muchos casos imposible de descifrar. El Bosco se llevó consigo a la tumba todos sus secretos, tras su fallecimiento, acaecido con toda probabilidad en su ciudad natal en los primeros días de agosto de 1516 (el 9 de agosto se celebraron solemnes exequias por el pintor en la capilla de Nuestra Señora).

Felipe II por Sofonisba Anguissola

Felipe II por Sofonisba Anguissola. Museo del Prado (Madrid)

El Bosco y Felipe II

Mucho se ha escrito acerca de la obra de El Bosco con objeto de intentar descifrar sus misterios y enigmas, con interpretaciones teológicas de toda índole: teológicas, morales, esotéricas, sin que los estudiosos hayan logrado ponerse de acuerdo. Han pasado 500 años y la obra de El Bosco continúa siendo indescifrable incluso para los más expertos, a la vez que continúa fascinándonos.

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Felipe II fue uno de los mayores admiradores del pintor, haciéndose a lo largo de su vida con cuantas obras pudo, reuniendo en España un gran número de ellas, de las que sólo han llegado hasta nuestros días las que ordenó trasladar a El Escorial, continuando la serie de adquisiciones iniciada por sus antecesores Isabel la Católica y Felipe el Hermoso. Hasta tal punto llegaba la admiración del Rey Prudente, que tal y como nos en sus escritos el padre Sigüenza, bibliotecario del Escorial a finales del siglo XVI, durante su agonía, que duró 53 días, el monarca en cuyos reinos no se ponía nunca el sol, mando llevar a sus estancias una gran cantidad de crucifijos y reliquias plenamente convencido de su poder de sanación. Hasta aquí todo parece relativamente normal dentro del catolicismo exacerbado y místico de la época y la bien conocida religiosidad de Felipe II. Lo que ya no resulta tan fácil de entender es que igualmente ordenase disponer alrededor de su lecho las obras de El Bosco que poseía.

Detalle de la Mesa de los Pecados Capitales

Entre ellas estaban la Mesa de los siete pecados capitales, en la que se puede leer la siguiente frase escrita en latín: “Cave, cave, Dominus videt” (Cuidado, cuidado, el señor observa). Finalmente, Felipe II fallecería el de 1598 en el Monasterio de San Lorenzo de el Escorial, sin que nadie hubiera llegado a tener conocimiento de la razón última de tan sorprendente deseo.

Conferencia de prensa

Una polémica felizmente zanjada

Uno de los principales focos de interés de la exposición, es sin duda poder contemplar las tres obras de El Bosco propiedad del museo del Prado, cuya autoría había sido puesta en entredicho recientemente por los holandeses del Bosch Research and Conservation Project tras seis años de estudio. Estas obras son: La Mesa de los pecados Capitales, Las Tentaciones de San Antonio Abad y La Extracción de la piedra de la locura. En la rueda de prensa celebrada para presentar la exposición, Miguel Falomir, director de Conservación del Museo del Prado y Pilar silva, comisaria de la exposición y conservadora jefa de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte, zanjaron la polémica tras afirmar rotundamente que:

“Éstas son obras de El Bosco”

“Cuando atribuye o desatribuye obras de arte, son necesarios argumentos de índole científica, documental o de conocimiento de la historia del arte, y aquí no se dan estos argumentos”

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Prudencia Grillo y el Convento de Santa Isabel la Real, o los inescrutables designios del Señor.

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Prudencia Grillo ha pasado a la historia de la Villa y Corte de Madrid estrechamente ligada al convento de Agustinas Recoletas de Nuestra Señora de la Visitación el primero de la orden en España, que años más tarde, tras su traslado desde la calle del Príncipe hasta la calle de Santa Isabel y un cambio de advocación por decisión de la reina Margarita de Austria, pasaría a ser el convento de Santa Isabel la Real, donde ingresó en 1589, a los 41 años. Hasta ese momento, Prudencia fue el perfecto arquetipo de cortesana de la época que le toco vivir, a caballo entre los siglos XVI y XVII.

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PRUDENCIA GRILLO UNA VIDA DE NOVELA.

