Asuntos de palacio. El desaparecido Palacio de Oñate.

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El Palacio de Oñate era un austero edificio construido en el siglo XVII, compartiendo manzana con una de las mancebías más populares de Madrid, frente a la manzana donde se encontraba la casa del Licenciado Melchor de Molina, conocida como la torrecilla de la Puerta del Sol.

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Tenía su acceso principal por la calle Mayor, mientras que su fachada posterior daba a la calle del Arenal con otro de sus lados dando al callejón de la Duda, desaparecido durante la remodelación de la Puerta del Sol llevada a cabo entre los años 1857 y 1862.

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En el plano de Pedro de Teixeira realizado en 1656, podemos apreciar el lugar exacto donde se encontraba el palacio de los condes de Oñate y Villamediana que hoy nos ocupa.

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No se puede decir que fuera un edificio especialmente monumental pese a su gran superficie, ya que en él únicamente era de destacar la magnífica puerta barroca diseñada por el arquitecto Pedro de Ribera en el siglo XVIII durante unas obras de remodelación llevadas a cabo en el añejo caserón.

Realizada en piedra berroqueña, el dintel y las jambas presentaban los adornos y molduras característicos de la arquitectura de Ribera, que se prolongaban en torno a los balcones superpuestos, rematándose el conjunto con el escudo heráldico de los condes de Oñate.

Tras el derribo del palacio en 1913, la puerta fue salvada y ofrecida por el Ayuntamiento de Madrid, a diversas instituciones, mientras languidecía en los almacenes municipales. Finalmente, la oferta fue aceptada por la  Casa de Velázquez, una institución cultural francesa situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde fue instalada en 1935.

Durante la Guerra Civil la Casa de Velázquez resulto tan seriamente dañada, que la magnífica puerta no pudo ser salvada al efectuar la reconstrucción del edificio una vez finalizada la contienda.

Y la puerta del Palacio de Oñate se perdió para siempre.

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El Palacio de Oñate se hizo tristemente célebre por el asesinato en su puerta, el día 21 de agosto de 1622, de D. Juan de Tassis y Peralta, II conde de Villamediana e insigne poeta. Un trágico suceso que nunca se llegaría a aclarar, aunque todo parecía apuntar que fue consecuencia de los rumores acerca de sus ilícitos y adúlteros amoríos con Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. Por los mentideros de la Villa rápidamente corrió el rumor de que tan trágico desenlace tuvo su origen en los sonetos que Villamediana dedico a la Reina, unos sonetos que acabarían circulando por todo Madrid, lo que despertaría los celos y la inevitable desconfianza del monarca. 

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Para complicar aún más el ya de por si escabroso asunto,el 15 de mayo de 1622 se celebro en el palacio de Aranjuez una fiesta en la que se representó la obra titulada “La Gloria de Niquea” escrita por el mismo Villamediana, con prólogo de Luis de Góngora. Tras la mencionada obra se inicio la representación de “El Vellocino de Oro” de Lope de Vega. Durante el segundo acto se produjo un incendio que desató el pánico entre el público asistente e inmediatamente, Villamediana tomó en brazos a la Reina para ponerla a salvo y llevarla a palacio, aunque parece ser que se demoró bastante más de lo necesario, lo que provocó la ira del monarca.

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Y de este modo llegamos a la aciaga noche en la que, regresando a su domicilio en la calle Mayor desde el Real Alcázar de Madrid junto a D. Luis Méndez de Haro en su carruaje, el conde de Villamediana fue atacado por un hombre en el callejón de la Duda. El conde, mortalmente herido fue llevado a su casa, donde nada se pudo hacer por salvar su vida, falleciendo cuando apenas contaba 40 años. Capellán de Felipe III y amigo de Góngora y Lope de Vega, al Fénix de los Ingenios se atribuyen los siguientes versos que hacen referencia al asesinato del conde de Villamediana:

“Mentidero de Madrid, / decidnos: ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid. / Unos dicen que fue el Cid, / por ser el conde Lozano / ¡Disparate chabacano! / Pero lo cierto de ello ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulsor soberano”

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El Teatro de la Comedia, 13 años de larga espera.

Tras 13 años de espera, y una rehabilitación integral, el Teatro de la Comedia, uno de los teatros mas emblemáticos y representativos de la capital de España ha reabierto por fin sus puertas, para continuar siendo la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Con 140 años de historia, “La Comedia” esta lista para continuar ofreciendo a la ciudad de Madrid el mejor teatro clásico.

REHABILITACIÓN TEATRO DE LA COMEDIA

Un poco de historia

El Teatro de la Comedia, situado en el número 14 de la calle del Principe, en pleno barrio de las letras, es obra del arquitecto Agustín Ortiz de Villajos, es un claro ejemplo de la llamada “arquitectura del hierro madrileña”. Fue inaugurado por D. Alfonso XII y su hermana, la popular “Chata”, el 18 de septiembre de 1875, con la representación de la comedia “El espejo de cuerpo entero” por la compañía del actor Emilio Mario. El teatro contaba con tres pisos e incorporaba un telón metálico cortafuegos e iluminación de gas que en 1887 sería sustituida por la electricidad.

Palcos del Teatro de la Comedia

La decoración del interior era de estilo neoarabe con los antepechos de los palcos, separados por columnas de estilo nazarí, realizados en hierro colado. La balaustrada estaba decorada con motivos de la baraja española e instrumentos musicales y la entrada se encontraba flanqueada por dos esculturas realizadas en bronce, representando a un malabarista y a un encantador de serpientes. La fachada fue reformada por  el arquitecto Francisco Andrés Octavio en 1897.

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En la madrugada de del 7 de abril de 1915, el teatro se declaró un incendio que destruiría gran parte de las instalaciones que serían reconstruidas por los arquitectos Luis Bellido y José López Sallaberry, que utilizaron el hormigón como parte de la estructura. El teatro de la Comedia abrió sus puertas ese mismo año manteniendo se aspecto original sin apenas cambios.

Pero el Teatro de la Comedia no ha sido solo escenario de los estrenos de obras de Echegaray, Benavente, Perez Galdós, Moratín, Arniches, Muñoz Seca, Valle-inclán, Jardiel Poncela, Mihura, Gala o Marsillach entre otros, siendo en su momento testigo mudo en 1919 del segundo congreso de la CNT, así como de la fundación el 28 de octubre 1933 de la Falange Española por José Antonio Primo de Rivera. Sobre su escenario han actuado entre otros, Maria Guerrero, Rafael Rivelles, Alberto Closas, Adolfo Marsillach, Conchita Montes, Maria Asquerino, Concha Velasco, Manuel Dicenta, Jose Mª Rodero o José Sacristán por citar solo algunas de las grandes figuras de nuestro teatro.

