La casa de “Tócame Roque”

Casa de tócame Roque: Aquella en que vive mucha gente y hay mala dirección y el consiguiente desorden. (Real Academia Española – RAE)

placa-en-la-calle-barquillo

Estoy seguro de que muchos de nosotros, por no decir todos, hemos escuchado en más de una ocasión la frase “esto parece la casa de Tócame Roque”, para referirse a algún lugar caótico en el que reinan el más absoluto desorden y la confusión. Pero lo que seguramente es menos conocido, es que esta castiza expresión madrileña, nació de un hecho concreto y cierto: la casa de Tócame Roque existió realmente. En Madrid, en pleno barrio de Chueca, estuvo en pie al menos desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, siendo  bien conocida por todos los madrileños por sus continuos alborotos, riñas y trifulcas.

situacic3b3n-del-a-casa-de-tc3b3came-roque-en-el-plano-de-madrid-de-tomc3a1s-lc3b3pez

La casa de marras se encontraba en la esquina de la calle Barquillo con la de Belén, lugar en el que una de las placas amarillas del Ayuntamiento de Madrid, nos recuerda la existencia de esta corrala abierta a un patio de vecindad, inmortalizada por D. Ramón de la Cruz en su sainete “La Petra y la Juana o el buen casero”, obra más conocida como “La casa de Tócame Roque”.

la-casa-de-tocame-roque-manuel-garcia-22hispaleto222

Era una casa de vecindad típica de la época, una corrala fea e insalubre, que fue llamada de este modo debido a sus propietarios, dos hermanos llamados Juan y Roque, enzarzados en una continua discusión acerca de una herencia, cuyo origen parece remontarse al siglo XVIII, ya que en 1787 podemos encontrar una referencia a la misma, en el Diario noticioso, curioso, erudito y comercial, público y económico, considerado el primer diario publicado en España. Según cuenta la tradición, la casa les tocó en herencia a Roque y Juan, pero como el testamento no especificaba a quién de los dos, cada uno decía “tócame a mí”, contestándole el otro, “no, tócame a mí”. Y así, una y otra vez. “Tócame a mí”, repetía uno, “tócame, Roque”, le respondía el hermano, razón por la que la casa pasó a ser conocida como la de Tócame Roque.

2-de-mayo-jimeno-bazaga

El 2 de mayo de 1808 , los vecinos de la casa de Tócame Roque, todos a una, olvidándose de sus constantes trifulcas, se unieron para hacer frente a los franceses:

“Cuando los soldados de Murat se ensañaban en las represalias extremas, el caserón de la calle del Barquillo sirvió de refugio a muchos valientes hijos del pueblo, que salvaron sus vidas en aquel laberinto de entradas patios y corrales” (Nuevo Mundo – 21 de mayo de 1908)”

escenas-matritenses-mesonero-romanos

D. Ramón de Mesonero Romanos, la describió como una de esos edificios donde hallaban colocación centenares de familias de diversas condiciones y semblanzas, que solían dar quehacer a los alguaciles y caseros. Así mismo, en su relato “El día de toros” incluido en sus “Escenas matritenses” publicado en 1842, escribía cómo la casa aún se alzaba en la calle Barquillo.

“Señalada con el número 27 nuevo y es propia del señor conde de Polentinos”

  El Diario de Madrid, sucesor del Diario noticioso, curioso, erudito y comercial, político y económico, en su numero del 25 de septiembre de 1804 avisaba a quien quisiera comprar esta casa tasada en 405.256 reales, que acudiera a la escribanía de D. Santiago Estepar. En ese mismo diario se describía la corrala en 1810 del siguiente modo:

“Constaba solo de piso bajo, principal y buhardillas, de aquellas de tronera saliente. Un gran patio, empedrado de cuña y rodeado de soportales, servía de lavadero común, solana, tendedero y terturlia en verano a todo aquel pueblo en miniatura en el que vivían unas 80 familias”

Por su parte, la revista La Ilustración de la Mujer, describía así el edificio en 1875: 

“En el centro del patio había una fuente y un pozo con varias pilas para surtir de agua potable y servir para la limpieza de la comunidad y en el centro delportalón se sostenía un gran farol cuyo gasto se pagaba a prorrateo entre todos los vecinos”