El cronista agustino Alonso de Villerino, describió a Prudencia Grillo en su escritos sobre la fundación del convento de la Visitación, con las siguientes palabras:

“Una moza y dama que, criada a las influencias de la corte, vivía más cuydadosa de gozar sus vanidades que de aliñar la quenta que havía de dar a Dios

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 Prudencia nació en Valladolid en 1548, fruto de la unión extramarital del genovés Nicolás Grillo y la conquense María de Rojas, pasando los primeros años de su vida el monasterio agustino de Sancti Spíritus de esta ciudad castellana, en cuyo hospital se acogió a los niños abandonados hasta el siglo XVII. A los seis años se trasladó a la casa paterna situada en Génova, donde vivía hasta el fallecimiento de su progenitor, ocurrido cuando tan solo tenía 14 añoś. A partir de ese momento Prudencia vio como su situación social mejoraba de forma considerable puesto que los Grillo formaban, junto a los Doria, los Centurión y los Espínola, parte de los “albergui” o familias nobles de la República de Génova donde ocuparon cargos importante, lo que les permitió prosperar con gran rapidez, regresando a España años mas tarde tras haber finalizado una relación con el genovés Jácome Lavayo, que cautivo en las galeras de la Señoría de Génova por haber asesinado a un hombre, había conseguido huir a Berbería. La acompaña otro genovés de nombre Aurelio Espínola, instalandose en Granada, ciudad donde viven su madre y un hermano materno. Una relación breve sin duda ya que con tan solo 22 años Prudencia quedó embarazada de Pagan Doria, una vez más otro genovés.

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Parece ser que la relación con Pagan no fue del todo feliz, ya que Prudencia, para evitar que Pagan Doria regresara a Génova, pues temía a sus parientes y había llegado hasta sus oídos que la quería encerrar en un castillo porque estaba celoso, a la vez que le arrebataba a su hijo, Anibal Doria Grillo, nacido en 1570. Prudencia entonces comenzó, sin temer a las posibles consecuencias, a realizar todo tipo de hechizos que evitaran que se hicieran realidad los planes de Pagan Doria, unas practicas que acabaron con nuestra protagonista en manos del Tribunal de la Santa Inquisición de Toledo, en 1571, tras ser acusada de “sacrílega hechicera excomulgada y perjura y haber practicado ritos de hechicería “loca, desatinada y enferma, para obtener el amor de Pagan Doria y evitar su partida. Finalmente la causa fué sobreseída tras considerarse todo el asunto un simple caso de “liviandad y concupiscencia y apetitos deshonestos”.

La batalla naval de Lepanto

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San Nicolás de los Servitas, la iglesia mas antigua de la Villa y Corte.

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La iglesia de San Nicolás de Bari, actualmente de Los Servitas, orden fundada en el S. XIII en Florencia por los siete santos fundadores, cuyos miembros siguen la estricta regla de San Agustín, ya aparece mencionada en el Fuero de Madrid de 1202 como una de las diez parroquias originales, siendo a día de hoy la iglesia más antigua de Madrid tras el derribo en 1868 de la cercana iglesia de Santa María de la Almudena, construida sobre los restos de la antigua mezquita de Mayrit.

Dada su situación se ha pensado que la torre mudéjar de ladrillo, rematada por un chapitel herreriano de pizarra típico en Madrid, es probable que fuese el antiguo minarete de alguna mezquita, aunque no se ha encontrado ningún dato que permita confirmar tal suposición. Está formada por tres cuerpos cúbicos, cada uno de los cuales presenta 12 arquerías de diferente diseño en cada tramo. El primer tramo se puede ver desde el interior de la iglesia, y está decorado con arcos ciegos de tres lóbulos. El segundo, presenta arcos de cinco lóbulos separados por finas columnas de mármol, mientras el tercero y último, presenta simples arcos de herradura apoyados en pequeñas columnas. Un chapitel de estilo herreriano del siglo XVII remata en la actualidad la torre-campanario.

