Eduardo Torroja y los viaductos de la Ciudad Universitaria. La historia de tres puentes

NEGATIVO

Hoy, en DE REBUS MATRITENIS, vamos a contaros el curioso destino de tres obras públicas realizadas en los primeros años 30 del S.XX por el ingeniero de caminos, canales y puertos Eduardo Torroja Miret, uno de las mayores especialistas en construcciones y estructuras de hormigón armado de la historia de la ingeniería.

En Madrid, su obra más destacada llegada hasta nuestros días, es la cubierta de la tribuna del Hipódromo de la Zarzuela, una estructura innovadora para su época que, milagrosamente, logró sobrevivir a la Guerra Civil.

También hay que destacar el tristemente desaparecido Frontón Recoletos o el anfiteatro del Hospital Clínico San Carlos, la nave Boetticher y varios hangares en Barajas, Cuatro Vientos  y Torrejón.

Un breve apunte biográfico

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Para entender mejor la obra de Eduardo Torroja, nada mejor que leer el prólogo de su libro “Razón y Ser de los Tipos Estructurales” en el que nos dice:

“Cada material tiene una personalidad específica distinta, y cada forma impone un diferente fenómeno tensional. La solución natural de un problema -arte sin artificio-, óptima frente al conjunto de impuestos previos que le originaron, impresiona con su mensaje, satisfaciendo, al mismo tiempo, las exigencias del técnico y del artista. El nacimiento de un conjunto estructural, resultado de un proceso creador, fusión de técnica con arte, de ingenio con estudio, de imaginación con sensibilidad, escapa del puro dominio de la lógica para entrar en las secretas fronteras de la inspiración. Antes y por encima de todo cálculo está la idea, moldeadora del material en forma resistente, para cumplir su misión. A esa idea va dedicado este libro.”

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Eduardo Torroja Miret, hijo del arquitecto y matemático Eduardo Torroja Caballé, nació en Madrid el 27 de agosto de 1899.

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En 1917 ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales, fundada por Agustín de Betancourt en 1802 a semejanza de la École des Ponts et Chaussès de Paris, donde terminaría la carrera en 1923, comenzando a trabajar en la Compañía de Construcciones Hidráulicas Civiles, dirigida por el que fuera su profesor en la Escuela de Caminos José Eugenio Ribera.

Allí lleva a cabo proyectos como la cimentación de el puente de la Carraca y el acueducto de Tempul, sobre el río Guadalete, ambos en Cádiz, y el puente de San Telmo, en Sevilla.

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En 1926 contrajo matrimonio con Dª. Carmen Cabanillas Prospera con quien tuvo sus cuatro hijos, Carmen, Mercedes, José Antonio y Eduardo. En 1927 se independiza, abriendo en Madrid su propia oficina de proyectos de ingeniería realizando en 1932, en colaboración con el arquitecto Manuel Sánchez Arcas, la Central térmica de la Ciudad Universitaria, un proyecto por el que  recibieron en 1932 el Premio Nacional de Arquitectura y la cubierta del Mercado de Abastos de Algeciras. Pocos años después, junto con otros arquitectos e ingenieros, funda la empresa ICON, dotada de avanzados laboratorios para la investigación sobre modelos reducidos, que sería el punto de partida del Instituto Técnico de la Construcción y la Edificación creado en 1934, del que Torrija sería primer secretario.

Finalizada la Guerra Civil en 1939, la Escuela Especial de Caminos, Canales y Puertos le ofrece ser profesor de Cálculo de Estructuras, Resistencia de Materiales, Fundamento del Cálculo y Ejecución de obras de hormigón armado y pretensado, entre otras. En 1941 es se hace cargo de la dirección del Laboratorio Central de Ensayo de Materiales de Construcción situado en la propia escuela de Caminos, proyectando un nuevo edificio para este laboratorio. Su trayectoria profesional, finalizaría en el Instituto Técnico de la Construcción y el Cemento, que tras su muerte pasaría a llamarse Instituto Eduardo Torroja de la Construcción y el Cemento.

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Recibió varias condecoraciones, entre ellas la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio o la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil y fue nombrado Doctor Honoris Causa por las universidades de Toulouse, Buenos Aires, Chile entre otras. Tras su fallecimiento, ocurrido  en Madrid el 15 de junio de 1961, el General Franco le concedió pocos meses más tarde, el 1 de octubre de 1961, el título de marqués de Torroja, que en la actualidad ostenta el mayor de sus hijos varones (también ingeniero de caminos, canales y puertos), José Antonio Torroja Cabanillas, padre de la cantante Ana Torroja, integrante junto a los hermanos José María y Nacho Cano del popular grupo de música pop Mecano.

Y ahora, os propongo un recorrido a través de la obra que nuestro protagonista de la entrada de hoy llevó a cabo en la Ciudad Universitaria de Madrid.

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La Gran Vía y sus edificios. Tramo III.

En esta tercera y última parte de nuestro recorrido a lo largo de la Gran Vía, recorreremos el Tramo III o Avenida C desde su inicio en la plaza del Callao, hasta finalizar en la plaza de España.