Logo de la CNTC

La Compañía Nacional de Teatro Clásico

Desde 1899, año en el que Tirso Garcia-Escudero se convirtió en empresario del teatro, este perteneció a la familia hasta que, en 1988 el Estado lo adquirió para convertirlo en la sede permanente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, siendo uno de los cuatro teatros nacionales pertenecientes al instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La dama boba - Lope de Vega

El 30 de Marzo de 2002, tras un montaje de “La dama boba” de Lope de Vega el Teatro de la Comedia cerró sus puertas para someterse a una profunda rehabilitación llevada a cabo por los arquitectos Araujo y Nadal, en la que se ha consolidado la estructura, se han restaurado los elementos decorativos y se ha dotado al teatro de nuevo equipamiento que incluye, la elevación del escenario que permite la ampliación del peine (la parte más alta del teatro donde se cuelgan escenografías o luces) y el contrapeine, la ampliación del proscenio y un aljibe para el sistema de extinción de posibles incendios. En total, la reforma del Teatro de la Comedia ha conseguido una altura del contrafoso (que aun albergaba los restos del incendio de 1915) al peine de 30 metros y ganar 750 metros cuadrados de superficie. La nueva sala polivalente Tirso de Molina, ubicada en la 5ª planta, cuenta con 300 metros cuadrados y  100 localidades, que se suman a las 670 butacas de la platea de la sala principal. Una sala que será utilizada para la representación de montajes de pequeño formato, ensayos, encuentros con las compañías y diversas actividades pedagógicas.

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Y ahora, en 2015, el Teatro de la Comedia, con su fachada pintada de un blanco excesivo y deslumbrante, reabre por fin sus puertas tras una larga espera y una inversión de 20,3 millones de euros (6 millones menos de lo inicialmente presupuestado) con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que bajo la dirección de Helena Pimenta, subirá a este histórico escenario madrileño, obras como El Alcalde de Zalamea, Hamlet, Celestina, La Villana de Getafe, Lorenzaccio o Cervantina.

¡¡¡Larga vida al Teatro de la Comedia!!!

Tras las huellas de Miguel de Cervantes Saavedra, “Principe de los Ingenios”. 2ª parte: Madrid.

El Madrid de Cervantes

Ya estamos de regreso en Madrid, dispuestos a seguir buscando las huellas del “Príncipe de los Ingenios” en la Villa y Corte. ¿Me acompañáis?

“Este que veis aquí de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; este digo que es el autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo El Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y quizá sin el nombre de su dueño, llámase comúnmente Miguel de Mervantes Saavedra” (Miguel de Cervantes – Prólogo de las Novelas Ejemplares)

Estudio Público de Humanidades de la Villa de madrid

En 1566 Cervantes ya se había establecido en Madrid, matriculándose en el Estudio de la Villa, fundado por el rey Alfonso XI en 1346. Una prestigiosa institución, donde tuvo como maestro a su director, el catedrático de gramática y humanista Juan López de Hoyos, quien en 1569, incluiría tres poemas del joven Miguel de Cervantes en un libro sobre la enfermedad y muerte de la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II.  

En la actualidad y una vez más, no queda nada del otrora importante centro de estudios. Tan solo una placa conmemorativa, colocada en 1870 gracias a una iniciativa de Mesonero Romanos y sufragada por la propietaria del inmueble, la condesa de la Vega del Pozo, nos recuerda con el siguiente texto, que allí estudió Miguel de Cervantes:

“Aquí estuvo en el siglo XVI el Estudio Público de Humanidades de la Villa de Madrid, que regentaba el maestro Juan López de Hoyos y al que asistía como discípulo Miguel de Cervantes Saavedra”

La imprenta de Juan de la Cuesta

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Con la sola excepción de La Galatea, el resto de las obras escritas por Cervantes, incluidas las dos partes del Quijote fueron publicadas, en sus primeras ediciones, en Madrid. El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, se imprimió por primera vez en 1605, en la imprenta de Juan de la Cuesta, situada en el número 87 de la calle Atocha. Una impresión realizada con escasos medios para la que se utilizó un papel tosco y de escasa calidad, fabricado en la Cartuja de Santa María de El Paular.

El edificio original, que milagrosamente aun se conserva, fue construido entre 1592 y 1620 como un pequeño centro sanitario, conocido con el nombre del Hospitalillo de los Incurables del Carmen. En la actualidad y desde 2005, es la sede de la Sociedad Cervantina de Madrid, fundada en 1953. En lo que respecta a la segunda parte del Quijote, se publicó en 1615, también en la imprenta de Juan de la Cuesta, que por aquel entonces se había trasladado a la cercana calle de San Eugenio, esquina con la de Santa Isabel.

 

 Dos lápidas, realizadas ambas por el escultor Lorenzo Coullaut Valera, autor asimismo del grandioso monumento a Cervantes de la plaza de España, nos recuerdan ambos hechos. La primera de ellas es un relieve escultórico, donde se puede ver una escena del Quijote debajo del cual figura el siguiente texto:

“Aquí estuvo la imprenta donde se hizo en 1604 la edición príncipe de la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, compuesta por Miguel de Cervantes Saavedra y publicada en mayo de 1605. Conmemoración MDCCCCV” 

Y en la segunda, realizada en 1905 y mucho más sencilla:

“En el solar que ocupa esta casa, estuvo en el siglo XVII la imprenta de Juan de la Cuesta, donde se hizo en 1615 la edición príncipe de la segunda parte de El ingenioso caballero D. Quijote de La Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra. Conmemoración en 1905”

Los domicilios madrileños de Miguel de Cervantes

Esta sobradamente probado, que Cervantes tuvo más de un domicilio en Madrid, siempre en los alrededores de la calle Atocha, donde y vivía en 1608. En 1609 se mudó, a la calle de la Magdalena, y de ahí al Barrio de las Letras, donde residiría hasta su fallecimiento.

Cuatro fueron los domicilios conocidos del escritor en dicho vecindario. En un primer momento vivió en la Calle del León, poco después en el actual número 18 de la Calle de las Huertas, más tarde en la Plaza de Matute y, por último, de nuevo en Calle del León, en esta ocasión en la esquina con la calle de Francos, que con el tiempo pasaría a denominarse calle de Cervantes, el domicilio donde fallecería.