La iglesia, con sus tres naves, data de comienzos del siglo XV mientras que la albañilería y decoración mudéjar de su interior es la única muestra existente en Madrid, al igual que el artesonado de madera con lacerias en sus extremos que cubre la nave central. Por su parte el ábside de San Nicolás situado tras un arco de estilo califal, fue reformado y ampliado a finales del siglo XV, adoptándose una forma poligonal con cubierta interior de nervios de crucería con terceletes, característica de la época de los Reyes Católico. A la derecha del presbiterio se conservan yeserías de estilo mudéjar, también conocido como Cisneros y unas tallas del siglo XVII, de pequeño tamaño pero indudable calidad, como la Inmaculada de la escuela de Alonso Cano, que se encuentra flanqueada por las figuras de San Pedro y San Pablo. 

El retablo mayor es de estilo neo clásico y está presidido por una imagen barroca de la Dolorosa de finales del siglo XVIII atribuida a Salvador Carmona, inspirada en una pintura que se encuentra en la iglesia de San Marcello de Roma. La Virgen se nos presenta sujetando un pañuelo con su mano izquierda mientras mira al cielo y el viento mueve el manto y el velo. Siete puñales clavados en su corazón representan los dolores de la Virgén.

 La iglesia fue profundamente reformada en el siglo XVII, añadiéndose arcos de medio punto y capiteles toscanos, un campanario de estilo toscano y una nueva fachada, con una portada barroca en granito realizada según algunos estudiosos por Pedro de Ribera en la que destaca el medallón con la imagen casi exenta de San Nicolás, obra de Salvador Carmona.

Igualmente se añadieron las dos capillas que se encuentran a ambos lados de la entrada gracias al desplazamiento de la fachada principal. En una de ellas se encuentra la imagen de San Salvador, una obra realizada en 1949 por el valenciano Vicente Tamarit, un Cristo del Consuelo procedente de la iglesia de San Salvador de estilo barroco y un Ecce Homo del antes citado Nicolas de Bussi.

En la segunda capilla se encuentran las piezas correspondientes a la donación que Valeriano Salvatierra, pintor y escultor de cámara de Fernando VII, hizo a San Nicolás tras su milagrosa curación. Entre ellas se encuentra una copia de vestir de la Dolorosa realizada en 1825, así como copias del Cristo de Burgos  y el Cristo de Mengs que el monarca tenía en su dormitorio, dos bustos de Cristo y la Dolorosa, e imágenes de San Miguel, San José y san Cayetano del siglo XVIII.

En un lateral se encuentra una talla de San Antonio de Padua restaurante recientemente y sobre los dos pilares que separan las naves de san Nicolás podemos ver una imagen de la Virgen de la Soledad, nuestra querida Paloma, con su corona de metal y los agujeros que permiten la colocación del rosario y un pequeño bajorrelieve policromado de estilo barroco que representa a las ánimas del Purgatorio. 

Una lápida situada a los pies de la nave central nos recuerda que en san Nicolás estuvo enterrado el arquitecto Juan de Herrera, mientras se acondicionaba el panteón familiar situado en Cantabria donde se encuentran sus restos en la actualidad. También se sabe, gracias a los libros parroquiales, que en 1583 fue bautizado en San Nicolás Alonso de Ercilla, conquistador de Chile y autor  de “la Araucana”.

En 1805, las parroquias de San Nicolás y El Salvador se fusionaron ante el estado de ruina en que se encontraba la primera, lo que hizo que se trasladaran todos los bienes a la iglesia cercana. Durante la invasión napoleónica fue utilizada como almacén por las tropas francesas, quedando después el edificio prácticamente abandonado hasta que en 1825 la Orden Tercera de los Servitas solicitó a Roma la cesión del templo, concesión que se hizo realidad un año más tarde, procediendo a continuación a la restauración del templo.

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En 1842, fue San Salvador la que sería finalmente demolida ante el estado de ruina inminente, lo que hizo que de nuevo ambas parroquias se unieran, con los consiguientes malentendidos entre los párrocos de ambas a causa de los bienes de una y otra y a cargo de que sacerdotes estarían las celebraciones de las diferentes misas. Así se llegaría hasta finales del siglo XIX, cuando en 1891 se trasladaron las dos parroquias a la iglesia del desaparecido hospital del Amor de Dios en Antón Martín, donde en la actualidad se encuentra la iglesia de El Salvador y San Nicolás, pasando a llamarse la iglesia que nos ocupa San Nicolás de los Servitas. San Nicolás fue declarado Monumento Nacional en 1931.