Gran Vía - Tramo III (3)

La construcción del tercer y último tramo de la Gran Vía no se inició hasta 1925. En un principio estaba previsto que la anchura de esta avenida fuera de 25 metros al igual que el tramo I o Avenida B, pero finalmente se decidió ampliar su anchura hasta los 35 metros, igualándolo con el tramo II o Avenida A.

Gran Vía - Tramo III (2)

Los edificios de este tramo de la Gran Vía son menos monumentales y llamativos que sus predecesores, lo cual no quiere decir que tengan menos calidad. Aunque algunos de ellos fueron edificados en una época de escasez de materiales como fue la posguerra. Se abandona el barroco por estilos más racionalistas y funcionales, con un gran número de comercios, cines, salas de fiestas y bares. La muy discutida demolición del mercado de los Mostenses o de la Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja retrasó la construcción de parte de los edificios.

Guerra Civil 33 - La Gran Vía

Si los dos primeros tramos seguían el trazado de las calles San Miguel y Jacometrezzo, en esta tercera parte no había una calle preexistente sobre la que construir, por lo que se hizo enteramente nueva atravesando callejones y callejuelas. La avenida A se llamó desde 1921 avenida de Eduardo Dato. Durante la Guerra Civil fue la avenida de Méjico, aunque popularmente fue llamada avenida de los obuses o del 15, por el calibre de los proyectiles que las tropas franquistas lanzaban sobre la avenida. Del año 1939 hasta 1980 Avenida de José Antonio y desde 1980 Gran Vía.

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Desaparecieron para facilitar la construcción de este último tramo en este el mercado de los Mostenses y la Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, así como las calles de San Cipriano, Eguiluz, Santa Margarita, Travesía del Conservatorio, Rosal, Parada, Federico Balart, Travesía de Altamira, Peralta, el Callejón del Perro y la Travesía de la Moriana y fueron reformadas las calles de Ceres, Leganitos, San Bernardo, Reyes, Plaza de los Mostenses, Isabel la Católica, Flor Alta, Silva, Tudescos y las plazas de Leganitos y San Marcial.

Gran Vía - Tramo III (4)

Y ahora, pasemos a repasar los edificios más representativos de este último tramo de la Gran Vía madrileña. Sigue leyendo

La Gran Vía y sus edificios. Tramo II

En esta segunda parte de las tres que dedicaré a la Gran Vía, recorreremos el Tramo II o Avenida A desde su inicio en la Red de San Luis finalizando en la plaza del Callao.

Tramo II o Avenida A

Las obras del segundo tramo de la Gran Vía dieron comienzo en 1917. En principio estaba previsto que éste fuera un bulevar, pero en 1921 se abandonó esta idea, transformando el proyecto inicial en una vía totalmente llana y recta con una longitud de 409m y 35 metros de anchura, que uniría la Red de San Luis con la Plaza del Callao. En contraposición con el tramo, en el que predominaban los edificios de estilo neo barroco y regionalista con algunas aproximaciones al modernismo, en este nuevo tramo, junto a edificios más clásicos, similares a los del primer tramo destacan algunos edificios realmente excepcionales, como los proyectados por Antonio Palacios. En este tramo proliferaran las salas de cine y algún teatro, lo que convertirá a la Gran Vía en la zona de ocio y diversión de la capital.

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Denominado en principio Avenida de Pi i Margal, durante la Guerra Civil fue conocido entre los madrileños como avenida de los obuses o del quince y medio, ya que este era el calibre de los proyectiles que se lanzaban desde el frente contra el edificio de la Telefónica. En 1939, tras el final de la contienda, pasó a ser la  avenida de José Antonio y finalmente desde 1980 fue la Gran Vía, el nombre con el que siempre había sido popularmente conocida. Su trazado seguía el de la calle de Jacometrezo, que desapareció hasta la plaza de Callao, que sería ampliada aprovechando las obras de la nueva avenida. Pero esta calle no sería la única afectada por las obras, desapareciendo las calles de los Leones y del Jacinto y la travesía del desengaño, viéndose afectadas en su trazado las calles de Tres Cruces, Desengaño, Abada, Mesonero Romanos, Chinchilla, Salud, Horno de la Mata, Hita, Valverde, Carmen e Hilario Peñasco. Por otra parte las librerías de viejo que se encontraban en la zona afectada por las obras se trasladaron a la conocida Cuesta de Moyano, donde aún permanecen.

En 1918 se aumentó la altura máxima de los edificios hasta los 35 m, las obras de infraestructura, urbanización y pavimentación en septiembre de 1917 y finalizando en 1924. La recepción definitiva de las obras tuvo lugar el 20 de agosto de 1927. El 4 de agosto de 1922, la concesión de derechos sobre la Gran Vía pasó al empresario bilbaíno Horacio Echeverrieta Maruri, que adquirió todos los solares edificables, desde Callao hasta la Plaza de España, que contó con el asesoramiento del arquitecto Secundino Zuazo. Finalmente cabe mencionar que José López Sallaberry fallecería el 23 de junio de 1927, recibiendo un sentido homenaje del pueblo de Madrid, al recorrer su carroza fúnebre la Gran Vía.