Esta última estaba situada en la manzana 228, siendo tristemente derribada en 1833, a pesar de la oposición y los denodados esfuerzos de D. Ramón de Mesonero Romanos, que sería quien diera la voz de alarma ante el derribo del inmueble a través de un artículo publicado La Revista Española, titulado La casa de Cervantes.

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Ni la intervención del mismísimo Fernando VII, quien dispuso que el Estado comprara el inmueble para conservarlo, ni las del Ministro de Fomento y el Alcalde de Madrid sirvieron de nada. Una vez más, el patrimonio histórico y cultural era víctima de la especulación y la avaricia de algunos desalmados. La triste e insuficiente solución a tal desaguisado, fue colocar en la fachada del nuevo bloque de viviendas una lápida conmemorativa, realizada por Esteban de Ágreda, Escultor de Cámara Honorario de Carlos IV. La lápida, realizada en mármol de Carrara, sería inaugurada el 13 de junio de 1834, y en ella, por fortuna aun puede leerse en letras de bronce:

“Aquí vivió y murió Miguel de Cervantes Saavedra, cuyo ingenio admira el mundo. Falleció en MDCXVI”

Monasterio de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso  

Este convento fue fundado en 1609 por Francisca Romero, hija de Julián Romero, general de los ejércitos de Felipe II. En 1673 se iniciaron las obras de ampliación del edificio, que se paralizarían en 1688 a causa del fallecimiento del arquitecto, Marcos López, terminando los trabajos en 1698, bajo la dirección de José del Arroyo.

El edificio es sobrio y austero con su iglesia de reducidas dimensiones con planta de cruz latina y una fachada sencilla, con frontispicio triangular en el remate y tres arcos de ingreso de medio punto en el centro, un bajorrelieve de considerables dimensiones y los escudos de armas de los marqueses de la Laguna. El edificio fue declarado monumento nacional en 1921 y ha sido restaurado en dos ocasiones, en 1869 y 1939.

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En 1868, coincidiendo con el triunfo de la llamada revolución “Gloriosa”, que supuso el destronamiento de Isabel II, el ayuntamiento de Madrid aprobó el derribo del convento de las Trinitarias descalzas de San Ildefonso. Las monjas defendieron como mejor supieron la que era su casa, perdiendo cuantas alegaciones presentaron. Una vez más parecía que los especuladores inmobiliarios iban a salirse con la suya.  Desesperadas ante lo que parecía  ya inevitable, solicitaron el amparo de la Real Academia Española quien encargó al académico marqués de Molíns que demostrara que Miguel de Cervantes estaba enterrado en el mencionado convento. El resultado fue publicado en 1870 bajo el título “La Sepultura de Cervantes” y en el se presentaban por primera vez pruebas irrefutables y se demostraba que los restos jamás salieron del convento, que de este modo se salvo de ser demolido.

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El príncipe de los ingenios falleció en su domicilio de la calle Francos esquina con la del León el 22 de abril de 1616, víctima al parecer de una  cirrosis hepática de origen diabético. Al día siguiente, 23 de abril de 1616, sus restos mortales, amortajados en humilde sayal de la orden Tercera de San Francisco, en la que había profesado poco antes. Dentro de un modesto ataúd, portado por frailes franciscanos, las manos sobre el pecho sosteniendo un crucifijo de madera y la cara descubierta, recibió cristiana sepultura en el Monasterio de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. La capilla donde fue enterrado desapareció en las obras de ampliación del edificio, trasladándose sus restos a la cripta, junto con los de su esposa Catalina de Salazar, quien cuando murió Cervantes, decidió profesar en la Venerable Orden Tercera de los Trinitarios, solicitando que una vez muerta, fuera enterrada en el mismo lugar que su marido.

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Finalmente Ayuntamiento y Arzobispado se han puesto de acuerdo y los restos de Cervantes han sido trasladados a la Iglesia de San Ildefonso, del convento de las Trinitarias, en pleno Barrio de las Letras, del convento de las Trinitarias, donde una lapida nos recuerda al llamado Principe de los ingenios. 

“Yace aquí Miguel de Cervantes Saavedra 1547-1616”

“El tiempo es breve / las ansias crecen / las esperanzas menguan / y, con todo esto / llevo la vida / sobre el deseo que tengo de vivir”

No debemos pasar por alto el error en el texto grabado, ya que donde podemos leer “Los trabajos de Persiles y Segismunda” debería decir “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”. Tan solo una simple letra, un pequeño error debido sin duda a las prisas por inaugurar el monumento A Cervantes antes de las elecciones locales de mayo de 2015. Lo triste es que 6 meses después, el error aun no se haya corregido.

En cuanto a la lápida situada en la fachada, con una altura de 3,5 metros y 2,5 de ancho es la mayor de cuantas podemos ver en Madrid. Fue realizada en mármol italiano por el escultor aragonés Ponciano Ponzano, autor asimismo de la decoración escultórica del frontón del Congreso de los Diputados, donde representó una personificación de España acompañada de la Justicia, las Ciencias, las Bellas Artes y la Fortaleza, y de los dos leones de bronce que flanquean la fachada del edificio. En la lápida dedicada a Cervantes podemos leer el siguiente texto:

“A Miguel de Cervantes Saavedra, que por su última voluntad yace en este convento de la Orden Trinitaria, a la cual debió principalmente su rescate la Academia Española. Cervantes nació en 1547 y falleció en 1616”

Estatuas y monumentos dedicados a Miguel de Cervantes

Este paseo por los lugares más directamente relacionados con la vida y obra de Miguel de Cervantes no estaría completo sin hacer referencia a aquellos monumentos y estatuas que le rinden homenaje, aunque algunos de ellos estén situados algo apartados de aquel Madrid de los siglos XVI y XVII que frecuento el escritor.

Plaza de España

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El más conocido es sin duda, el situado en la Plaza de España, erigido para conmemorar el tercer centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote en 1915 y el fallecimiento de Miguel de Cervantes en 1616.

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Para ello se convocó un concurso nacional, resultando ganador el proyecto presentado por los arquitectos Rafael Martínez Zapatero, Pedro Muguruza y por el escultor Lorenzo Coullaut-Valera, creándose en 1920 un comité de racaudacíón, cuya finalidad era la obtención de los fondos necesarios, aunque, fínalmente, las obras no se iniciarían hasta finales de los años 20.  

Tras la guerra Civil, la construcción del monumento, estuvo parada hasta bien entrada la década de los 50, cuando el hijo de Federico Coullaut-Valera añadió las figuras de Dulcinea del Toboso y Aldonza Lorenzo.

Ya en los 60, se instalaron los grupos escultóricos dedicados a la Gitanilla y a Rinconete y Cortadillo.