El tenso y conflictivo final de la casa de Tócame Roque

El 23 de agosto de 1849, el Ayuntamiento de Madrid reunido en sesión del Pleno en la Casa de la Villa, acordó el derribo de controvertido edificio, a fin de dar a la calle de Fernando VI una salida al Paseo de Recoletos, a través de la plaza de las Salesas y la calle de Bárbara de Braganza. En aquel entonces habitaban la casa unos 80 vecinos, que cuando supieron que tenían que desalojar el inmueble, amenazaron con matar al propietario.

casa-de-la-villa

“La última batalla de los vecinos de la casa de Tócame Roque ha sido de las más ruidosas. Los inquilinos de la memorable huronera se han defendido como unos héroes antes de capitular con el casero y de resignarse a salir con los trastos al arroyo. Jamás se vio propietario alguno en aprieto tal para obligar a sus contribuyentes a hacer un mutis” (Diario La Época)

La situación se prolongó durante meses, hasta que el propietario no tuvo más remedio que recurrir a la autoridad, que logró desalojar a las últimas 50 familias en septiembre de 1850.

“Madrid acaba de perder una de sus más gloriosas antigüedades; una leonera, en la que desde tiempo inmemorial se armaba cotidianamente cada zipi-zape que cantaba el misterio, y la cual sirvió de asunto para uno de los mejores sainetes de D. Ramón de la Cruz. Ya no existe la famosa Casa de Tócame-Roque” (Diario La Época – 18 de septiembre de 1850)   

Hoy no quedan restos de esta ruidosa leonera vecinal, salvo en obras literarias como el ya mencionado sainete de Ramón de la Cruz, la novela “La Casa de Tócame Roque o Un Crimen Misterioso” de Ramón Ortega y Frías, o en la obra “Napoleón en Chamartín” de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, donde la casa de Tócame Roque es descrita así:

“La casa era de esas que pueden llamarse mapa universal del género humano por ser un edificio compuesto de corredores, donde tenían su puerta numerada multitud de habitaciones pequeñas, para familias pobres. A esto llamaban casas de Tócame Roque, no sé por qué”

calle-barquillo

Con el derribo de tan singular y peculiar edificio, cuyas viviendas eran, según Larra, del tamaño de los baúles, desaparecía todo un símbolo hecho literatura por autores como Ramón de la Cruz, Ramón Ortega Frías, Ramón de Mesonero Romanos, Benito Pérez Galdós, Manuel Fernández González, Saturnino Calleja o José del Corral.

Anuncios

Taberna Antonio Sanchez, castiza y taurina.

Visitar la Taberna Antonio Sánchez es un auténtico viaje en el tiempo, a un Madrid en el que la vida transcurría con mucha mas tranquilidad que en la actualidad. Donde, en todos y cada uno de sus barrios, los vecinos se conocían por su nombre, se interesaban unos por otros y se saludaban al cruzarse por la calle. Es un viaje al siglo XIX, donde podremos revivir un fragmento de la historia de la capital de España a través de multitud de objetos y detalles, que nos transportaran a otra época desde el mismo momento en que traspasemos el umbral.

fachada-de-la-taberna-antonio-sanchez

 Su fachada de madera, sus baldosas originales, el mostrador de madera y zinc, el grifo de cerveza o los apliques de luz de gas, las fotografías de toreros, las 2 cabezas de morlacos (una es la de Fogoso, el toro con el que tomó la alternativa Antonio Sánchez hijo), las pinturas que adornan las paredes, en las que podemos ver a sus antiguos propietarios, Cara Ancha, Frascuelo y Antonio Sánchez padre.

Taberna Antonio Sánchez (3)

Recortes de periódicos antiguos, o carteles que anuncian torrijas a 15 céntimos, prohíben escupir en el suelo o el que nos indica donde esta el “retrete”, hacen de este establecimiento uno de los mas singulares e interesantes de Madrid.

¿Quién fue Antonio Sánchez?