José López Sallaberry - La Ilustración Financiera

Los edificios de este segundo tramo buscaban la internacionalización a la vez que la monumentalidad, con obras de magníficos arquitectos como Teodoro Anasagasti en los Grandes Almacenes Madrid-París (1920), Antonio Palacios en el Edificio Matesanz (1919) o Ignacio de Cárdenas que contó con la colaboración del americano Lewis S. Weeks para el proyecto del edificio de la Telefónica (1925), en el que queda patente la influencia de la Escuela de Chicago. Se trata de edificios mucho más avanzados y modernos, que reflejan a la perfección la evolución de la arquitectura española en el primer tercio del siglo XX.

Gran Vía - Tramo II (8)

Y ahora, tomando como punto de partida la Red de San Luis, os propongo un recorrido a lo largo y ancho del segundo tramo de la madrileña Gran Vía. Un agradable paseo que llegará hasta la Plaza del Callao, en el que nos detendremos en sus edificios más representativos. 

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Asuntos de palacio. Visitando Zurbano, Buenavista y Fernán Núñez

Palacio de Zurbano

Situado en el barrio de Chamberí, en la calle Zurbano esquina con la calle Fernando el Santo, 6, el palacio de Zurbano fue construido por el conde de Muguiro, diputado en Cortes y senador, casado con Ángeles de Beruete y Moret, hija del pintor Aureliano de Beruete, entre los años 1878 y 1881. La historia del solar donde se encuentra el palacio se remonta hasta el reinado de Felipe II , una época en la que los terrenos no eran más que huertas.

Plano Zonal de las calles Zurbano y Fernando el Santo

El proyecto original, de estilo ecléctico clasicista, era obra del arquitecto Severiano Sainz de la Lastra con planta casi cuadrada con una distribución simétrica de las distintas estancias y estructura de hierro. Estaba situado en una de las esquinas del solar, dejando el resto para el jardín donde estaban cuadras, cocheras, celaderas, guadarnés, gallinero y un invernadero o estufa de estilo victoriano construido en metal y cristal. La decoración del interior fue obra de Arturo Mélida y Alinarí. qué también diseño el jardín que a. El palacete  tenía una disposición clásica, con una gran escalera construida en la época del marqués de Casa Riera y un oratorio de estilo neogótico de la segunda planta actualmente convertido en despacho. De sus paredes colgaron telas realizadas por Goya (La lechera de Burdeos y el retrato de Juan Bautista Muguiro), y los retratos de Fermín Muguiro y su esposa Dª. Ángela Beruete, firmados por Federico de Madrazo y JoaquínSorolla.

Palacio de Zurbano 1Palacio de Zurbano 2

En 1919 los descendientes del conde de Muguiro vendieron la propiedad por 750.000 pesetas a Gonzalo Mora y Fernández, marqués de Casa Riera, quién encargo a Eladio Laredo una profunda remodelación del edificio original, duplicando la superficie construida tras eliminar las cocheras y parte del jardín, para añadir un salón de baile, biblioteca, comedor de gala, además de nuevos dormitorios.

Palacio de Zurbano - Jardín Palacio de Zurbano - Detalle de las pinturas Palacio de Zurbano - Salón de las Abejas

También la colección de obras de arte se incremento de forma notable con los retratos del matrimonio Goicoechea, de Goya, un retrato posiblemente de San Pablo, atribuido a Velázquez, y obras de Tiepolo, varios maestros flamencos, Raimundo de Madrazo, Vicente y Bernardo López….lo que convertía el palacio de Zurbano en un verdadero museo de arte.

Palacio Zurbano Palacio de Zurbano - Escalera principal

En este palacio nació Fabiola de Mora y Aragón en 1928, hija del marqués de Casa Riera, quien tras contraer matrimonio con el rey Balduino de Bélgica en 1960, se convertiría en reina de los Belgas. Finalmente, en 1986, la familia de Mora y Aragón vendió el palacete al Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, que llevaría a cabo una profunda remodelación y restauración del edificio y el jardín.  Tras ser utilizado durante un breve periodo de tiempo por el Consorcio de Madrid Capital Europea, pasó a ser la sede del Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo.

Palacio de Buenavista

Situado en la calle de Alcalá, frente al Banco de España, la construcción original, del Palacio de Buenavista, hoy desaparecida, se remonta al siglo XVI, cuando Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, se lo dona a Felipe II, con ocasión de la proclamación de Madrid como capital del reino. Propiedad desde entonces de las Casa Real, fue la residencia de Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V y madre de Carlos III, desde 1759 a 1766, tras trasladarse a Madrid desde el palacio de La Granja en Segovia.

Proyecto para el palacio de BuenavistaPalacio de Buenavista en 1780

En 1816, pasó a ser Museo Militar y Parque de Artillería y de Ingenieros, para desde 1847 ser Ministerio de la Guerra, del Ejército desde 1939 y de Defensa desde 1977. En la actualidad alberga el Cuartel General del Ejército de Tierra.