Plaza de las Cortes

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En la plaza de las Cortes, frente al Congreso de los Diputados, nos encontramos con el segundo de los monumentos levantados en Madrid en homenaje al Principe de los Ingenios. 

La estatua, realizada en una aleación de cobre, zinc, estaño y plomo, fue realizada en Roma por el escultor Antonio Solá e inaugurada en 1835.

El pedestal es obra del arquitecto Isidro González Velázquez, y en el podemos ver dos relieves de José Piquer alusivos al Quijote, así como dos placas, en una de las cuales se puede leer la siguiente inscripción:

“A Miguel de Cervantes Saavedra, príncipe de los ingenios españoles”

Biblioteca Nacional

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La tercera escultura se encuentra en la Biblioteca Nacional, en el Paseo de Recoletos. Es una obra del escultor catalán Juan Vancell y Puigcercós del año 1892 y flanquea la entrada principal de este edificio, junto a otros tres genios de las letras españolas: Lope de Vega, Antonio de Nebrija y Luis Vives.

Avenida de Arcentales (San Blas)

La última de las estatuas dedicadas a Miguel de Cervantes es obra de Luis Sanguino, autor asimismo de los grupos escultóricos de las puertas de la Catedral de la Almudena y se encuentra en la avenida de Arcentales del barrio de San Blas. Esta realizada en bronce, aunque da la sensación de que estuviera modelada en arcilla, un estilo característico del escultor. En la placa que se encuentra en su pedestal podemos leer el siguiente texto:

“Don Miguel de Cervantes, Príncipe de las letras, en homenaje a la Lengua Española, mayo 1999”

“A Miguel de Cervantes,
insigne y cristiano ingenio de nuestros tiempos,
a quien llevaron los terceros de San Francisco a enterrar
con la cara descubierta, como a tercero que era” (Francisco de Urbina)

 

El caimán de San Ginés

Hasta hace relativamente pocos años, los feligreses y los curiosos que entraban en la iglesia San Ginés, en la muy céntrica calle del Arenal, podían ver en la capilla de la Virgen de los Remedios, un caimán disecado a los pies de la imagen. Su asombro era comprensible y las preguntas que se hacían, inevitables: ¿Que diantres hacia un caimán en una de las iglesias mas antiguas de Madrid ? ¿Cual era su significado? ¿Como y desde donde había llegado hasta San Ginés?

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Según relatan las crónicas de la época, poco después del descubrimiento de América, concretamente en 1499, cuando Alonso de Montalbán, Aposentador comisionado de los Reyes Católicos regresaba a España, el grupo expedicionario que mandaba fue atacado por un grupo de animales nunca vistos hasta entonces. Atemorizados ante lo desconocido y tras lograr ponerse a salvo en la isla de Portobelo, se toparon con otro animal similar a los anteriores, pero de aun mayor tamaño, que parecía dispuesto a atacar a Montalban y los suyos en cualquier momento. Sin dudarlo ni un instante, el Aposentador Real se encomendó a la Virgen de los Remedios. Tras lograr escapar sanos y salvos del ataque, a su regreso a Madrid, Alonso de Montalbán decidió construir una capilla dedicada a la Virgen de los Remedios, su providencial salvadora, en la iglesia de San Ginés, colocando a sus pies el animal disecado a modo de exvoto, en recuerdo de aquel milagro que les había salvado la vida.

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Una capilla inaugurada el 30 de julio de 1522, que rápidamente los madrileños empezaron a llamar “la capilla del lagarto”. Estaba situada a mano derecha según se entraba por la calle de Bordadores, resultando destruida en el incendio ocurrido en 1824, tras el cual fue sustituida por la capilla y la imagen de Nuestra Señora del Castillo.

“En tiempos de los Reyes Católicos, doña Isabel y don Fernando, en uno de los viajes que hizo a Indias Alonso de Montalbán, su Aposentador, cuando volvía a España con otros caballeros, llegaron a Portobelo en busca de alimentos, y por tres veces les acometió un feroz caimán o lagarto marino. Perseguidos por él, saltaron a tierra para matarle, y fueron arrimándose a un árbol, junto al cual le alancearon, y alzando los ojos al cielo dicho Montalbán vieron sobre las ramas de dicho árbol a esta devotísima imagen de Nuestra Señora con gran resplandor y admiración suya, bajáronla de él y condujéronla al barco, experimentando su protección durante el viaje” (Archivo Histórico de San Ginés)

Pero ya se sabe, que este tipo de historias, pronto se ven deformadas al transmitirse de unos a otros generación tras generación, de modo que las versiones de los hechos relativos al caimán de San Ginés son varias: una segunda versión de los hechos nos habla de 1522 como fecha de los acontecimientos, asegurando que tras encomendarse a la Virgen, esta hizo caer una rama de un árbol sobre el feroz reptil causando su muerte, e incluso existe una tercera, que a todo lo anterior añade que, al partirse la rama, en su interior apareció una talla de la Virgen de los Remedios, que Alonso de Montalban se trajo consigo en su viaje de regreso a España. Como veis hay para todos los gustos, de modo que cada cual es libre de quedarse con la que mejor le parezca.

El caimán  estuvo a la vista de todos, desde 1522 hasta hace relativamente pocos años, cuando un día, misteriosamente, desapareció de su lugar habitual. Según parece, el párroco, cansado de las visitas a la “capilla del lagarto”, que muy poco o nada tenían que ver con la fe y que sólo iban en busca del animal, decidió retirarlo de las miradas  de los curiosos.

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¿Dónde se encuentra actualmente el famoso caimán de San Ginés?

Hay quien asegura que el caimán está bajo el altar, otros que esta en proceso de restauración, los hay que afirman, que está guardado para no distraer a los feligreses ante las continuas visitas de los curiosos  e incluso hay quien cuenta, que fue el mismo párroco, quien harto del animal, acabo por arrojarlo a la basura. Lo que si parece cierto es que el animal expuesto hasta su misteriosa desaparición, no era sino una copia de cartón realizada tras el ya mencionado incendio, que causo graves destrozos en San Ginés, en el cual se quemó junto con el caimán la talla milagrosa de la Virgen de los Remedios.

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En cualquier caso, lo único cierto es que el caimán de San Ginés esta en paradero desconocido, pero el templo sigue atrayendo día tras día a cientos de fieles y curiosos, que ya no acuden para ver al caimán, sino sus numerosas obras de arte sacro, entre las que se encuentra “La purificación del templo” de El Greco, o el lugar donde Quevedo contrajo matrimonio y fue bautizado Lope de Vega. 