Como dato curioso hay que mencionar un sillar de piedra que se encuentra en el exterior de la iglesia, en la zona correspondiente al ábside. Se trata de una pequeña pieza reutilizada, con toda probabilidad procedente de alguna lapida de un enterramiento. En ella se puede leer parte de una inscripción con siete líneas escritas en castellano antiguo con letra de tipo humanístico capital.

 

El desaparecido Convento de la Trinidad Calzada. Una víctima de la desamortización de Mendizábal.

Convento de la Trinidad - Maqueta de Madrid en 1830 (Museo de Historia de Madrid)

El Convento de los Trinitarios Calzados o de la Trinidad Calzada, que podemos ver en la maqueta de Madrid realizada por León Gil palacio entre 1828 y 1830 expuesta en el Museo de la Ciudad de Madrid, estaba junto a la actual plaza de Jacinto Benavente, ocupando una mañana de gran superficie delimitada por las calles de Atocha, Relatores, Barrio Nuevo (actualmente Concepción Jerónima y Conde de Romanones) y la Merced (en la actualidad Plaza de Tirso de Molina). El escritor y humanista Baltasar Porreño, afirma que el mismísimo Felipe II, con la ayuda de algún discípulo de Juan de Herrera, contribuyó al diseño de un convento que era, junto al de la Victoria y al de San Felipe, uno de los más importantes del  Madrid de los Austrias.

La Orden Trinitaria y el Convento de la Trinidad Calzada.

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La Orden Trinitaria fue fundada por  San Juan de Mata en Cerfroid (París) en el año 1194, aunque la regla no sería aprobada por el Papa Inocencio III hasta 1198. Su objetivo principal era la liberación y asistencia sanitaria de los cristianos cautivos en manos de los musulmanes, llegando los trinitarios en su altruismo, a intercambiar sus vidas por los de las de los cautivos cuando no era posible pagar el rescate exigido. Su primer convento en Madrid no se fundó hasta el siglo XVI, tras el traslado de la capital de España a esta ciudad en 1561.

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El gran complejo monástico, cuya construcción no dio comienzo hasta 1590 pese a haber sido fundado en 1562, estaba formado por cuatro edificios entre los que destacaba la iglesia, cuya construcción fue dirigida por el maestro de obras Gaspar Ordoñez, y que en el momento de su construcción fue una de las más amplias de Madrid, ciudad en la que se fundaron en menos de 100 años, entre los reinados de Felipe II y Felipe IV, nada menos que 48 conventos o monasterios. La iglesia presentaba planta de cruz latina con crucero y cúpula soportada por pechinas y pilastras de orden corintio. En la fachada principal que daba a la calle de Atocha, destacaba su portada enmarcada por columnas y rematada por un bajo relieve de Santísima la Trinidad.

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En la Planimetría de la Villa de Madrid realizada por Pedro de Teixeira en 1656 para Felipe IV se puede observar, marcado con el número VII,  como

“Convento de la Santísima Trinidad. Fundación de Sus Religiosos. Año 1562”

En el plano se pueden ver la iglesia, el gran claustro con un atrio con fuente central, los distintos patios y una zona ajardinada situada en la parte trasera. 

El Convento de la Trinidad en el plano de Antonio Marcelli y Frederic de Wit  (1622-1635)

Por su parte, Antonio Marcelli en el plano realizado en 1622 (editado por Frederic de Wit en Flandes en 1635) no fue tan detallista como Teixeira, pero sí reflejo el convento en el plano pudiéndose observar algunos cambios, ya que el portugués situó el campanario de la iglesia en la esquina de las calles de Atocha con Relatores, mientras que Marcelli y Wit lo dibujan centrado respecto a la calle de Atocha.

El rescate de Miguel de Cervantes de Argel.