El palacio de Buenavista desde el mirador del palacio Cibeles

Fue adquirido por el XII duque de Alba en 1769, aunque el edificio actual, fue mandado edificar por la duquesa de Alba a finales del siglo XVIII para su uso como residencia privada y en 1805 fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid como regalo a Manuel Godoy, favorito  primer ministro de Carlos IV,en cuyas manos permaneció hasta la incautación de sus bienes en 1808. Durante la Guerra de la Independencia el mariscal Murat ocupó el Palacio de Buenavista y tras el final de la guerra se convirtió en sede del Museo Militar y entre sus paredes falleció el general Prim, que fue presidente del Gobierno de 1869 a 1870, tras sufrir un atentado cuatro días antes de la llegada de Amadeo I de Saboya.

Palacio de Buenavista - Entrada a los jardines

Monarcas y políticos de la historia de España han estado estrechamente relacionados con la historia del Palacio de Buenavista, y en él han residido, el general Espartero, el general Prim o Miguel Primo de Rivera y han tenido su lugar de trabajo Manuel Azaña o Francisco Largo Caballero durante la II República y ha sido escenario de importantes episodios de la historia reciente de España, como la Sanjurjada, de 1932, o la dirección de la defensa de Madrid durante la Guerra Civil.

Palacio de Buenavista - Escalera principal

Una de las estancias destacadas del palacio es el Salón de Embajadores, lugar en el que el mariscal Joffe, héroe de la batalla de Verdún, condecoró a Alfonso XIII en agradecimiento por neutralidad de España en la I Guerra Mundial y su colaboración con la Cruz Roja Internacional. Este edificio alberga también auténticas joyas del arte patrio, como un retrato de Fernando VII de Francisco de Goya, la mesa donde Alfonso XIII presidió su último consejo de ministros, un ascensor secreto, alfombras procedentes de la de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Entre sus piezas más importantes se encuentran un retrato de Fernando VII, obra de Francisco de Goya, la mesa donde el Rey Alfonso XIII presidió su último consejo de ministros, un ascensor secreto, e importantes frescos en sus techos y paredes.

Calle Alcalá (12)

 Palacio de Buenavista 1 1 Palacio de Buenavista 2

Dos estatuas dedicadas a Don Pelayo y a Hernán Cortés flanquean el Patio de Armas del palacio, y en sus jardines, añadidos en 1869 por el general Prim y cerrados por una verja realizada en forja de hierro, hay estatuas dedicadas al guerrero celtíbero, al valor,  los tercios de Flandes, el Cid, Agustina de Aragón, el Gran Capitán o las de Marte, el dios romano de la guerra y Minerva, la diosa romana  de la guerra, la sabiduría y la ciencia .

Palacio de Fernán Núñez

Está situado en la calle Santa Isabel nº 44, siendo una de las construcciones palaciegas mejor conservadas de Madrid. El Palacio presenta dos áreas claramente diferenciadas: la noble, la que se conserva en mejor estado tras las sucesivas restauraciones efectuadas, y la de servicio. La parte noble, donde podemos ver entre otras estancias, el Salón de Baile con sus numerosos espejos, el Salón Isabelino y el Comedor de Gala, está decorada con alfombras y tapices realizados en la Real Fábrica de Santa Bárbara, algunos de ellos diseño de Goya, lámparas de cristal de Murano y Baccarat, sedas y otros elementos de lujosa factura, mientras que la zona de servicio fue transformada  en oficinas a partir del año 1941. También merece la pena visitar el jardín, diseñado por arquitectos y paisajistas procedentes de París.

Palacio de Fernán Núñez -Salón Isabelino Palacio de Fernán Núñez - Salón de baile

Sus orígenes se remontan al siglo XVIII cuando Blas Jover, Secretario de Consejos de Fernando VI, construyó su residencia en los antiguos huertos del convento de Santa Isabel, lugar donde a su vez Antonio Pérez, el todopoderoso secretario de Felipe II había  construido su popular “casilla”. En 1769, tras varios traspasos de la propiedad, Miguel José María de la Cueva, XIII duque de Alburquerque y IV marqués de la Mina, adquiere y transforma la vivienda. En 1803 fallece y, debido a problemas sucesorios, el edificio se utiliza como cuartel, hospital y viviendas. En 1815, Felipe María Osorio de la Cueva, VII conde de Cervellón, hereda la mansión. Posteriormente contrae matrimonio con María Francisca de Asís, II duquesa de Fernán-Núñez, quienes entre 1847 y 1849 remodelarían el palacio según el estilo romántico imperante en la época.

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En 1905 el palacio fue nuevamente ampliado y remodelado por el arquitecto Valentín Roca Carbonell. El jardín fue asimismo rediseñado por la empresa parisina “Cabinet Ch. Revéron, L. Collin, Succr. Arquitecte-Paysagiste”, que añadió la terraza de mármol.

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Durante la Guerra Civil, la familia de Fernán Núñez y Cervellón traslada su residencia fuera de España, excepto el V Duque que participa en la contienda y fallece en la primera Batalla de Madrid. Durante este periodo, el Palacio es incautado y ocupado por la Juventudes Socialistas Unificadas y la Junta del Tesoro Artístico cataloga las obras de arte y traslada las más valiosas a la Basílica de San Francisco el Grande.