El Teatro Español. Un digno heredero de los corrales de comedias de la Villa y Corte de Madrid

De todos los teatros existentes en Madrid, el Español, es el único cuya ubicación coincide con la que tuvo el corral de comedias del que surgió,ocupando el espacio dejado por el Corral del Príncipe, en la plaza de Santa Ana, que a su vez, había sustituido años atrás al Corral de la Pacheca. 

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 Una breve aproximación a los corrales de comedias

Con anterioridad al siglo XVI no existía en España el concepto de teatro como edificio destinado a la representación de comedias, dramas o tragedias, lo que no fue obstáculo para que, los corrales de comedias, se convirtieran rápidamente en los lugares de esparcimiento preferidos por los madrileños, que acudían cada vez en mayor número a ver las obras de Calderón de la Barca y Lope de Vega, entre otros insignes autores.

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En su origen, ocuparon los patios interiores de las casas de vecinos, en los que se había levantado un tablado que hacia las veces de escenario. El público asistente era de lo mas heterogéneo, incluyendo desde artesanos, comerciantes, truhanes, soldados de fortuna hasta miembros del clero, nobles e incluso los propios Reyes. Los aposentos de las casas que daban al patio, estaban destinados a las gentes principales, que desde los desvanes y los pisos mas altos, normalmente no mas de 3 ó 4 alturas, podían asistir a través de celosías a la representación, sin ser vistos por el publico general, que ocupaba el patio, desde donde, de pie o sentados en unas gradas asistían a la representación. En el nivel mas alto, denominado la “tertulia”, con no mas de 40 asientos por lo general, se solía acomodar el clero, allí se encontraba también el llamado “aposento de Madrid”, reservado a los Corregidores o Alcaldes, así como la “galería alta” reservada a los miembros del Consejo de Castilla.

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Respecto a la nobleza, y en ocasiones los propios Reyes, solían ocupar las rejas o celosías, unos compartimentos privados, especialmente adecuados para sus encuentros amorosos, en los que era muy poco probable que fuesen descubiertos, ya que no accedían a sus localidades por la puerta principal, sino a través del establo, donde dejaban sus carruajes o monturas. Como es fácil suponer, eran los asientos más caros y para su adjudicación se tenía en cuenta tanto el prestigio social, como los medios materiales del solicitante, que debía abonar el precio de forma anual. Las mujeres se sentaban en la “cazuela”, un palco situado frente al escenario, al que se accedía,a través de una puerta privada o a través de las casas que rodeaban el corral de comedias, para evitar encontrarse con los hombres, que asistían a la función de pie y  desde el patio. Merece la pena mencionar la figura del “apretador”, un trabajador del corral cuya misión consistía en “apretar” a las mujeres que ya ocupaban sus asientos en la cazuela para proporcionar sitio a las nuevas espectadoras, previo pago de la correspondiente propina. Los menestrales y artesanos se situaban alrededor del patio, en las gradas, si bien, los más acomodados ocupaban los bancos o lunetas de la zona delantera y los “mosqueteros”, un grupo formado por comerciantes y artesanos, principalmente, y liderado por el gremio de zapateros, se reunían en la zona posterior del patio. Su opinión era temida por autores y empresarios, que procuraban tenerlos contentos, ya que con sus abucheos, silbidos, aplausos y ruidos de espada, carracas, silbatos o cascabeles, eran capaces de hundir o salvar la obra.

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En cuanto al escenario, este solía presentar tres niveles: al fondo y en la zona mas alta del mismo, solía situarse una especie de balcon, donde aparecían asomados diversos personajes, como si se tratara de parte del público asistente. Justo debajo se encontraba el escenario o tablado, que era donde se desarrollaba la acción, y por último, escondido a la vista del público, se encontraba el foso, de donde, a través de trampillas salían o desaparecían los actores, cuando era necesario para el buen desarrollo de la trama. En el caso de que la obra representada fuera un auto sacramental el tablado representaba el nivel terrenal, el foso simbolizaba el infierno y el corredor alto el nivel divino, donde se encontraban Dios, los ángeles y los santos. Tras el escenario, ocultos mediante cortinajes, se hallaban los vestuarios, así como uno o dos corredores, destinados a facilitar elmovimiento de los actores sin ser vistos por los espectadores.

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“Obscurecese el tablado y, mientras se dicen los primeros versos, se descubre la perspectiva del mar con truenos y relámpagos” (Pedro Calderón de la Barca – La fiera, el rayo y la piedra)

Las funciones, que en un principio tenían lugar únicamente los domingos y festivos, dada la afición de los madrileños por el teatro, llegaron a tener lugar todos los días de la semana, y siempre de día, ya que los locales carecían de la iluminación necesaria para hacerlo de noche, utilizándose un toldo para protegerse del sol. Las representaciones, que solían tener una duración máxima de dos horas no tenían descanso y solían comenzar a las 2 de la tarde en los meses mas fríos, a las 3 durante la primavera, y a las 4 en verano.
Un lugar especialmente importante de los corrales de comedias era la alojería, donde se podía comprar comida y bebida para consumir durante la representación, en especial la aloja o hidromiel, de ahí el nombre, una bebida elaborada a base de agua, miel y hierbas aromáticas que, a veces se mezclaba con vino.

Los primeros corrales de comedias de Madrid

Ante el éxito de estos primeros espacios teatrales, pronto surgirán los primeros corrales de comedias con carácter permanente, respetándose la misma estructura, aunque ya no serán patios de vecinos, sino edificios construidos y pensados desde el inicio para ser teatros. El de la Cruz, construido en 1574 y el del Príncipe en 1582 serán los primeros y en ellos se representarán obras y parte de los beneficios que se obtengan serán destinados a obras de caridad, al mantenimientos de hospitales, por ejemplo.

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A finales del siglo XVI había seis corrales abiertos en Madrid, todos ellos dependientes de las cofradías de la Pasión y la de la Soledad, instituciones de la beneficencia pública, que obtenían sus fondos con una parte del precio, la llamada sisa, de las representaciones teatrales en los corrales de su propiedad. La cofradía de la Pasión era propietaria de tres de estos corrales, situados uno en la calle del Sol y dos en la del Príncipe, el corral de la Pacheca y el Corral de Burguillos, mientras que la cofradía de la Soledad tenia uno en la calle del Lobo, actualmente Echegaray, otro en el edificio propiedad de la viuda de Valdivieso, y un tercero en la calle la Cruz. 