“Antonio Sánchez es uno de los hombres más populares de Madrid. No sólo en su barrio, sino aun en los lejanos a Mesón de Paredes, le saludan, le abrazan, y le convidan a una copa. El vino de su taberna es bueno pero la gente acude a ella por él. Antonio se queja de esta esclavitud que no le deja libre más que las tardes de toros. Y aun a éstas va casi por obligación, porque luego en su casa todos van a preguntarle su juicio sobre toreros y toros, dictamen que es siempre ambiguo, para no lastimar a nadie. Los que le vieron torear rememoran sus hazañas taurinas; los jóvenes que no alcanzaron sus tiempos heroicos le preguntan por ellas” (Antonio Díaz-Cañabate, Historia de una taberna)

antonio-sc3a1nchez-4

Ya desde muy pequeño, a Antonio le gustaba jugar a los toros en la entonces recién construida plaza del Progreso (actualmente Tirso de Molina). Pero sería a los 15 años, cuando un vecino del barrio de Lavapies, apodado “el Coraje”, le llevó a ver la que fue su primera corrida. La afición prendió rápidamente en el joven, que decidió que quería ser torero. Su padre, sin embargo, le puso a trabajar en el bodegón Le Petit Fornos, un reconocido restaurante madrileño del que era cliente habitual Pio Baroja. Su cada día mayor afición a los toros, le llevó a escaparse en varias ocasiones para ir a las capeas cercanas, consiguiendo matar su primer becerro en una de las becerradas gremiales tan habituales por aquel entonces, para a partir de ese momento pasar a formar pareja torera con Antonio Calvache. Su aprendizaje y formación definitivos vino de la mano de Paco Frascuelos que en aquella época dirigía una escuela de toreros. Fue banderillero y torerillo, hasta que, finalmente, el 16 de junio de 1918, se presentó en la capital, alternando con Vaquerito y Almanseño en una corrida de López Plata, matando su primera novilla. Aquel año  llegó a torear en nada menos que 28 novilladas.

La alternativa llegaría en la Feria de Linares de 1922. Tras haber sido armado matador por Ignacio Sánchez Mejías, con Marcial Lalanda como testigo, Antonio Sánchez sufrió una cornada, que las crónicas de la época nos cuentan así:

“Fue cogido al pasar de muleta, infiriéndole el toro Fogonero de Murube, una grave cornada en el muslo derecho de doce centímetros de profundidad. Pues con lesión tan considerable se levantó rabioso, sin mirarse la ropa, y entrando a matar con notoria audacia, cobró tan gran estocada que le valió los honores de la oreja”.

Su madre, nunca acudió a ver torear a Antonio Sánchez, siempre prefirió quedarse rezando delante del altar, que había instalado en su casa con la imagen de la Virgen de la Paloma. El diario ABC nos cuenta que a lo largo de su vida, Antonio Sanchez sufrió hasta 20 cornadas, aunque otras fuentes señalan que fueron 22.

Su mejor día en la plaza, o al menos el más afortunado, tuvo lugar en Carabanchel, en la plaza de toros de Vista Alegre, popularmente conocida como “La Chata”,  el 17 de julio de 1926, donde compartía cartel en un mano a mano con Mariano Montes. En el quinto Montes fue cogido de muerte por el toro que estaba lidiand0  y Antonio Sánchez mató ese toro y el sexto. Toreo en Mexico donde alcanzó gran popularidad, y tras su regreso a España, se jubiló el 22 de septiembre después de sufrir una grave cornada en Tetuán de las Victorias, que le llevó a las mismísimas puertas de la muerte. El toro que le cogió pertenecía a la ganadería de la Viuda de Ortega, la misma de donde salieron el toro que mató a Gallito y el toro Bailaor, que mató a Joselito en 1920. Más de 2 años tardó Antonio Sánchez en recuperarse de la grave cogida

Breve historia de la taberna de Antonio Sánchez.

La Taberna Antonio Sánchez como taberna, aunque no con ese nombre, ya existía en 1830,  cuando ni siquiera existía la plaza del Progreso y en su lugar, los madrileños aun podían escuchar misa en la iglesia del convento de la Merced, un edificio religioso que desaparecería víctima de la Desamortizaron de Mendizabal en 1837.