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Tras finalizar la contienda, Mercedes de Anchorena, duquesa viuda de Fernán Núñez vendió el palacio en 1941 a la Compañía Nacional de Ferrocarriles del Oeste de España que poco después se integraría en RENFE. En la planta baja estuvo situado el primer Museo Ferroviario de España que años mas tarde, en 1980, sería trasladado a la Estación de Delicias, donde aun permanece. En la actualidad el edificio es propiedad de ADIF y de RENFE, siendo la sede de la Fundación de Ferrocarriles Españoles desde 1985.

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En 2002 RENFE  llevó a cabo una profunda restauración del edificio, calificado como edificio monumental de alto valor histórico-artístico, que  incluyó cubiertas, patios, jardín, garaje y viviendas con el objetivo de recuperar el estilo de principios del siglo XIX. 

El edificio Carrión, un icono castizo de estilo Streamline.

La arquitectura Streamline o Art Moderne, llamada en los países no anglosajones Estilo Aerodinámico, es un estilo propio del diseño industrial norteamericano desarrollado entre 1935 y 1960, que tiene su origen en el movimiento Bauhaus nacido en Alemania. Las lineas paralelas empleadas como símbolo de dinamismo y velocidad y su estricta simetría, emparentan el Streamline con el Art Decó, basándose en una iconografía futurista y tecnológica, en un mas que evidente homenaje a las máquinas, que en la época de la que hablamos, representaban la modernidad y el progreso. Recurre para ello al dinamismo, la ligereza y la funcionalidad de la aerodinámica, con edificios, en los que, ventanas, balcones, miradores, torres y otros elementos, se curvan y fluyen por pura estética, dejando atrás la arquitectura anterior, inmovilista, estática y pesada. El estilo Streamline fue en su momento la máxima representación de la arquitectura moderna, fluida y a la vez enérgica, la arquitectura del movimiento, la que reflejaba el estilo de la agitada vida moderna. Junto a la fascinación de la época por el progreso y las máquinas, hubo otros factores que contribuyeron al nacimiento de la arquitectura aerodinámica, como fueron el Futurismo Italiano, con Fortunato Depero al frente, y el arquitecto alemán Erich Mendelsohn y su Mossehaus, construida en Berlín entre 1921 y 1923. Es el estilo emblemático de Miami, allí denominado Tropical Decó, impulsado por los arquitectos Henry Hohauser y Lawrence Murray Dixon. En España, y más concretamente en Madrid, destacan el desaparecido Teatro-cine Barceló (posteriormente la discoteca Pacha), obra de Luis Gutiérrez Soto, y el edificio Carrión, de Luis Feduchi y Vicente Eced. Y es de este último, del emblemático edificio de la Gran Vía Madrileña, con su inconfundible luminoso de Schweppes, de lo que trata la entrada de hoy.

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El edificio Carrión

Es sin duda el mas destacado representante del estilo Streamline o arquitectura aerodinámica en Madrid, con su inconfundible perfil de proa de barco recortándose en el arranque del tercer tramo de la Gran Vía Madrileña.

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El proyecto para la construcción del edificio Carrión, conocido popularmente como Capitol, por la sala de cine que el se encuentra, fue un encargo de Enrique Carrión y Vecín, marqués de Melín, realizado mediante concurso restringido en el que participaron los arquitectos Luis Gutiérrez Soto, Ignacio Cárdenas, Emilio Paramés y José M. Rodríguez Cano o Pedro Muguruza, a parte de los arquitectos que finalmente lo realizarían, tras la anulación por parte del promotor del concurso, encargándoselo directamente a los jóvenes arquitectos Luis Martínez-Feduchi y Vicente Eced, que se enfrentaron al reto de construir en un solar de formas irregulares situado en el chaflán que formaban la Gran Vía y la calle Jacometrezo. 

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La empresa adjudicataria de la obra fue Construcciones Macazaga, que contrató a Luis Moya como arquitecto de la empresa en la dirección de la obra y el coste, excluyendo el solar fue de aproximadamente 12.000.000 de pesetas de la época.

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Las obras para levantar este icono de la arquitectura madrileña se iniciaron el 11 de abril de 1931, tres días antes de la proclamación de la II República, finalizando el 15 de octubre de 1933. Un año después, el Carrión obtendría la segunda medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes, tras declararse desierto el primer premio.

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El edificio, con 54 metros de altura desde el nivel de la calle y 16 plantas, contando los sótanos, fue concebido como símbolo de la modernidad de una ciudad, que quería incorporarse de lleno a las corrientes artísticas mas vanguardistas del arte. En su interior podíamos encontrar un hotel, 64 apartamentos de alquiler amueblados, oficinas, restaurante, bar, cafetería, cine, sala de fiestas y, lo mas sorprendente, una fabrica de agua de Seltz.

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Sin escatimar en gastos, se utilizaron los mejores materiales para su construcción: granito de Segovia pulimentado para el chaflán de la esquina con la calle Jacometrezo, arenisca de Villamayor (Salamanca) en los laterales, caliza de Colmenar de Oreja para las molduras, pórfido en el basamento y mármoles travertinos en la entrada y los interiores, utilizando además, telas ignífugas, un sistema de refrigeración centralizado, el primero de Madrid, que ocupaba una planta entera del edificio o las vigas Vierendeel de hormigón armado, utilizadas para cubrir sin apoyos la sala de cine, con 31 metros de longitud y más de 3 de altura, que, durante algunos años ostentaron el récord mundial para este tipo de viga.