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El último de los corrales de comedias de Madrid, sería el de los Caños del Peral, construido por Felipe V y reformado en 1708. Estuvo en funcionamiento hasta 1713, cuando a instancias del actor italiano Francesco Bartoli, fue derribado para dar paso, sobre el solar resultante a un nuevo teatro de escasas cualidades, arquitectónicamente hablando.

“Los Caños del Peral, llamados también las Fuentes del Arrabal, eran unos lavaderos públicos, propios de la villa y tenían contiguo un corral cercado, que en 1704 cayó en gracia a una compañía ambulante de comediantes y operistas italianos para dar sus representaciones al aire libre mediante algunos cuantos tablones que formaban el escenario y varios toldos que servían para defender del sol a los espectadores. Pocos años después, una compañía de “trufaldines”, bajo la dirección de Francisco Bartolí, construyó ya en este corral un mezquino teatro (que con decir que algún tiempo más adelante fue tasado en treinta mil reales para cargarse con él la villa, está expresado lo que debía ser) hasta que derribado en 1737 y construido de nueva planta otro edificio más decoroso, comprendiendo también en él el terreno donde estaban los caños y lavaderos, fue inaugurado este coliseo por una buena compañía italiana en 1738” (Ramón de Mesonero Romanos)

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Este primer edificio, fue demolido en 1737, construyéndose en su lugar un nuevo teatro, más grande y capaz, cuyo proyecto correría a cargo de los arquitectos Virgilio Rabaglio y Santiago Bonavia, que sería el primero de los teatros de estilo italiano construido en Madrid, sustituido a su vez  en 1737 por otro mayor que se mantuvo en pie hasta 1817, cuando sería demolido para construir el actual Teatro Real inaugurado en 1850 con la representación de “La Favorita”, del compositor italiano Gaetano Donizetti.

Los principales corrales de comedias de Madrid

Cuando en 1565, Felipe II y el Consejo de Castilla otorgaron permiso para la creación de la Cofradía de la Sagrada Pasión, se le concedió también el privilegio llevar a cabo representaciones teatrales, dedicando un porcentaje de la recaudación a sus fines caritativos, convirtiéndose la Iglesia en el principal y prácticamente único empresario teatral de la época desde 1567, año en que se fundó la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, que también disfrutaba de tan lucrativo privilegio.

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En 1574 la Cofradía de la Sagrada pasión arrendó los patios de tres casas de vecinos situadas una en calle del Sol y dos en la calle del Príncipe, pertenecientes estos últimos a Nicolás Burguillos y otro a Isabel Pacheco. Pero como tratando de dinero, parece ser que los problemas surgen rápidamente, ambas cofradías vivieron un periodo de gran rivalidad entre las compañías y entre sus respectivos públicos, con frecuentes disputas y peleas, formándose dos bandas denominadas “chorizos” y “polacos”, siendo el responsable de poner orden cuando esto sucedía, el alcalde de Casa y Corte, ayudado por sus alguaciles. Tras varios años de disputas, se logró llegar a un acuerdo sobre la explotación de los corrales, tras la adquisición de dos nuevos patios vecinales en las calles de la Cruz (la Soledad) y la del Príncipe (la Sagrada pasión), abandonándose el resto de los corrales. Esta situación de calma tensa, se mantendría hasta 1627, año en el que comenzaron a surgir dificultades con los pagos que debían hacer a las arcas municipales, lo que llevó al consistorio madrileño a hacerse cargo de la explotación de los dos corrales en 1638, pagando a partir de ese momento una cantidad fija a las Cofradías. 

El Corral de la Pacheca

Existe constancia de una representación que tuvo lugar el 5 de marzo de 1568, cuando la compañía de Alonso Velázquez representó por primera vez una comedia. En 1574 la compañía italiana de Alberto Ganassa puso un techo en el Corral de la Pacheca y un toldo para proteger del sol y para poder representar aquellas escenas que se desarrollaran de noche. Con el tiempo siguió sufriendo modificaciones hasta convertirse, primero en el Teatro del Príncipe y luego en el actual Español. 

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“El mismo año de 1574 había en Madrid una compañía de comediantes italianos, cuya cabeza y autor era Alberto Ganassa. Representaba comedias italianas, mímicas y bufonescas, de asuntos triviales y populares. Hacían también los volatines, los títeres, juegos de manos, y tal vez volteaban un mono” (Casiano Pellicer – Tratado histórico sobre el origen y progreso de la comedia y del histrionismo en España)

El Corral de la Cruz 

En 1579, las cofradías de la Pasión y de la Soledad, una vez superadas sus rivalidades,  adquirieron un corral con mayor aforo situado en la calle de la Cruz, junto a la plazuela del Ángel, que sería finalmente inaugurado el 16 de septiembre de 1584. Al igual que el resto de los corrales de comedias de la época, estuvo descubierto hasta el año 1743, fecha en que el arquitecto Sachetti construyó el primer edificio. 

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Posteriormente, Pedro de Ribera, ante el mal estado en que se encontraba reformó el edificio, transformándolo en un teatro a la italiana con capacidad para 1500 espectadores, que sería derribado en 1859.

En él se representaron las mas importantes obras de los dramaturgos del Siglo de Oro español, como Calderón de la Barca, Hurtado de Mendoza, Quevedo, Ruiz de Alarcón, Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, o Vélez de Guevara.

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“Ustedes creerán que el aspecto interior de los teatros de aquel tiempo se parece algo al de nuestros modernos coliseos. ¡Qué error tan grande! Mirando el teatro desde arriba parecía el más triste recinto que puede suponerse. Las macilentas luces de aceite que encendía un mozo saltando de banco en banco apenas le iluminaban a medias, y tan débilmente, que ni con anteojos se descubrían bien las descoloridas figuras del ahumado techo, donde hacía cabriolas un señor Apolo con lira y borceguíes encarnados”.

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“Los palcos o aposentos eran unos cuchitriles estrechos y oscuros donde se acomodaban como podían las personas de pro; y como era costumbre que las damas colgasen en los antepechos sus chales y abrigos, el conjunto de las galerías tenía un aspecto tal, que parecía decoración hecha ex profeso para representar las calles de Postas o de Mesón de Paños” (Benito Pérez Galdós – Episodios Nacionales, La Corte de Carlos IV)

El Corral del Príncipe

El Corral del Príncipe fue adquirido por la Cofradía de la Pasión, el 9 de febrero de 1582, según consta en el documento de compra correspondiente a dos casas con corral que se conserva en el Archivo de la Diputación de Madrid, siendo inaugurado el 21 de septiembre del año siguiente, poniendo en escena unos entremeses de Lope de Rueda, presentados por la compañía un tal Vázquez y el cómico Juan de Ávila.