La historia de este convento está estrechamente ligada a Miguel de Cervantes Saavedra, ya que sería de la Trinidad desde donde partirían rumbo a Argel el 1 de mayo de 1580, fray Antón de la bella y fray Juan Gil, junto con el escribano de rescate, quienes serían los encargados de rescatar  de su cautiverio al autor de “El Quijote”.

Tras la desamortización de Mendizábal fue sede de una sociedad lírica llamada Instituto Español. En 1847 se cerró la iglesia y fue convertido en el Museo Nacional de Pinturas, instalándose años más tarde en parte del edificio el Ministerio de Fomento, hasta que dado el mal estado del edificio, éste fue abandonado y finalmente demolido en 1897, abriéndose la calle del Doctor Cortezo y construyendo el Teatro Odeón, antecesor del Teatro Calderón, mientras que el Ministerio de Fomento fue trasladado al majestuoso Palacio de Fomento, inaugurado en 1897 en Atocha.         Sigue leyendo

La Gran Vía y sus edificios. Tramo III.

En esta tercera y última parte de nuestro recorrido a lo largo de la Gran Vía, recorreremos el Tramo III o Avenida C desde su inicio en la plaza del Callao, hasta finalizar en la plaza de España.

Gran Vía - Tramo III (3)

La construcción del tercer y último tramo de la Gran Vía no se inició hasta 1925. En un principio estaba previsto que la anchura de esta avenida fuera de 25 metros al igual que el tramo I o Avenida B, pero finalmente se decidió ampliar su anchura hasta los 35 metros, igualándolo con el tramo II o Avenida A.

Gran Vía - Tramo III (2)

Los edificios de este tramo de la Gran Vía son menos monumentales y llamativos que sus predecesores, lo cual no quiere decir que tengan menos calidad. Aunque algunos de ellos fueron edificados en una época de escasez de materiales como fue la posguerra. Se abandona el barroco por estilos más racionalistas y funcionales, con un gran número de comercios, cines, salas de fiestas y bares. La muy discutida demolición del mercado de los Mostenses o de la Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja retrasó la construcción de parte de los edificios.

Guerra Civil 33 - La Gran Vía

Si los dos primeros tramos seguían el trazado de las calles San Miguel y Jacometrezzo, en esta tercera parte no había una calle preexistente sobre la que construir, por lo que se hizo enteramente nueva atravesando callejones y callejuelas. La avenida A se llamó desde 1921 avenida de Eduardo Dato. Durante la Guerra Civil fue la avenida de Méjico, aunque popularmente fue llamada avenida de los obuses o del 15, por el calibre de los proyectiles que las tropas franquistas lanzaban sobre la avenida. Del año 1939 hasta 1980 Avenida de José Antonio y desde 1980 Gran Vía.

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Desaparecieron para facilitar la construcción de este último tramo en este el mercado de los Mostenses y la Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, así como las calles de San Cipriano, Eguiluz, Santa Margarita, Travesía del Conservatorio, Rosal, Parada, Federico Balart, Travesía de Altamira, Peralta, el Callejón del Perro y la Travesía de la Moriana y fueron reformadas las calles de Ceres, Leganitos, San Bernardo, Reyes, Plaza de los Mostenses, Isabel la Católica, Flor Alta, Silva, Tudescos y las plazas de Leganitos y San Marcial.

Gran Vía - Tramo III (4)

Y ahora, pasemos a repasar los edificios más representativos de este último tramo de la Gran Vía madrileña. Sigue leyendo

Las temporales del Thyssen. Realistas de Madrid y Wieth: Andrew y Jamie en el estudio.

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REALISTAS DE MADRID

Hasta el 22 de mayo del 2016, el Museo Thyssen-Bornemisza rinde homenaje con la exposición titulada “Realistas de Madrid”, a un grupo de pintores y escultores que han vivido y trabajado en la capital de España desde la década de 1950, unidos tanto por su trabajo como por sus relaciones personales y familiares: Amalia Avia, Francisco López, Julio López, María Moreno, Esperanza Parada, Isabel Quintanilla y el propio Antonio López, cuya obra fue objeto de una exposición monográfica en el Thyssen en 2011. Siete artistas cuya formación transcurrió en Madrid, entre la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, el Museo del Prado y el Casón del Buen Retiro, donde se encontraba entonces el Museo de Reproducciones artísticas, sin olvidar sus frecuentes viajes a Italia, donde descubrieron desde la pintura de la Roma antigua hasta la pintura italiana del siglo XX, sin olvidar el arte del Renacimiento

La exposición, comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza y María López, hija de Antonio López, cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid, y es la primera que se les dedica en la capital en el último cuarto de siglo, reconociendo así, el lugar histórico que merece el realismo español como parte de la historia del arte moderno.