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Martínez – Feduchi y Eced se inspiraron para el proyecto del Carrión en la Mosse Haus de Berlín, obra de Erich Mendelsohn y Richard Neutra, mientras que para el interior de claro estilo Art Decó lo hicieron basándose en imágenes y objetos de la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925. Los arquitectos, se encargaron de diseñar hasta el último de los detalles, diseñando muebles, cortinas, alfombras e incluso la cubertería del hotel, que serían realizados por la firma Rolaco-Mac, recibiendo por su espléndido trabajo un premio del Ayuntamiento de Madrid en 1933. Como curiosidad, creo que merece la pena destacar, que el Carrión, fue utilizado como observatorio durante la Guerra Civil, al igual que la mayoría de los edificios altos de la zona.

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En cuanto al cine Capitol, con capacidad para 1.900 espectadores, fue en su momento la mayor sala de exhibición cinematográfica de la capital, con una pantalla de mas de 13 m. de anchura y unas muy estudiadas condiciones de visibilidad, acústica y ventilación, que incluía la ya mencionada instalación de refrigeración. La decoración era sencilla dentro del mas puro estilo racionalista, con paredes tapizadas en terciopelo y zócalos realizados en madera de ébano, combinando los colores beige, rojo y marfil, con aplicaciones de pan de oro en techo y molduras.

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De los numerosos anuncios luminosos que se podían ver, ocupando casi por completo la proa del Carrión, tan solo el luminoso de Scheweppes, considerado uno de los símbolos mas fotografiados de la Gran Vía, y otro de un operador de telefonía móvil pueden verse a día de hoy, tras la restauración integral del edificio llevada a cabo por el arquitecto Rafael de la Hoz .

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Actualmente, tres excelentes miradores situados en este emblemático edificio, en el Hotel Vincci Capitol, nos permiten disfrutar de unas espectaculares vistas. El primero situado a escasa altura, en el bar de la 1ª planta del hotel, pero que nos ofrece, mientras nos tomamos una madrileñísima Mahou, una panorámica insuperable del 2º tramo de la Gran Vía entre el edificio de Telefónica y la plaza del Callao.

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Los otros dos miradores se encuentran en las plantas 7ª y 9ª y nos permiten disfrutar de unas espectaculares vistas de la capital de España. ¡¡¡No dejéis de subir!!!

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Sin lugar a dudas el edificio Carrión, con sus mas de 80 años de vida, se ha convertido en uno de los edificios mas emblemáticos de la ciudad de Madrid, un auténtico icono y uno de los edificios mas fotografiados de la capital.

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Un edificio que en el momento de su construcción fue el símbolo de la modernidad de una ciudad tan tradicional y conservadora como lo era la capital de España y que a pesar de los años transcurridos, aun conserva ese halo de vanguardia e innovación. Un auténtico hito de la arquitectura madrileña.

El dia en que Madrid se lleno de “pedritos”

“Las calles se han llenado de “pedritos”; naturalmente, los periódicos se han llenado estos últimos días de artículos dedicados a los “pedritos”. Así como así, el escritor no puede desperdiciar un tema de actualidad, por insignificante que parezca.
 Sin embargo, los artículos sobre los «pedritos» han sido poco documentados y nada respetuosos. Los “pedritos” no han sido tomados en serio. Pasarán los años, y un día algún cronista oficial de Madrid tendrá que hacer la historia de los “pedritos”.
 Buscará sus datos en las viejas colecciones de los periódicos, y no podrá hallar otra cosa que las pequeñas bromas publicadas sobre los “pedritos”. No se ha conseguido aún que los “pedritos” sirvan como papeleras, en cambio sí está demostrado que pueden ser utilizados de diversos modos: los borrachos lo emplean como poste de amarre, con preferencia al farol, porque no hay necesidad de manchar el suelo; los banderilleros de la calle de Alcalá, como descanso para sus espaldas; Las mamas prematuras, para depositar a ese niño recién nacido que antes se dejaba en un solar o a la puerta de una iglesia; los chicos, para jugar al goá gigante; los terroristas, para dejar sus bombas. Con el tiempo, es posible que los “pedritos” sirvan para tirar papeles, que, inevitablemente, irán al suelo del mismo modo que las colillas arrojadas a la escupidera nunca caen dentro. El Ayuntamiento no pierde la esperanza”. (Crónica – Septiembre 1934)

Los “pedritos” se caracterizaban por su aspecto achatado y redondeado por la base, por lo que, debido a su gran parecido con la no precisamente esbelta figura del alcalde, fue motivo mas que suficiente para que los madrileños, siempre irónicos y aficionados a poner motes a todo y a todos, no tardaran en bautizar estas papeleras con tal apodo.

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Este tipo de papelera, de cuya existencia sólo quedan como testimonio algunas fotografías, se instaló por toda la ciudad en el año 1934, siendo Alcalde de Madrid D. Pedro Rico López, abogado de ideología republicana, que sería Regidor de la Villa durante dos periodos, el primero entre 1931 y 1934 y el segundo durante 1936, hasta que el gobierno de Largo Caballero decidió trasladarse a Valencia a comienzos de noviembre de ese mismo año.