 “En 21 de septiembre, día de San Mateo, año de 1583, representó Vázquez y Juan de Ávila en el teatro del Príncipe, que es el primer día que se representó en él, y hubo de tablados, con la representación, setenta reales, porque aún no están hechas las gradas, ni ventanas, ni corredor”

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 Hasta nuestros días han llegado pocos datos que nos permitan conocer cual era el aspecto de este corral, salvo el plano de la planta realizado por Pedro de Ribera en 1735, conservada en el Archivo de la Villa, y dos dibujos de la primera mitad del siglo XVIII que se conservan en la Biblioteca Nacional. 

“Sobre unos cimientos de piedra y cal se hicieron tablado o teatro para representar, vestuario, gradas para hombres, bancos portátiles, que llegaron a noventa y cinco; corredor para las mujeres, aposentos o ventanas con balcones de hierro, ventanas con rejas y celosías, canales maestras y tejados. Más adelante, Cirujela empedró el patio sobre el cual se tendía una vela o toldo que defendía del sol, pero no de las aguas”

Si se sabe que, el año 1600, se añadió un piso más al corral, destinado a los funcionarios reales y que entre 1627 y 1636 se construyeron otros dos pisos más de aposentos laterales. En 1735 se decidió derribar el Corral del Príncipe, para construir un teatro a la italiana. Se acordó adquirir una casa que daba a la calle del Lobo y usar el sitio hasta entonces ocupado por la alojería de la calle del Príncipe que ya pertenecía al municipio de la Villa y Corte de Madrid.

Tanto el corral de la Cruz como el del Príncipe disponían de pasadizos que comunicaban las casas contiguas con dependencias privadas desde donde se podía disfrutar de la representación, a través de ventanas o balcones abiertos ex profeso, conocidas como rexas, debido a que estaban cerradas con celosías, para impedir que el público tuviese acceso a ellas. Solían ser alquilados por nobles o pequeñas sociedades durante toda la temporada, y entre los asistentes habituales, es preciso mencionar a Felipe IV y su primera esposa, Isabel de Borbón, que acudían con frecuencia a los corrales del Principe y de la Cruz. 

“Celosías recoletas/fueron campaña y vergel/de la más cuerda matrona/y el más rígido juez” (Antonio Hurtado de Mendoza)

Otros corrales madrileños, algunos de ellos de muy corta vida, fueron los corrales del Sol, que ya funcionaba en 1568; el de Burguillos, inaugurado en 1574; el de la viuda de Valdivieso, cuya ubicación exacta es desconocida a día de hoy, y el del Lobo o de Puente , que ofreció representaciones entre 1560 y 1579.

Origenes, historia y anécdotas del Teatro Español

      En 1744 se derribó el Corral del Príncipe, decidiéndose levantar el nuevo teatro en los terrenos liberados. Un teatro que sería construido como teatro a la italiana, según el proyecto realizado por Juan Bautista Sachetti, arquitecto mayor de Madrid, y por Ventura Rodriguez, siendo inaugurado en junio de 1745 como Coliseo del Príncipe, con el estreno la zarzuela “El rapto de Ganímedes” con libreto de José de Cañizares y música de José de Nebreda.  

 Tras el incendio ocurrido el 11 de julio de 1802, únicamente quedo en pie la estructura exterior del teatro, por lo que, el marqués de Hermosilla dirigió al Ayuntamiento una solicitud haciendo ver la necesidad de reparar o construir un nuevo teatro, de cuya construcción se encargaría Juan de Villanueva, aprovechando los antiguos muros del teatro construido por Sachetti por razones de economía y tiempo.

“Se ha de fabricar sobre la forma y disposición que antes tenía con aprovecho de todo lo que de ella cuente, que será lo más pronto y menos costoso” (Archivo de la Villa)

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Villanueva, no obstante propone la compra de la casa contigua y otra en la calle del Lobo (actual Echegaray), esta última para dar al escenario la mayor amplitud posible, que seria aprobada por el Consejo Municipal en junio de 1805. Las obras del nuevo coliseo finalizaron en agosto de 1807, presentándose a los madrileños con su sobria fachada neoclásica, con balcones y un frontón triangular, típico de este estilo arquitectónico.

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Respecto a los medallones, que a día de hoy, adornan la fachada principal del teatro con las efigies de Lope de Rueda, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Lope de Vega y Ruiz de Alarcón, fueron realizados por José Esteban Lozano, profesor de grabado de la Escuela de bellas Artes de San Fernando y colocados en 1869. Poco tiempo después, la Villa de Madrid compró a doña María Reclusa la superficie de terreno para la escalera de acceso al palco real y la servidumbre de entrada y paso a dicha escalera por la calle del Prado. 

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En 1849 el Coliseo del Príncipe se convertiría, tras  las oportunas reformas de los reglamentos, en teatro de carácter nacional, pasando a llamarse a partir de ese momento y hasta nuestros días, Teatro Español. Se inauguró con la obra “Casa con dos puertas mala es de guardar” de Calderón de la Barca, y el sainete “La casa de tócame Roque” escrito por Ramón de la Cruz.

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“El acontecimiento de la semana ha sido la inauguración del Teatro Español. Ocho días antes de abrirse el coliseo de la calle del Príncipe estaban pedidos todos los billetes; habíanse formado largas listas de suplentes en la contaduría, y se reclamaban ciertas formalidades para la entrega de los codiciados cartones. Los pocos que llegaron a manos de los revendedores se cotizaban a precios fabulosos: una luneta valía doscientos reales; una galería sesenta; y alguna persona muy conocida en los altos círculos, llevó su amor… al arte, hasta el extremo de pagar sesenta duros por un palco bajo. Es imposible figurarse algo más lindo, más rico, más alegre que el adorno de la nueva sala: el terciopelo, el oro y el gas, he aquí el triple elemento que constituye su belleza” (Ramón Navarrete – La Ilustración del 14de abril de 1849).

 

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En el Archivo de la Villa son muy numerosos los expedientes relacionados con el Coliseo del Príncipe. Así, de 1882 tenemos los que mencionan la solicitud al Canal de Lozoya pidiendo permiso para dotar de agua al teatro, la instalación del alumbrado de gas, con un presupuesto de 22.212 pesetas o adquisición de un telón metálico contra incendios de 12 metros de ancho por 10 metros de alto con movimiento hidráulico por 14.490 pesetas.