Taberna Antonio Sánchez (1)

Su primer dueño conocido, el picador Colita, no la compraría hasta 1870, para vendérsela pocos años después al matador Cara Ancha. Finalmente, en 1884 fue adquirida por Antonio Sánchez Ruiz, un comerciante de vinos nacido en Valdepeñas, que sería quien le diera el nombre que aun conserva. Fueron clientes habituales de la taberna, Pio Baroja, Sorolla, Marañón, Julio Camba y Cossio o Antonio Díaz-Cañabate, que encontraría en esta casa la inspiración para escribir en 1944 su “Historia de una taberna”, donde rememora el Madrid que había conocido a principios del siglo XX, durante su juventud y que ya he citado antes.

antonio-sc3a1nchez-3

También el pintor Ignacio Zuloaga era un parroquiano habitual. Suyo es el retrato de Antonio Sánchez, que se puede ver a la entrada de la taberna, donde el pintor mantuvo su tertulia y realizó su última exposición.

“Alrededor de esta mesa nos hemos sentado muchas noches con Ignacio Zuloaga. Aquí cenábamos unos huevos fritos con la clara rizada y coruscante y la yema intacta, sazonada con una chispita de sal. Una obra maestra estos huevos fritos. En estas cenas es donde únicamente oí hablar a Zuloaga de pintura. Daba consejos a Antonio Sánchez. Y Antonio Sánchez ha ido pintando todos los días, pintando a hurtadillas del trabajo de la taberna; primero, en su casa, en una habitación oscura, con la luz sucia de un patio mezquino” (Antonio Diaz-Cañabate, ABC – 1947)

Tras el fallecimiento de Sánchez, su hijo, también de nombre Antonio, continuó con el negocio, hasta que se su hermana Lola se hizo cargo del mismo hasta 1979, tras lo cual la taberna, corrió serio peligro de desaparecer.

 

Afortunadamente, algunos enamorados de Madrid, sus tradiciones y su historia, como Luis Carandell o José Luis Pécker lograron que esto no sucediera. En la actualidad la regenta Francisco Cies, conocido por los parroquianos como Curro, que haciendo honor a la secular tradición del local, fue torero antes que tabernero. En la actualidad la tertulia de Ignacio Zuloaga ha encontrado digna sucesora en la que fundó y dirige el pintor y poeta Antonio Lebrato, bautizada como “El Rato” y que cuenta con la presencia de ilustres personalidades del mundo de las artes, el periodismo o la política.

La historia de la tinaja número 6.

antonio-sc3a1nchez-51

Leyenda o realidad, el caso es que en la bodega de la Taberna Antonio Sánchez, se conserva una tinaja de vino que guarda una curiosa y un tanto macabra historia: se cuenta, aunque como de costumbre no podemos saber si esta historia es cierta, que el 2 de mayo de 1808, durante levantamiento del pueblo de Madrid contra los invasores franceses, unos vecinos del barrio mataron a un soldado de Napoleón en las proximidades del establecimiento, tras lo cual y para evitar las represalias habituales en esos casos, lo escondieron en una de las tinajas de la bodega de una taberna cercana. La historia corrió como la pólvora entre los madrileños, que, a partir de ese momento, comenzaron a pedir que se les sirviera vino de la cuba del francés, porque al parecer tenía un bouquet especial, que algunos decían que era el dulce sabor de la venganza, algo que no nos debe sorprender lo mas mínimo, pues, por todos es sabido lo buenos que son los franceses para el vino. Era la tinaja número 6, que tras ser trasladada, aún se conserva en la Taberna Antonio Sánchez.

antonio-sc3a1nchez-12.jpg

Respecto a lo gastronómico, que al fin y al cabo suele ser lo que mas nos suele interesar cuando de una taberna se trata, su carta está especializada en las recetas más madrileñas y castizas, como el cocido, la olla gitana, la tortilla de San Isidro, los huevos estrellados o el rabo de toro estofado, con una mención especial para las torrijas, sin duda de las mejores de Madrid, tanto, que según se cuenta, el rey Alfonso XIII solía encargarlas con frecuencia.

La Taberna Antonio Sánchez es parte de la historia de Madrid, es la taberna sin reformar más antigua de la Villa y Corte, por lo que también es conocida como la taberna de los 3 siglos.

dscn6836

Taberna Antonio Sánchez

Mesón de Paredes 13 – 28013 Madrid

Teléfono: 915 39 78 26

http://www.tabernaantoniosanchez.com/

Facebook: https://es-es.facebook.com/TabernaAntoniSanchez