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Pedro Rico se unió a la comitiva gubernamental, huyendo de la ciudad asediada por las tropas del general Franco durante la Batalla de Madrid, no sin antes delegar la alcaldía en el teniente de alcalde, Cayetano Redondo, que desempeñaría el cargo desde noviembre de 1936 hasta abril de 1937, si bien durante la mayor parte de dicho periodo la gestión del Ayuntamiento fue asumida por la Junta de Defensa de Madrid.

“Por tener que ausentarme de esta ciudad para desempeñar una misión que me ha sido confiada por el Frente Popular” 

Durante este traslado casi forzoso del gobierno, grupos de milicianos anarquistas de la Columna del Rosal controlaban Tarancón (Cuenca), lugar de paso obligado en la ruta a Valencia. Los primeros coches, donde iban Largo Caballero y los miembros del gobierno pasaron sin ningún problema, pero cuando los milicianos se percataron de que era todo el gobierno el que se dirigía a Valencia, ordenaron parar a los vehículos haciendo salir a todos sus ocupantes. Los ministros afiliados a la CNT Juan López y Juan Peiró, fueron obligados a volver a Madrid, al igual que el alcalde, que como tal, consideraron que debía permanecer con sus conciudadanos. Pedro Rico, no volvería a su anterior cargo de Alcalde de la Villa.

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Como curiosidad, merece la pena mencionar que durante la Guerra Civil, los republicanos también llamaron “pedrito” al avión de fabricación canadiense Grumman G-23 Delfín, debido a su característica panza. De este tipo de avión, las Fuerzas Aéreas de la República Española contaron con 28 ejemplares, que habían sido adquiridos por el gobierno de Turquía en 1937, aunque finalmente, cuando el buque que los transportaba hizo escala en Barcelona, los aviones fueron entregados al gobierno de la II República.

Hasta aquí esta breve historia de papeleras, aviones y políticos, que espero os haya parecido interesante.

Dos “chatas” muy madrileñas.

Isabel de Borbón y Borbón, la infanta que nunca quiso ser reina, mas conocida como “La Chata”, ha sido la más carismática y querida de las infantas de la historia de nuestro país, un gran pedazo del corazón de España y el corazón entero de Madrid.

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La primera de nuestras protagonistas de hoy, nació en Madrid el 20 de diciembre de 1851, siendo bautizada como María Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Dominga de Borbón y Borbón, siendo la hija primogénita de la reina Isabel II y D. Francisco de Asís de Borbón, aunque su verdadero padre bien pudo haber sido José Ruiz de Arana y Saavedra, duque de Baena, amante de la reina entre los años 1850 y 1856, lo que propició que a la infanta fuera conocida durante sus primeros años como “La Araneja”.

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Princesa de Asturias desde su nacimiento hasta que nació su hermano, el príncipe Alfonso el 28 de noviembre de 1857, dado que su madre aprobó un Real Decreto, por el que el sucesor a la corona de España recibiría este título, ya fuera hombre o mujer. Nieta, hija, hermana y tía de reyes, princesa de Asturias y heredera al trono, sin embargo, “la Chata” nunca ambicionó la corona para ella. Obligada por intereses de Estado, se casó en 1868 con su primo Cayetano de Borbón-Dos Sicilias, que ante la epilepsia que padecía, se suicidaría poco después, tan solo tres años después de la boda. Tras el derrocamiento de Isabel II en 1868, se instalo con su madre en el Palacio de Castilla, en París, dedicándose principalmente a viajar por Europa.

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En enero de 1875,  Alfonso XII entró en Madrid como nuevo rey de España. Tenía 17 años. Inmediatamente, la infanta Isabel regresó a Madrid, de nuevo como princesa de Asturias, ya que Alfonso XII aun no había tenido descendencia, siendo desde ese momento un gran apoyo para el joven monarca, al que acompañaba en multitud de actos oficiales. Dedicada a lo largo de su vida a numerosas actividades benéficas, la infanta fue la primera presidenta de la Junta de Señoras de beneficencia, fundada en 1875, una institución que debía coordinar todas las actividades de carácter benéfico del reino. Alfonso XII falleció en el Palacio del Pardo el 25 de noviembre de 1885, victima de la tuberculosis, cuando tenía tan solo 27 años. Su esposa, Dª Mª Cristina de Habsburgo-Lorena estaba embarazada por lo que no se proclamó a su hija mayor la infanta Mª de las Mercedes princesa de Asturias, a la espera de ver si nacía un hijo varón.

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Finalmente, el 17 de mayo de 1886 nació Alfonso XIII, que sería rey desde su nacimiento. “La Chata” a partir de este momento fue un gran apoyo moral para la Regencia de María Cristina, participando de forma muy activa en la educación de su sobrino el rey. Durante estos años “la Chata” siempre supo y quiso mantenerse en un discreto segundo plano, aunque siempre dispuesta ejercer sus obligaciones como infanta de España.