Antonio López - Lavabo y espejo - 1967

Incluye cerca de 90 piezas, entre las que se cuentan óleos, esculturas, relieves y dibujos, procedentes de diversas instituciones internacionales, colecciones particulares y las colecciones de los propios artistas. Entre las pinturas expuestas se cuentan: “Roma” (Isabel Quintanilla – 1962) “Lavabo y espejo” (Antonio López – 1967), “Granadas” (Isabel Quintanilla – 1970), “Ventana de noche” (Francisco López – 1972), “Benito Sánchez fontanero” (Amalia Avia – 1988), “Gran Vía I” (María Moreno – 1989), Filatelia Finarte (Aamalia Avia – 1989) “Naturaleza muerta de la sandía” (María Moreno – 1990), “Gran Vía, 1 de agosto 7:30 horas” (Antonio López – 2015).

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Entre las esculturas podemos ver: “Busto de Francesco” (Francisco López – 1971), “El hombre del Sur” (Julio López – 1972) y “El sueño” (Julio López – 1976), por citar tan solo algunas de ellas.

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WYETH: ANDREW Y JAMIE EN EL ESTUDIO

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta hasta el 19 de junio de 2016, junto con el Denver Art Museum la primera retrospectiva llevada a cabo en Europa sobre Andrew Wyerth y su hijo Jamie, destacados representantes del realismo americano del siglo XX.

Comisariada por Timothy Standring, conservador de pintura y escultura de la Gates Foundation del Denver Art Museum, nos descubre cómo el trabajo de ambos artistas discurría en paralelo, se complementaba o incluso servía para plantear desafíos entre ellos, a través más de 60 obras procedentes de instituciones públicas y colecciones privadas, algunas de ellas nunca antes expuestas en público, ofreciendo al visitante la oportunidad de conocer la obra de estos dos artistas, recorriendo todas los periodos de su producción, realizada mediante diversas técnicas: el dibujo a pluma, lápiz o carboncillo, la acuarela, el pincel seco, el temple, el óleo o la técnica mixta
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Planteada como una conversación artística entre los dos pintores está organizada en siete secciones: Padre e hijo, Amigos y vecinos, Lugares compartidos, Desnudos, Animales, Control y exuberancia y Extraños prodigios.

Andrew Wyerth afirmó en cierta ocasión:

“Me gustaría que me recordaran como el padre del artista Jamie Wyeth”

Y Jamie ha afirmado que era de su padre de quien más había aprendido sobre arte. Pero para ambos la creación se iniciaba con una emoción profunda:

“Pinta lo que te inspire en cada momento; pinta lo que conoces y amas”

Afirmando Jamie al preguntarle sobre su padre durante una entrevista:

 “Se ha escrito mucho sobre la obra de mi padre, definiéndolo como un pintor realista, pero no era ni preciso, ni minucioso, ni ordenado. Era un pintor salvaje, explosivo”

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Coincidiendo con la exposición dedicada a los Wyeth se presenta una selección de 27 fotografias de la fotógrafa francesa Joséphine Douet, quien asegura que:

“No solo he construido relaciones cercanas y profundas con la gente de Chadds Ford, sino también con antiguos modelos de Andrew Wyeth, llegando a compartir momentos extraordinarios con Helga, su musa secreta durante quince años”

Durante un mes, Douet siguió los pasos de Andrew Wyeth realizando instantáneas de los lugares y motivos que le inspiraron en su ciudad natal, Chadds Ford (Pensilvania), desde un nuevo punto de vista que recrea la producción del pintor, a la vez que nos ofrecen una nueva visión de la misma, gracias al diferente punto de vista de pintor y fotografa.