En el año 1894, salió a concurso el Teatro Español, debido a su estado ruinoso, siendo D. Ramón Guerrero, padre de la actriz María Guerrero, el beneficiario quien consiguió la concesión con la condición de hacerse cargo de las obras necesarias, inaugurándose el 12 de enero de 1895 con “El desdén con el desdén”, de Agustín Moreto y “El retablo de las maravillas”, de Miguel de Cervantes Saavedra.  

 

“Verá el público un teatro enteramente nuevo: del vetusto y polvoriento local solo quedaron las paredes maestras, la fachada, en parte modernizada con puertas nuevas, y el techo; la piqueta demoledora ha hecho polvo y escombro los viejos tabiques, sobre los que se podía ver una superfetación de recuerdos a modo de concreción de tiempos gloriosos unos y malaventurados otros. El Teatro Español ha muerto… ¡Viva el Teatro Español” (El Imparcial del 7 de enero de 1895)

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Tras numerosas reformas, que afectaron a fachada, sala, vestíbulos y escenario, e incluyeron la instalación de muros cortafuegos, la sustitución de las viejas estructuras de madera que soportaban los suelos por otras de hierro, la construcción de una nueva embocadura y proscenios de hormigón armado, la construcción de nuevas escaleras de hierro y mármol y la instalación de electricidad, y tras instalar en los palcos sillas de estilo Luis XVI tapizadas en terciopelo rojo igual que el de las butacas, a las 17:40 del 19 de octubre de 1975, mientras se ensayaba la obra de Jesús Campos, “Siete mil gallinas y un camello”, se declaro un incendio, que de no ser por el telón cortafuegos metálico y la rápida intervención de los bomberos, habría calcinado hasta los cimientos el Teatro Español.

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 Tras este nuevo incendio, se llevaría a cabo una reforma, en la que se aprovechó, además de para colocar un sexto medallón en la fachada, en esta ocasión con la efigie de Jacinto Benavente, para instalar un nuevo sistema de climatización con aire acondicionado, megafonía y nuevos proyectores, adaptándose el teatro Español a los nuevos tiempos.

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 El Español abriría de nuevo sus puertas en abril de 1980 con el estreno de “La dama de Alejandría” a cargo de la compañía de Aurora Bautista y con el inolvidable José Luis Alonso como director del teatro.

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 Como curiosidad, creo que merece la pena mencionar que, la araña de cristal de la sala tiene 2.70 metros x 2.00 metros, cuenta con 50 luces, está compuesta por 8 aros metálicos concéntricos y a distintas alturas de los que cuelgan  cristales en forma de lancetas. Una réplica exacta de la anterior de cristal de Bohemia, que quedó irrecuperable, tras desplomarse sobre el patio de butacas en el incendio de 1975.

 En 1994, el Ayuntamiento de Madrid, que poco antes había adquirido un solar de 530 metros cuadrados situado en la calle Príncipe, esquina con Manuel Fernández y González, decidió llevar a cabo una ampliación del Español utilizando este solar, aprovechando para llevar a cabo una nueva reforma. Los arquitectos Andrés Oñoro Díaz y Enrique Ortega Reguera construyeron un edificio anexo de seis plantas con 2850 metros cuadrados donde tendrían cabida: Dos sótanos con sala de ensayos, vestuarios, almacén y aseos, una entreplanta con acceso al edificio principal, donde se instalo la cafetería, que se llamó Café del Príncipe, y tres plantas superiores con sala de conferencias, almacén de libros, biblioteca, oficinas, archivo y talleres manuales, una sala de exposiciones que recibe el nombre de Salón de los Balcones, añadiendo en la fachada principal, cinco nuevos medallones dedicados a Benavente, Zorrilla, Arniches, Valle-Inclán y García Lorca y tres más en la fachada lateral que da a la calle Manuel Fernández y González, dedicados a Mihura, Jardiel-Poncela y Muñoz-Seca. Sería la reforma numero 14 efectuada en el edificio del Teatro español.

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 La sala pequeña sería inaugurada en 2006, siendo director del español Mario Gas, con la obra “Siglo XX que estás en los cielos” de David Desola, dirigida por Blanca Portillo e interpretada por Silvia Abascal y Roberto Enríquez. 

Y para finalizar esta entrada, no podemos olvidarnos de un espacio teatral, que, si bien no se encuentra en la misma capital, si lo esta en la Comunidad de Madrid, en la muy cercana ciudad de Alcalá de Henares: El Corral de Comedias de Alcalá

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  Conocido también como Corral de los Zapateros, el Corral de Comedias de Alcalá es uno de los teatros más antiguos que se conservan en Europa y el mas antiguo de España. En 1601, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares encargó al carpintero Francisco Sánchez la construcción de un corral de comedias que estaría situado en la plaza del Mercado, actualmente la plaza de Cervantes. El corral, inaugurado en 1602 respondía a lo que era habitual en la época, por lo que carecía de techo al igual que ocurría con los corrales que ya existían en la cercana capital del reino. A esta primera etapa como corral de comedias, correspondían igualmente el patio empedrado, las gradas, los aposentos, y la cazuela destinada a acomodar a las mujeres que asistían a las representaciones. 

 En el siglo XVIII, la estructura del corral de comedias sufrió profundos cambios al transformarse en coliseo neoclásico, cubriendo el patio mediante una cúpula, sostenida por un entramado de vigas de madera, que a su vez, sostenía un tejado a cuatro aguas, lo que mejoró de manera notable la acústica, permitiendo su utilización como pequeña sala de conciertos de música de cámara. Ya en el siglo XIX, en lo que se puede llamar su etapa romántica, la antigua techumbre fue recubierta con un falso techo de yeso decorado con pinturas y se construyeron las dos plantas de palcos alrededor del antiguo patio empedrado, que de este modo se convirtió en platea, pasando a convertirse en uno de los primeros teatros románticos, a la italiana, conservados en nuestro país, que cuenta, además, con la peculiaridad de tener una planta elíptica. 

 A finales del siglo XX, estuvo a punto de ser derribado, hasta que finalmente, gracias a la investigación realizada por Miguel Ángel Coso Marín, Mercedes Higuera Sánchez Pardo y Juan Sanz Ballesteros se logró que el este edificio fuera recuperado tras una restauración que duro mas de 20 años. En la actualidad, es posible hacer alguna de las visitas guiadas, en la que nos mostrarán todos los entresijos del teatro, el suelo original de piedra, así como distintas máquinas para crear efectos de sonido.

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El Corral de Comedias de Alcalá de Henares es una joya de la arquitectura del siglo XVII, un testimonio vivo de cómo eran los teatros en los que se estrenaron las obras de Lope de vega, Calderón de la Barca o Cervantes, que ningún buen aficionado al teatro y su historia, debería perderse.