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Seguía practicando deportes, en especial la equitación, asistiendo a las corridas de toros, y mezclándose con el pueblo en las procesiones y las fiestas populares a las que era muy aficionada, lo que hizo de ella el personaje más popular de la familia real, aportando el punto perfecto de equilibrio, con su carácter cálido y cercano, frente a la imagen fría y distante de la Reina Regente, Dª María Cristina de Habsburgo-Lorena, a la que los madrileños apodaron “Doña Virtudes” debido a su gran dignidad, discreción y respeto escrupuloso por su papel constitucional.

“La Chata” pasó los últimos años de su vida dedicada en cuerpo y alma a servir a España y la Corona, viajando por España, Europa y América en representación de su sobrino, realizando en 1910 un viaje oficial a Argentina, con motivo del primer centenario de Guerra de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra España, un viaje que aun esta vivo en la memoria de ese país.

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Tras la mayoría de edad de Alfonso XIII, “La Chata” decidió que había llegado el momento de poner una distancia con la vida de Palacio, trasladándose a un edificio que había adquirido en 1900 en el cercano barrio de Argüelles, donde vivió hasta su salida de España camino del exilio en Paris, tras la renuncia al trono de Alfonso XIII y la proclamación de la II Republica el 14 de abril de 1931 tras las elecciones municipales que habían tenido lugar el 12 de abril. Una decisión que tomó, pese a que fue el único miembro de la familia Real al que la II República estaba dispuesta a permitir que permaneciera en España, sin duda debido tanto a su avanzada edad como a su delicado estado de salud.

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La infanta Dª María Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Dominga de Borbón y Borbón, mas conocida como “La Chata”, falleció en París a los 79 años, tan solo  cinco días después de abandonar su querido Madrid. Sus restos mortales no regresarían a España hasta 1991, cuando el 24 de mayo fueron depositados en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad del Palacio Real de La Granja junto a los de Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio. 

Coso de Vistalegre (1908)

Para conocer a nuestra segunda “Chata”, será necesario que nos desplacemos hasta el populoso barrio de Carabanchel Bajo, donde estuvo nuestra segunda protagonista de la entrada de hoy hasta 1975, año en el que cerro sus puertas durante mas de 14 años, para ser finalmente demolida en 1995. Os hablo, como sin duda ya habréis adivinado, de la Plaza de Toros de Vista Alegre.

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Carabanchel Bajo tuvo su primera plaza de toros, si es que se le podía llamar así, en la calle de la Magdalena, situada a las afueras del barrio. Una plaza que ya aparece citada en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, publicado por el político Pascual Madoz en 1846. También se hace alusión a ella en la zarzuela La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón y Ricardo de la Vega, estrenada en el Teatro de Apolo de Madrid el 17 de febrero de 1894.

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Este primer recinto se construyó a base de palos, talanqueras, maromas y clavazón, comenzando a utilizarse para celebrar festejos taurinos hacia 1890. Conocida como la plaza de palos de Carabanchel Bajo presentaba planta cuadrilonga, sin instalaciones de obra, contando únicamente con corrales y chiqueros. Los festejos, que tenían lugar todos los domingos, congregaban a cerca cuatro mil madrileños que, unos a pie y otros en tranvías tirados por mulas acudían atraídos por unos carteles de calidad, pese a la evidente modestia de las instalaciones. Desmontada en 1906, para ser sustituida en unos terrenos cercanos, a escasa distancia de la finca de recreo propiedad del marqués de Salamanca, conocida como de Vista Alegre, lo que daría el nombre a la nueva plaza de toros inaugurada en 1908. Su promotor y propietario sería D. Francisco Romero, que había sido presidente de la Diputación Provincial de Madrid.

 

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La construcción del nuevo coso comenzó el 6 de agosto de 1906, siendo inaugurada el 15 de julio de 1908, coincidiendo con los actos conmemorativos del centenario de la Guerra de la Independencia, con la actuación a beneficio de la Asociación de la Prensa de Madrid de los diestros Ricardo Torres Reina “Bombita Chico”, Rafael González “Machaquito” y el mexicano Rodolfo Gaona, que lidiaron toros de la ganadería del Marqués de los Castellones y uno de Olea. El aforo inicial fue de 8000 plazas que aumentaron a 9000 con las obras de ampliación realizadas en 1926.

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Durante la Guerra Civil, el coso de Vista Alegre resulto destruido casi por completo, permaneciendo así  hasta que, en 1944, la Dirección General de Regiones Devastadas la reconstruyó, una reconstrucción realizada a medias, ya que la nueva plaza perdió las torres y la grada cubierta, lo que le  valió el sobrenombre de la “Chata”. Inaugurada el 18 de julio de 1947, tan solo seis meses después pasó a ser propiedad del diestro Luis Miguel Dominguín.

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En la actualidad, sobre los terrenos que durante casi 30 años ocupo “La Chata” se encuentra el Palacio Vistalegre, un espacio multiusos, concebido inicialmente como plaza de toros.

Hasta aquí esta breve aproximación a las dos “chatas” mas famosas de Madrid, una infanta de España y una plaza de toros. Una  entrada que espero os haya permitido descubrir un poco más acerca de nuestra ciudad y sus protagonistas mas queridos.